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Javier Santaolalla

La especialización del conocimiento nos convierte en piezas de un engranaje, en lugar de seres pensantes

Científicos locos, profesores chiflados, nerds superloosers, frikis con acné y gafas de culo de vaso, gente de camisa a cuadros y tirantes con escasas habilidades sociales, personas que miden la diversión en función de la complejidad de los algoritmos, ropa pasada de moda y mucha, mucha caspa. Rara y risible a la vez, la imagen de la gente de ciencia se ha convertido en un dañino estereotipo que relepe muchas vocaciones. No es de extrañar que los jóvenes no encuentren atractiva la idea de estudiar ciencias o ingenierías.

El bosón de Higgs no te va a hacer la cama

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El libro, publicado por Esfera de los libros, se puede encontrar a partir de hoy en librerías nacionales e internacionales, tanto en papel como en formato digital.

La realidad es bien distinta y, por eso, aprovechando que hoy sale a las librerías el último libro de Javier Santaolalla, estuvimos charlando con él de esta y otras cuestiones, sin olvidarnos del libro, por supuesto. Santaolalla es a la sazón ingeniero, físico de partículas, investigador del CERN y, desde hace unos años, parte del equipo de comunicadores y humoristas que hacen posible Big Van Theory. El libro en cuestión se llama “El bosón de Higgs no te va a hacer la cama” y busca, según nos cuenta Santaolalla, que cualquiera sea capaz de entender qué son, y por qué resultan tan importantes, cosas como el bosón de Higgs, los agujeros negros, la materia oscura o los viajes en el tiempo, sin necesidad de tener ningún conocimiento previo de ciencia.

Hace dos años dejó la investigación y decidió dar un giro copernicano a su labor profesional y dedicarse de lleno al mundo de la divulgación. “No soy una víctima de los destrozos que hacen con la ciencia“, explica, simplemente, que después de empezar con la aventura de Big Van Theory pasaron muchas cosas. Tuvo tanto éxito y creció tanto, que aunque en un principio la idea era que participaran investigadores en activo que contaran cosas sobre sus trabajos, algunos de ellos vieron que era necesario dedicarle a esto el 100% ed su tiempo. Javier Santaolalla fue uno de ellos: “Porque el mundo de la divulgación me llenaba mucho, creía que había mucho por hacer y Big Van era una buena vía de vida“.

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Pocas personas pueden afirmar sin sonrojarse que son parte de la historia, y menos gente de cierta juventud. Javier Santaolalla estaba en el CERN cuando se detectó el bosón de Higgs. Llegó “en el momento del resultado“, y compartió el momento con investigadores que llevaban 30 años trabajando para encontrarlo y que “veían el proyecto como un hijo“. Fue, como él explica, “el sueño de cualquier físico, el poder estar presente en un momento histórico fue un regalo, porque aquello es algo que forma parte de la historia de la ciencia“. Uno de los recuerdos que guarda Santaolalla es el de la locura colectiva que invadió el laboratorio durante esos días, y poder ver las diferentes reacciones de las personas que estaban allí.

El desestereotipador que lo desestereotipe buen desestereotipador será

Teniendo delante a un científico y divulgador como Santaolalla no podemos dejar pasar la oportunidad de preguntarle por uno de los problemas que están afectando a la ciencia presente y futura: la falta de vocaciones, de relevos, de gente que desee investigar y dedicarse a la ciencia. ¿Es culpa de esos estereotipos que mencionábamos al inicio? Quizá. Claro que gente rara hay en todas partes, y en ciencia también, como dice Santaolalla. Sin embargo sí que afecta la mundo de la ciencia, y tal y como explica, en Big Van están investigando (bien en serio) qué es lo que está pasando con los jóvenes y ver cómo puede cambiarse esa tendencia.

