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¿Invertir en empresas fintech?

Finanzas y tecnología, ¿se puede pedir más? Las startup de moda reciben inversiones multimillonarias. Sólo en EEUU se multiplicó por cuatro la inversión realizada en 2013 (unos 3.000 millones de dólares) durante 2014 (12.000 millones). En 2015, a falta de datos exhaustivos, es de esperar que haya aumentado también de forma notable.

Ellos ya empezaron hace mucho, han visto cómo empresas como PayPal podían competir en Internet con gigantes como Visa o los grandes bancos comerciales y hacerse un hueco. En Europa y en España vamos algo más tarde, pero con paso firme: España es el cuarto país europeo en inversión en empresas fintech sólo superado por Gran Bretaña, Alemania  y Suecia. Hay talento e ideas de sobra y las empresas que contratan empleados altamente formados no alcanzan para absorber todo ese talento: los demás se ven abocados a marcharse fuera o a aceptar trabajos por debajo de sus expectativas económicas y laborales.

No todos, claro. Hay una buena oportunidad para los emprendedores que pueden contratar a los mejores desarrolladores, especialistas en marketing, en redes sociales, en administración de empresas y en todo lo necesario para que una startup tecnológica tenga posibilidades de éxito. Especialmente si es del tipo de empresas fintech que suponen competencia de algún tipo para las grandes empresas del sector financiero, los bancos.

Curiosamente, la mayor parte de las inversiones en fintech europeas, 1.800 millones de euros en 2015, proceden de EEUU. Los fondos de inversión europeos que apuestan por startup tecnológicas no invierten tanto como sus homólogos norteamericanos y los grandes inversores por excelencia, los bancos, tienen sus propios proyectos o eligen cuidadosamente qué proyectos apoyar, sin duda con la intención de disponer del servicio eventualmente, si el proyecto triunfa.

Con todo, el sector avanza. En los últimos años algunos emprendedores fintech nos contaban las trabas que los bancos y los reguladores ponían a sus empresas. Sin embargo, la realidad se impone: los cambios sociales que la tecnología nos ha proporcionado, con permanente conexión a Internet, dispositivos móviles, capacidad de procesar datos casi ilimitada ya estaba presente en el sector financiero para mejorar los resultados del propio sector, pero no alcanzaba a sus clientes. Las pequeñas empresas que hoy proponen nuevas formas de hacer las cosas no tienen el músculo de cualquier banco, pero sí la agilidad que otorga el ser pequeño y no tener grandes intereses previos en el sector que pretendes transformar. Habrá que ver si de Europa sale el próximo PayPal, o si los proyectos más exitosos terminan formando parte de los agentes financieros de siempre.

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