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Joaquín Araújo, naturalista, escritor y periodista

Los ecologistas son unos incordiantes

En la cara que más se ve, Joaquín Araújo es el rostro y la voz de la ecología en España desde hace más de cuarenta años. Su currículum abarca actividades tan variadas como guionista documental, escritor, redactor de enciclopedias, editor de vídeo, fotógrafo, articulista, poeta, presentador, comisario de exposiciones o conferenciante, por citar algunos. El desglose total de su obra ocupa decenas de páginas. En la cara que no se ve, a la que dedica la mayor parte de su tiempo, es un sencillo observador de la naturaleza. Alguien más orgulloso de sus dimisiones que de sus cargos, y de sus más de 24.000 árboles plantados que de sus casi 100 libros publicados.

TNL: Su trayectoria profesional siempre ha estado ligada a la divulgación medioambiental. La lista de programas, libros, entrevistas, documentales, etc. realizados por Joaquín Araújo es realmente extensa. ¿Cómo llegó hasta ahí?

Eso es algo que siempre trato de aclarar. Se me conoce fundamentalmente por mi trabajo de periodista sin carrera, de divulgador del medioambiente, y creo que todos somos más invisibles que visibles. Lo que se conoce menos es que he dedicado buena parte de mi vida a no hacer nada, a la contemplación de la naturaleza y, en segundo lugar, a la agricultura. Y por mucho que escandalice es así. Mi libro número noventa y nueve está a punto de salir y el número cien se está escribiendo a petición del respetable, porque una de las preguntas que más me hacen siempre (si me la ibas a hacer ya te la respondo) es “¿cómo le da tiempo?”. Y en cierto modo es verdad.

TNL: Lo pensé, pero no. Al final decidí no ponerla en mi lista de preguntas.

Tengo nueve frentes profesionales permanentes que llevo cuarenta años desarrollando. He ejercido ochenta oficios distintos a lo largo de mi vida, además de todo lo que ha sido el trabajo. ¿Que cómo lo hago? Percibiendo cómo la Naturaleza usa el tiempo. Eso es lo que trato de imitar en ese “no hacer nada”. Este libro cien en el que estoy trabajando es un ensayo sobre esa sepultura que buscan algunos voluntariamente, y que es trabajar a cambio de dinero, trabajar a cambio de vida. Eso es algo que no he valorado nunca y nunca lo he cobrado. Es más, la faceta más importante de la conciencia y la ética ecológica tiene mucho que ver con el tiempo. Cuando entendemos la naturaleza, el tiempo es una fuerza englobadora y constructiva. No es el enemigo.

TNL: ¿Y cómo ha compaginado toda esa actividad con su ámbito personal?

No concibo mi existencia ni la existencia en general sin un vínculo con lo que te permite vivir. El problema es querer vivir en contra de la vida. En contra de la naturaleza. Se rechaza este tipo de vida, pero es lo que nos permite vivir. Mi vinculación es ética, estética, mental, vital, emocional… porque me considero una parte indisoluble de ella. Somos una milimétrica confluencia, una identidad compartida. Yo soy tan del campo como las raíces de una espiga de centeno.

TNL: Hace unos días, un estudio realizado en la URJC afirmaba que la cobertura que se hace de lo medioambiental en los medios es muy escasa, sólo un tres coma cuatro por ciento del total y, cuando se tocan estos temas, prima lo sensacionalista para abordarlos, ¿está de acuerdo o cree que exageran?

La mayor parte de mi vida ha estado vinculada a los medios de comunicación y al mundo editorial. Son más de 40 años llevando la conciencia ambiental en los medios y me parece lamentable cómo se enfoca. Es la expresión de una suprema ignorancia. No sé quién ha convencido a la prensa de que el medioambiente es un tema menor, pero es una demostración de ignorancia. La ignorancia es la condición común de todo el que quiere mandar. Por eso no quiero mandar nada, para no ser ignorante. Si realmente hubiese un tres coma cuatro por ciento de las noticias dedicadas al medioambiente… pero no creo que llegue ni a eso. Lo de la ignorancia es extrapolable a todos los ámbitos de la vida, porque sorprendentemente somos los únicos seres vivos que despreciamos la vida.

TNL: Ha renunciado a ser candidato de los Verdes a la presidencia del Gobierno y varias veces a ser asesor del Ministerio de Medio Ambiente, ¿no confía en la política?

El poder es, literalmente, lo más perturbador del ser humano. Una droga embriagadora que debería llevar al manicomio a todos los ansiosos de poder. A todo el que quisiera ocupar un cargo le obligaría a estar un año en recogimiento, para que intentase entender de qué va el mundo, y luego lo llevaría a una clínica de desintoxicación. Trataría de explicarle que el poder es lo más cercano a algo mucho más grave, que es que todos te teman. Ya me desespera que me teman los animales, y quisiera hacerles entender que no voy a hacerles daño. Pensar que yo pueda ser temido por otras personas a causa del poder, no me parece deseable.