Los estereotipos juegan un papel importante, y los modelos son importantes a la hora de que los jóvenes tomen sus decisiones“, dice Santaolalla, especialmente cuando la ciencia está tan llena de tópicos acerca de que son genios raritos, sin sex appeal de ningún tipo. “Estamos trabajando en la desmitificación de las ideas asociadas a la ciencia, y en dar a entender que no es un estudio ni un trabajo limitante, no hay tal barrera con la gente, y las ciencias son una buena salida para muchas personas“, dice. Por eso es tan importante revertir la idea y dar alas a los futuros científicos, porque si no seguiremos siendo “gente que consume ciencia, pero no la crea”.

lo científicos no son más raros que el resto de la gente

Este es un tema que preocupa en Big Van, y una de sus propuestas es, precisamente, cuidar mucho la imagen que se da. Como dice nuestra compañera Celia Valdeolmillos: “No trabajamos con la corbata o los tacones, sino con la cabeza y las manos“. Por eso nadie verá a los chicos y chicas de Big Van con un vestuario forzado, sino natural. Es la forma que tienen de mostrar a los niños y jóvenes que son un perfil normal más de la sociedad. Otra de las cosas que preocupan, y mucho, es la escasez de mujeres en este mundillo, y también por eso, según nos cuenta Santaolalla, se aseguran de que en cada espectáculo siempre haya chicas monologuistas sobre el escenario. Si el mundo es plural y diverso, la ciencia cuenta igualmente con gente plural y diversa, “somos representantes de la variedad que hay en la sociedad, porque el mundo científico es plural“. Además, explica, “hoy día la ciencia la hacen los jóvenes, es una realidad“.

¿Más esfuerzo de la cuenta?

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¿Cómo podemos acercarnos a un mundo que, de entrada, emplea una jerga propia tan críptica y compleja como las matemáticas? ¿Cómo puede un libro como “El bosón de Higgs no te va a hacer la cama” acercarse a gente que no tiene ni idea de física o de partículas, y para la que lo único elemental que existe es el queso? Para Santaolalla ese es el objetivo precisamente: “Leo mucha divulgación y hay libros muy buenos pero con un nivel muy alto, que hace muy difícil que los jóvenes se acerquen a ellos“. Tanto desde el libro como en las actividades de Big Van se da un paso hacia adelante para acercarse a la parte curiosa de la gente, porque aunque nunca se animen a hacer ciencia, sí se que acercan a los chistes, las bromas y los monólogos. “Usamos todas las herramientas posibles para acercar la ciencia e intentar mostrar la parte más atractiva de la física, que son los agujeros negros, los viajes en el tiempo, la materia oscura, etc. Se trata de mostrar lo más atractivo de la física con un lenguaje cercano, y despertar el interés y entretener. Cambiamos la forma en la que se ve la ciencia y mostramos que hay muchas cosas divertidas“, explica.

que requiera esfuerzo no quiere decir que no sea divertida

Otra de las ideas que alejan a los jóvenes de las ciencias es la de que son muy difíciles y requieren mucho, mucho más esfuerzo que el resto. Ante esto le preguntamos a Javier si no cree que puede ser contraproducente ofrecer una imagen demasiado jovial y distendida de la ciencia, si eso no llevará a los aspirantes a pensar que son un paseo por el campo. La respuesta de Santaolalla es contundente: “No“. ¿Por qué?, pues “porque hay mucha gente que cree que el esfuerzo es demasiado grande, y no es excederse mucho cuando el acento está en el otro extremo“. Desde Big Van se intenta suavizar ese extremo, porque la gente cree que ser científico es pasarse la vida con la bata puesta en el laboratorio, pero todo en la vida requiere esfuerzo, no sólo la ciencia. “No frivolizamos y no engañamos, la ciencia es un trabajo, pero dentro de ese trabajo hay mucha gente que se lo pasa bien y lo encuentra divertido“, defiende Santaolalla.

Libro fácil, tema difícil

El día que los medios difundieron al mundo la noticia sobre el hallazgo del bosón de Higgs, muchos periodistas sudaron sangre intentando entender las complejidades de lo que había pasado y lo que eso significaba. No estamos ante un tema de mesacamilla o de barra de bar, ¿o quizá sí? Sin duda, como dice Santaolalla, “el bosón de Higgs puede ser todo lo complicado que se quiera, hasta el punto de que un estudiante de grado no podría entender muchas cosas, pero también se puede contar de manera que cualquiera entienda qué es y de qué se está hablando“. El divulgador nos recuerda que para el mismo Einstein, si había algo en ciencia que no podías explicar a tu abuela significaba que no lo habías entendido bien”, así es que si lo entiendes, tienes que poder explicarlo a cualquiera, ¿no?

