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Un carné para certificar la conciencia

De una sentencia judicial no sólo se espera que sea conforme a la Ley también, y sobre todo, que esté fundada en hechos demostrados e interpretaciones razonables. La primera sentencia del caso Volkswagen da la razón al fabricante y lo hace con argumentos un tanto peregrinos. Al parecer, aunque el juez reconoce que el fabricante no cumple con lo prometido, el demandante no puede acreditar y cuantificar el daño sufrido.

El denunciante, un vecino de Torrelavega (Cantabria), pedía la anulación de la compra de su vehículo por no coincidir las emisiones de gases anunciadas por el fabricante con las que el coche emite en realidad. El juez ha desestimado su petición y deberá pagar las costas del juicio por considerar que puede ser reparado “en condiciones razonables” y que el demandante no acredita una conciencia ecológica.

Los dos argumentos utilizados para sobreseer el caso, que le evitan a Volkswagen un peligroso precedente, son poco razonables. La reparación que Volkswagen ofrece no es una reparación. Se limita a eliminar el truco de software mediante el cuál, en condiciones de test, se reduce la potencia del motor para emitir menos óxido de nitrógeno y falsear así las mediciones. En el uso normal del vehículo la potencia del motor es la especificada por el fabricante, pero no así las emisiones.

La supuesta reparación es, por tanto, algo que el usuario nunca notará, salvo que se dedique en su tiempo libre a montar instalaciones de testeo de emisiones. Es el equivalente a vender un ordenador con 4GB de RAM, trucado para que muestre que dispone de 8GB y considerar “una reparación razonable” el eliminar el parche de software que engaña al usuario. Pero claro, difícil reparación tiene el adaptar un vehículo a unas especificaciones para las que no está diseñado. Con o sin el conocimiento del fabricante, no cabe esperar una reparación demasiado razonable de la trampa.

El otro argumento es, si cabe, aún más absurdo. Al parecer, el juez opina que para defender el derecho como consumidor de recibir exactamente aquello por lo que has pagado, tienes que demostrar que tienes algún tipo de conciencia especial. Un carnet de Greenpeace, al día de pago, hubiese servidor al demandante para acreditar una conciencia ecológica digna de un juzgado.

Con esta novedosa interpretación de cuándo y cómo tenemos derecho a lo que tenemos derecho, habrá que acreditar también afiliación a un sindicato para denunciar un despido injusto. Ante una negligencia médica, habrá que acreditar que el órgano o miembro afectado era de vital importancia para su usuario. Y se nos ocurren casos aún más escabrosos para ilustrar lo sorprendente que es que para reclamar un derecho que tiene todo ciudadano haya que demostrar alguna conciencia especial.

No se juzgan los hechos demandados, sino la conciencia del demandante. Habrá que irse sacando carnets de clubes deportivos, asociaciones de vecinos, de consumidores y usuarios y de todo lo imaginable para poder ir a un juzgado en condiciones de certificar que tenemos la conciencia en orden y somos dignos de exigir que no nos engañen.

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