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Y Snowden se pregunta por qué nadie reacciona…

Barata, fácil y simple. Edward Snowden se refería así, en la reciente entrevista que concedió a Ana Pastor, a la recopilación indiscriminada de los datos de millones de personas en todo el mundo. No es la NSA la única que lo hace, pero sí la que lo ha hecho de forma más indiscriminada en todo el planeta. Hace unos años, cuando Snowden destapó la caja de los truenos, se esperaban reacciones, condenas, más prudencia en las comunicaciones… Pero después del revuelo inicial, nada.

¿Y ahora? Afirmaba Snowden en la entrevista que a pesar de todo ese esfuerzo por recopilar información con (supuestamente) fines antiterroristas, no había servido nunca para desarticular ninguna célula terrorista, ni para evitar un atentado. ¿Entonces, a qué se dedica realmente la NSA y por qué? Según Snowden todos los países espían (incluido el nuestro), y lo hacen en connivencia con las empresas dueñas de las redes por las que circulan los datos (también nuestras empresas). Resulta inquietante. Apenas somos capaces de atisbar el alcance de toda esa actividad, porque no sólo espían a gobernantes, opositores, empresarios, banqueros o periodistas, en el saco de los datos están ciudadanos normales y corrientes, ciudadanos de a pie con sus hipotecas y sus trabajos por horas, que cogen el transporte público y hacen la compra del mes en el Mercadona.

Explicaba Snowden que en principio no se buscan los datos de nadie en concreto, simplemente se intercepta todo lo que pasa por el cable. En medio de los millones de personajes anónimos y sin aparente importancia estarán los de gente que realmente tenga algún interés para los gobiernos, o para la seguridad nacional. Esos son los que importan. ¿Esos son los que importan? ¿Estamos seguros?

Quizá pensamos que como nosotros no hemos hecho nada, no tenemos nada que ocultar, pero ciertamente no se trata, como apuntaba Snowden, de tengamos o no algo que ocultar. En este caso la presunción de (nuestra) inocencia parece conceder automáticamente autoridad para intervenir nuestra vida. Total, están buscando terroristas, y yo no lo soy. Pues que sigan, a mi no me afecta. Pero sí que te afecta.

El lenguaje puede ser perverso en manos perversas. Mientras dejamos que hurguen en nuestras vidas para demostrar que no tenemos nada que esconder nos olvidamos de que no se trata de esconder nada, sino de proteger nuestra intimidad. ¿Consentimos que cualquiera entre en nuestra casa? ¿Que lea nuestra agenda? ¿Que use nuestro ordenador? ¿Que vea nuestras fotos de familia o, incluso las más personales? Puede que estés pensando que no porque entiendes por casa un lugar físico, con cerradura y ventanas que cubres con cortinas. En casa te sientes seguro. Si alguien intenta entrar puedes llamar a la policía. Pero el espionaje de datos es como la hipertensión: no duele, no se ve, no se nota… hasta que ya es tarde.

Hay mucho más de nosotros en las redes que dentro de nuestra casa. Más información aprovechable, accesible y proporcionada voluntariamente por las personas que la que tenemos guardada en nuestro cofre de los secretos. Si en algo se han hecho especialistas los mineros de datos es en crear perfiles. ¿Perfiles sin nombre? Quizá, pero no son necesarios. Sólo la información que tiene tu banco de ti puede clasificarte, meterte dentro de un perfil de cliente. Si eres del tipo “conservador” ya sabe qué productos puede ofrecerte y cuáles no, y si eres de los “arriesgados” quizá tarde más tiempo en concederte la tarjeta de crédito o tenga un límite menor. ¿Para qué quieren tu nombre y tu foto si tienen tu número de teléfono o tu IP, las veces que llamas a tu madre y lo que compras por Internet? Ahora eres un perfil.

Cada perfil cuenta con sus características psicológicas, con sus probabilidades de que sea un delincuente en potencia, de que estafe a sus empleados o se aproveche de sus colegas de trabajo. Cada perfil indica muchas cosas. Del perfil que elaboran las compañías de seguros y los bancos puede depender que te financien el coche o no, o te concedan el crédito que necesitas para sufragar el tratamiento de la enfermedad de tu hijo. Como perfil ofrecemos mucha información, pero desconocemos todo lo que implica para nosotros. Entonces, ¿por qué nadie reacciona?

Antes de Internet y el big data, cuando se descubría algún secreto personal este podía costarnos la reputación, el puesto de trabajo y hasta las amistades. Las cosas han cambiado. Del mismo lugar del mundo donde se elaboran los perfiles vienen también los realities, las entrevistas a criminales, las películas basadas en hechos reales sobre la vida de estafadores y violadores… la vida se exhibe, y no importa lo malo que hayas sido, que puedes tener tu propia serie de televisión. Los datos no se ven, al menos nosotros no los vemos, ni los entendemos, no me cuesta darlos… todo el sistema está hecho de manera que no tengas más remedio que cederlos si quieres acceder a algún servicio, y que encima ni te importe hacerlo. Es tan fácil como pulsar un “Acepto” sobre la pantalla de tu teléfono.

A Snowden le acusaban de tener las manos manchadas de sangre por los atentados de París. Los perfiles no sangran ni lloran. ¿Qué importa ser uno más? Pero recordemos también que Martin Luther King fue espiado por el FBI y considerado una amenaza para la seguridad nacional. Si eso pasa, si eso puede pasar y está pasando, si también se espía a ONGs y organizaciones que tratan de proteger los derechos humanos, si consideran que estas entidades pueden ser una amenaza para la seguridad nacional es porque ellos, los que nos tienen que proteger, son uno más con los terroristas. Ellos son la gente de la que tenemos que defendernos.

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