En ese sentido promuevo el poder “blando” de la cultura, de la comunicación… que no pretenden obligar a nadie. Lamentablemente no somos una especie fundamentalmente bien educada para ser huérfanos de poder. Si tienes las cosas realmente claras como las tengo yo, ¿para qué ser candidato? Además, todos los políticos al final incumplen el programa, y fundamentalmente en las cosas más importantes. Eso no quiere decir que no lo respete, y aunque haya dimitido, lo intenté. He sido asesor de ministros como Borrel, Narbona y Tocino. También, tengo que decirlo, de Blesa en Caja Madrid. No me hicieron ningún caso. Narbona un poquito, pero a Tocino le dimití a los 15 días de gobierno.

Fui de una asquerosa precocidad casi para todo. Soy terriblemente impertinente. Pero en realidad no he dejado de hacer política ni un solo día. Hago política cuando planto un árbol, cuando escribo un libro, cuando hago un programa. Es política que intenta hacer pensar, que intenta hacer conciencia en los demás.

Joaquín Araújo. Foto TnL

 

TNL: ¿Cree que se difunden lo suficiente y adecuadamente las noticias medioambientales?

Lo más importante siempre queda atrapado en la manipulación o el sesgo ideológico de las distintas cabeceras. Sólo el Prestige subió el porcentaje de las noticias medioambientales, pero únicamente estuvieron uno o dos días en sociedad, luego pasó a Nacional y de ahí denunciar la política del PP. Es cierto, como me preguntaba antes, que si no es una catástrofe, si no hay rifirafes políticos o está de por medio la denuncia a una multinacional, hay muchos temas que no se tocan, y si lo hacen, nunca es de una forma panorámica. Lo que toca al medio ambiente tiene que ver con todo. No es sólo transversal, es que tiene que ver con todo. Pero que interese más la noticia de un incendio que una plantación es bastante triste. O que no se explique bien la utilidad de un parque Nacional, pero se vuelquen en lo político del vertido de Aznalcóllar. Es perverso.

TNL: En el ochenta y tres dijo que el setenta por ciento de los estudiantes de biológicas entraron motivados por Rodriguez de la Fuente. ¿Qué cree que motiva ahora a los estudiantes?

El desastre es monumental. Toda la Universidad ha acabado por ser algo muy parecido a la propia sociedad en su conjunto. En vez de proyectar ilusiones y vocaciones es un sumidero de desempleo. No hay salidas ya para los que acaban una carrera. En cuanto a los motivados por Rodríguez de la Fuente, no fue sólo en Biología, también en las ingenierías de montes y en Veterinaria. Rodríguez de la Fuente fue una figura muy mediática. Que eso genere motivaciones, indica cierta perversión, que no llegó a entender nunca en profundidad lo que había detrás de todos esos programas. Ahora hay más profesionales de los que pueden trabajar. Pasa igual que con el poder, se funciona mucho por liderazgos mediáticos. En una de mis primeras entrevistas, que me hicieron cuando tenía veintitrés años, dije que no hay mejor líder que el que no quiere serlo.

TNL: ¿Cómo surgió su vinculación con Félix Rodríguez de la Fuente, la serie de “El hombre y la Tierra” y la enciclopedia Fauna Ibérica?

Esto es muy conocido. Yo me di a conocer pronto como escritor de temas de naturaleza, militaba activamente en organizaciones de esa índole, publicaba cosas sobre animales y eso me dio cierta presencia. En mayo del 75 recibí una llamada de Félix Rodríguez de la Fuente para tener una comida y hablar. Ya todo el mundo sabía quién era Félix Rodríguez de la Fuente, y me había llamado para comer conmigo. Salí de aquella comida convencido de que me había tocado la lotería. Antes de eso cobraba 9.000 pesetas, y salí ganando 40.000, haciendo de secretario, asistente, dirigiendo rodajes, etc. Después de que Félix muriera, yo terminé los últimos programas de “El hombre y la Tierra” y los últimos tomos de la enciclopedia de la “Fauna Ibérica”. La verdad es que no éramos muchos los naturalistas españoles, unos 100 tal vez, y lo más asombroso es que de ahí, de esos tiempos, salió todo lo demás que se ha podido hacer.

TNL: Existe la imagen del ecologista como un radical. Alguien que va en contra del progreso, ¿es así?

Lo primero que hay que decir es que la definición de ecologista no está concluida, y lo correcto sería considerarla inabarcable. Hay gente muy comprometida y otros que lo único que hacen es ir en bici, o separar la basura. El saco está lleno de todos los grados de compromiso que se quiera. En cuanto a la imagen, hay una contraofensiva porque, aunque somos pocos, hemos logrado cosas. Pocas ideas han tenido una progresión tan espectacular como esta, y es el conjunto de progresiones lo que más critica el sistema.

