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Safe Harbor: ¿Una novia en cada puerto?

¿De verdad nos sorprende que los servicios online alojados en EEUU no cumplan con las normativas europeas? ¿O es sólo la anulación de Safe Harbor la que nos sorprende? Porque en Europa estamos acostumbrados a disponer de grandes normativas que no se cumplen. Nos conformamos con que nos reconozcan derechos que no se respetan. A fin de cuentas, a los europeos nos gusta dar lecciones morales sobre asuntos en los que deberíamos callar.

La sentencia del Tribunal de Justicia de la UE invalida el marco regulatorio que garantiza que las empresas estadounidenses con la certificación Safe Harbor, cumplen con los requisitos acerca del tratamiento de datos personales, de obligado cumplimiento en todos los países miembros. Disponer de este certificado ya no es una garantía y las empresas que utilizan los servicios de Google, Dropbox, Facebook y tantas otras empresas, se podrían encontrar con un grave problema si a finales de enero, como parece, no se alcanza una solución.

En muy posible que las empresas norteamericanas que prestan servicios en Europa no logren acreditar que sus productos, que no están diseñados para cumplir con nuestras regulaciones y, en no pocas ocasiones, están instaladas en estados cuyas leyes sobre privacidad son laxas. El modelo de negocio de empresas como Facebook, diseñadas para obtener beneficios de nuestros datos personales, es antagónico con los valores que defienden en Europa las leyes de protección de datos.

Existen dos alternativas: imponer el estricto cumplimiento de nuestras normativas y asumir, por tanto, el mandato democrático del que emanan las leyes o hacer un ejercicio de realpolitik que permita a las empresas estadounidenses seguir operando en Europa como hasta ahora, para evitar perjuicios a aquellas empresas locales, desde PYMEs hasta grandes bancos, que dependen de esos servicios.

La primera de ellas es impecable desde el punto de vista democrático, pero es de difícil aplicación. Para garantizar que ninguna empresa utiliza servicios como Dropbox sería necesario bloquear el servicio en toda Europa. Algo que Alemania ha puesto en práctica con algunos servicios de Google pero que sería impensable a la escala en que debería aplicarse. ¿Recordamos cómo le salió a Erdogan el bloqueo de Twitter en Turquía?

Descartada la posibilidad de cerrar inmediatamente el acceso a determinados servicios, la otra opción es agachar la cabeza y aceptar que nuestras leyes de protección de datos son papel mojado. Que para saltárselas sólo es necesario almacenar los datos en un lugar donde nuestras leyes no sean de obligada aplicación y que, por lo tanto, sólo sirven para poner en desventaja a nuestras empresas. Es la posición del liberalismo y de los defensores del TTIP, el tratado que se negocia a espaldas de los ciudadanos (y de los propios eurodiputados) y que, más que un tratado de libre comercio, es un tratado para derogar las políticas de protección social, laboral o medioambiental para que las empresas de EEUU tengan las mismas reglas de juego a las que están acostumbradas en su propio país o en países menos respetuosos con la privacidad.

Ninguna de las dos soluciones es aceptable: la rendición incondicional ante las exigencias de las grandes empresas de captación y manejo de datos es, de hecho, el fin de Europa como modelo social alternativo al mercantilismo globalizado; el bloqueo de servicios sería torpe políticamente y supondría la pérdida de competitividad y la destrucción de puestos de trabajo en nuestro continente.

Europa debe permanecer firme y defender su modelo social, o lo que queda de él. Pero esa firmeza debe hacerse desde la defensa de nuestros sectores productivos. Ofrecer una alternativa viable a las empresas de Internet de las que somos dependientes es más que una cuestión de conveniencia económica, es una cuestión de principios: es la demostración de que sí, se pueden crear y administrar servicios en Internet que sean respetuosos con los individuos y sus datos personales.

Desde esa posición, algunos proveedores de servicios como Google, de cuyo servicio Google Apps dependen miles de empresas en Europa, se han visto obligados a ofrecer a sus usuarios un nuevo contrato que adopta las cláusulas recomendadas por la UE. Microsoft se ha comprometido a que sus servicios de plataforma en la nube estén alojados en servidores europeos a lo largo de 2016.

En otros casos, como el de Dropbox o Facebook no parece que se estén dando pasos tan decididos para adecuar sus servicios a las necesidades legales. ¿Esperan un acuerdo que tal vez nunca llegue y al que, en todo caso, le quedan escasas dos semanas para materializarse?

Por eso es necesario aplicar un modelo flexible que apoye y ayude a las compañías a adaptarse a nuestra legislación, que las sancione en caso contrario y que, en todo caso, facilite a las empresas europeas la sustitución de los servicios infractores por otros equivalentes. Una tarea que puede llegar a ser compleja para pequeñas empresas con mucha dependencia de tareas tan cotidianas como almacenar en la nube documentos profesionales o utilizar las redes sociales para hacer campañas de marketing.

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