El libro “El bosón de Higgs no te va a hacer la cama” es el resultado, entonces, de un esfuerzo por contextualizar y sintentizar. Al igual que con los monólogos, hay que saber ponerse en los zapatos del otro, conocer sus motivaciones y hasta qué punto puede entender. Así que, asumiendo que el lector que llegue a tomar un ejemplar entre sus manos puede tener unos conocimientos de física muy bajos, este puede llegar a hacerse una idea de lo esencial, y eso es un éxito rotundo cuando hablamos de divulgación. “La gente no quiere saber las fórmulas matemáticas sino por qué algo es tan importante y por qué los científicos se volvieron locos con ese descubrimiento. En los shows nos lo preguntan mucho, y la gente se alegra una barbaridad cuando logran comprender cosas que creían que eran demasiado complejas“, explica.

¿Y por qué es importante el bosón de Higgs, Javier? “Pues porque estamos construyendo modelos científicos que intentan conocer la realidad desde hace más de 2000 años, y la única piedra que faltaba en ese modelo era el bosón de Higgs. Han sido más de 2000 años construyendo esta escalera y este era el último peldaño para tener un modelo estándar. Ha sido también el final de un trabajo de 300 años, desde Newton, que explica qué es la masa del Universo y su papel en la gravedad“.

La enseñanza desactualizada

La mención de la gravedad trae a colación un tema tan espinoso como triste. Prácticamente se obliga a los padres a comprar libros de texto nuevos para cada curso, con cambios que rayan lo ridículo en más de una ocasión (¿qué tanto puede cambiar la literatura del Siglo de Oro de un año para otro, o las matemáticas de primaria para justificar un nuevo texto?). Sin embargo, a pesar de todos estas “actualizaciones”, los libros no reflejan la actualidad de la ciencia. “Yo estudié la física del s. XIX y ahora se estudia la física del s. XX, pero estamos en el s. XXI”, dice Santaolalla.

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En su experiencia divulgadora por infinidad de colegios de España, Santaolalla constata las grandísimas diferencias que hay entre los distintos centros a la hora de enseñar ciencia. Los hay con una enseñanza de la física muy actualizada y otros tremendamente estancados, “pero en todos ellos se ve la mano del profesor, se ve cuando alguien prepara buenos materiales o está anquilosado, porque el sistema educativo no ayuda, y por eso el papel del profesor es fundamental. No puede ser que en un cole todos sean genios y en otro todos empanados, eso es por el profesor“. Es la realidad de los centros educativos: hay profesores muy motivados que se toman la molestia de actualizarse fuera de las horas de trabajo, de preparar actividades para sus alumnos como contactar con la gente de Big Van para que sus alumnos vean con sus ojos lo que no se cuenta de la ciencia y despierten su curiosidad.

a veces la inspiración científica llega mirando un cuadro

Otro problema que viene de antiguo y que lleva tiempo mostrando la cara es el de la separación en “ciencias y letras”. Para Santaolalla es una división nefasta, y contraria a lo que ahora se está viendo en las carreras profesionales, que son cada vez más abiertas, y todo está tremendamente conectado entre ellas. “Es una separación que responde a modelos antiguos, pero hoy es fundamental lo interdisciplinar, que los distintos departamentos estén conectados entre sí, y que las clases no estén cerradas, porque en música hay que saber de matemáticas y en física de literatura; no existen los conocimientos departamentados“, dice. Santaolalla nos comenta que están participando en un proyecto europeo que busca precisamente conectar las disciplinas científicas a muchas escalas, porque la ciencia no es sólo ciencia: engloba el arte, la historia, las humanidades… “a veces la inspiración científica viene haciendo actividades que nada tienen que ver con la ciencia“.

¿Qué pasa entonces cuando eliminas materias de los programas de estudios? ¿Cómo puede afectar al desarrollo de la ciencia que se deje de estudiar filosofía en el instituto? Aunque a simple vista parezca que no hay relación, lo cierto es que la hay, y mucha. Ningún filósofo conocido de la antigüedad era ajeno a la ciencia, y ningún científico conocido resultaba ajeno a la filosofía. ¿No enseñaban que filosofía significa amor al conocimiento?, ¿quién es el que busca el conocimiento del mundo si no es el científico? ¿Cómo podrá caminar la ciencia sin la pata esencial de la reflexión que proporciona la filosofía? Todo es esencial, porque al final, como dice Santaolalla, “la especialización del conocimiento va en contra del buen desarrollo profesional; especializar es formar pequeñas piezas de un engranaje, en lugar de seres pensantes y capaces“.

Imágenes interiores: choriceadas del facebuk de Big Van

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