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FBI contra Apple: ¿Quién teme al lobo feroz?

A estas alturas no debe haber mucha gente que no se haya enterado de la disputa entre el FBI y Apple por la encriptación del iPhone de uno de los asesinos de San Bernardino. E igualmente, después de todo lo dicho y leído tendrá su opinión ya forjada sobre el tema. Básicamente el FBI quiere que Apple le facilite el acceso a los datos personales de uno de los autores. ¿Qué clase de desalmado no querría colaborar con la justicia para aclarar una masacre terrorista que se saldó la muerte de 14 personas? Pues ese “desalmado” es Apple, que no sólo se ha negado a desarrollar un sistema que rompa su propio sistema de encriptación, sino que está liderando un frente apoyado por casi todos los grandes de la tecnología, menos por Bill Gates, que se acaba de desmarcar en sentido contrario, y ha pedido a Apple que colabore con el FBI.

La crispación crece. Hablamos de terrorismo, de vidas humanas… y Apple se niega a colaborar. Es la seguridad de todos lo que está en juego y Apple no quiere que le toquen… el software. Fuera cinismos el tema es serio. Ciertamente la mera mención del terrorismo pone las orejas de punta a medio mundo. Es un enemigo muy cercano, cada vez más, que convive con nosotros y que en cualquier momento puede quitarse la máscara al lado de casa. Es normal y deseable que las fuerzas de seguridad quieran hacer lo posible y lo imposible para luchar contra ese terrible enemigo. Pero no es la única guerra que se está librando en este momento.

Existe un conflicto menos visible, pero igualmente peligroso. Vamos encaminados hacia un mundo cada vez más conectado. La red de redes ha salido del ordenador y se ha metido dentro de las cosas. Vehículos, casas, electrodomésticos, juguetes, administraciones, bancos, comercios, fábricas, empresas, asistentes robóticos… todo estará conectado a Internet, pero a la vez podrán conectarse entre sí, hablarse, comunicar datos, realizar pedidos, gestionar finanzas, controlar la educación de los niños, compartir información médica para mejorar la prevención de enfermedades… Imagina todos los beneficios del IoT, pero imagina también todos los riesgos.

Antes de que IoT sea una realidad instalada plenamente en nuestras vidas, las empresas vinculadas a la tecnología están tratando por todos los medios crear sistemas cada vez más seguros que impidan el hackeo de los dispositivos. Con todos los vehículos de una ciudad conectados al sistema de tráfico y entre sí, un ataque informático puede generar una catástrofe sin precedentes. ¿Y si acceden a los sistemas que gestionarán las incubadoras de un hospital?, ¿o al control de la red eléctrica?… Puestos a hacer daño las posibilidades serán mucho mayores… de no ser por esas medidas de seguridad y privacidad que las empresas están desarrollando para atajar los ataques malintencionados.

Las tendencias apuntan a que casi todas las posibilidades del IoT se podrán controlar desde nuestros móviles. ¿Qué pasaría si no fuesen lo suficientemente seguros? ¿Qué pasaría entonces si Apple cede a las pretensiones del FBI?, ¿si permite que se viole la encriptación que resguarda la privacidad de la información de un móvil? La seguridad es un tema complejo: Puede que los ladrones encuentren un agujero que por el que llegar hasta la despensa de una casa, pero una vez ahí pueden pasearse con más facilidad por toda la vivienda.

Desde que se destaparon los turbios asuntos de la NSA es difícil confiar. ¿Podemos estar seguros de que una vez forzada la puerta de acceso a los datos de un teléfono concreto no se usa para nada más? Difícil, muy difícil. Pero incluso dando toda nuestra confianza al FBI, lo cierto es que una puerta forzada deja de ser segura, y una vez sentado el precedente, todos los gobiernos tendrán sus propios terroristas (o no) contra los que luchar, y podrán forzar a las compañías a derribar las murallas con las que protegen la privacidad de sus sistemas, y una vez que las murallas caen pueden entrar los cazadores, pero también los lobos.

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