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Computación cuántica: el armamento de las próximas décadas

La Comisión Europea se propone invertir 1.000 millones de euros en desarrollar la computación cuántica en los próximos años. De conseguir que esa inversión dé frutos, podría situar a Europa como una potencia tecnológica de referencia en las próximas décadas.

Hasta la fecha, los avances en computación cuántica son pequeños, pero eso no ha impedido que una compañía canadiense llamada D-Wave sea capaz de producir las primeras de estas computadoras desde 2007. En la actualidad, compañías como Google y Lockheed Martin poseen algunas de las pocas máquinas que D-Wave ha producido y que tienen una utilidad muy específica. Resuelve un tipo de problema analítico conocido por sus iniciales, QUBO (Quadratic Unconstrained Binary Optimization.

QUBO es una de los principales problemas abordados por los sistemas de aprendizaje automático (machine learning) y la computación cuántica permite resolverlos de manera más sencilla que la computación tradicional. De modo que los grandes armarios fabricados por D-Wave, con una capacidad muy limitada y precios millonarios son los equivalentes a las primeras computadoras de tarjetas perforadas en nuestros días.

Las posibilidades que abre este tipo de computación están todavía por ver. Sin duda ayudarán a las empresas a ser más eficientes y, en primer lugar, a las empresas capaces de adquirir estas máquinas y usarlas en su beneficio analizando las tendencias del mercado, los precios de las materias primas o el devenir de los movimientos sociales. También tiene grandes aplicaciones en todo tipo de investigación, en medicina, física, biología o lo que se tercie.

Sin embargo, la computación cuántica en su estado actual o dentro de 1.000 millones de euros de inversión es, ante todo, un arma. Un arma que será capaz de prever un ataque terrorista, tanto si es convencional como si se trata de un acto de ciberguerra. También ofrecerá una capacidad de descifrar sistemas de cifrado actualmente seguros y de cifrar información con nuevos métodos fuera del alcance de la computación actual.

En definitiva, la ventaja que se persigue con esta inversión no es industrial o científica, sino militar. Del mismo modo que el desarrollo de la energía atómica comenzó con la investigación militar de alemanes y norteamericanos para producir armas de destrucción masiva o que Internet se desarrolló a  partir de un proyecto militar, otra tecnología que cambiará el mundo se utilizará, en primer lugar, como un arma.

Por eso no es casualidad que la Comisión Europea, organismo que trabaja al margen del parlamento y que no es elegido por los ciudadanos, haya decidido que debe invertir en este nuevo arma. Las guerras venideras, y algunas de las que ya han tenido y tienen lugar en el siglo XXI, se caracterizarán por el acceso a la información y la capacidad de analizar esta.

Una magnífica serie, Person Of Interest, aborda el tema desde una perspectiva muy parecida: un superordenador es capaz de identificar actos violentos antes de que estos se cometan. Recuerda a otra ficción tan conocida como Minority Report, basada en un relato de Philip K.Dick pero, mientras que en la película protagonizada por Tom Cruise la presciencia la aportan personas con capacidades extraordinarias, en este caso hay ciencia detrás. Todavía no estamos en el punto en que analizar la información aparentemente más inocente que vamos dejando registrada permita conocer las intenciones de los individuos, pero llegaremos a ello. Y esa tecnología no se utilizará sólo para prevenir crímenes y proteger a los ciudadanos. Servirá también como medida de control y vigilancia y nuestras autoridades ya han demostrado que, en este caso, están dispuestos a pagar para obtener ese poder.

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