Los ecologistas cuestionan el modelo urbanístico, el modelo de transporte, la política energética, defienden las aguas, a las culturas aborígenes, a la mujer… Un ecologista es un incordiante. El establishment financiero, económico y político se molesta. Esas acusaciones de retroceso forman parte de ser una fuerza que se mueve y de no defender los intereses de los que critican. La tarea más crucial que emprende el ser humano es la de reconciliarse con el mundo al que pertenece. Y no es ni crecer, ni multiplicarse ni dominar la Tierra, que es la idea imperante en la mayor parte del mundo, incluso en Oriente. No me quiero apoderar, no quiero dominar. Por eso se es fácilmente descalificado por los que funcionan con esa ideología.

También hay radicales, claro. En todo caso, que no se asusten, que no vamos a tener el poder nunca. En el planeta hay una pequeña fracción de gente que tiene el 85% de las riquezas, y va al asalto del 15% que les falta. La agricultura ecológica supone el 1% del total pero se critica terriblemente, se atacan los beneficios que pueda suponer, se ataca continuamente a pesar de lo poco que supone.

Poca gente se para a pensar que la ciudad, en realidad está en el campo y se nutre de él.

 

TNL: Parece que hay un interés creciente por lo sostenible. ¿Cómo pueden ser sostenibles las ciudades?

Lograr una ciudad sostenible es casi imposible porque no produce nada. La ciudad no es sostenible, es sostenida. Poca gente se para a pensarlo, pero la ciudad, en realidad, está en el campo, y lo que necesita para vivir está en el campo. La ciudad como mucho produce servicios, contaminación y bienes industriales, pero para hacer un coche hay que ir a la mina, para obtener energía hay que conseguir carbón. Todo eso no lo hace la ciudad, por eso es necesario buscar un sistema de compensaciones y apoyo a lo que es el campo para solucionarlo.

No creo que ciudad y campo sean compatibles, pero sí que hay que hacer todo lo posible para que lo sean, y en dosis pequeñas se puede “naturalizar” mucho la ciudad. Las energías renovables, los huertos urbanos, incluso en las terrazas de los edificios, los árboles, minimizar el tráfico, fomentar el transporte público blando, mejorar la gestión de residuos… son muchas las cosas que se pueden hacer. Aquí es donde la parte positiva de la ecología política ha mejorado, en el tratamiento de los residuos sólidos, aunque en el de los residuos gaseosos, la cosa va a peor.

TNL: ¿Cree que la educación ayuda a adquirir valores respecto al medio ambiente?

Soy un poco impertinente en eso. En la primera semblanza que hice de mí mismo dije que odio la condición de estudiante porque eso es algo que se tiene que llevar como la piel. Los que dicen que la educación va a arreglarlo todo es correcto, pero tiene que ir al revés. Hay que educar primero a los poderes, al presidente, al rey. Los niños no son los que están causando el daño, sino ellos. Hay que educar a los que están haciendo daño. Luego hay que entender que hay que estudiar todos los días, no sólo en la época de estudiante. No podemos pretender que nuestros hijos o nietos serán los que lo hagan mejor y arreglen las cosas, eso es como aplazar una sentencia. Las cosas hay que hacerlas ahora.

TNL: ¿Es necesario que los parques naturales sean turísticos para que sean sostenibles?

No todo tiene que ser negocio y rentable. La función de los parques nacionales y naturales es, en sí, tres veces terapéutica, y no es necesario que sea rentable económicamente. Un parque es algo que dejamos para el futuro, para que quede algo en algún lado para volver a empezar. En segundo lugar es recreativo y científico, son dos cosas que pueden ir juntas, porque aprender tiene que ser divertido. Tiene que gustar. En tercer lugar, es un sitio público y común que beneficia a la totalidad de la población por pertenecer a ella y reaviva el sentido de lo colectivo. No hace falta que dé dinero, lo que da de sobra es un inmenso valor al resto de la sociedad. Pero en este mundo, lo que no da dinero es despreciable.

TNL: Entonces, después de ver todo esto, ¿cuál es el principal enemigo del medio ambiente?

La codicia de los listos. El ultraliberalismo económico, el capitalismo, la avaricia de los individuos y dos características: la comodidad y las prisas. Esos son los enemigos del medio ambiente. La gente está muy contenta cuando las cosas se hacen muy rápido y sin esfuerzo. Por eso la mayor parte de la gente es también enemiga del medio ambiente. La defensa del medio ambiente debe ser un compromiso moral, porque en esto casi no hay compensaciones de ningún tipo, especialmente económicas.

TNL: Está vinculado a muchas ONGs y acciones de voluntariado…

No separo a las personas del medio ambiente, y tengo la fortuna de tener un fuerte sentimiento de pertenencia, de colaborar. Las militancias han sido fundamentales para mi desde mi tierna infancia. La primera ONG la creé con catorce años. Cuando veo que hacen algo correcto colaboro. Hay algunas con las que colaboro económicamente como Amnistía Internacional, Aldeas Infantiles, Intermón, Médicos sin fronteras, etc. Con las que son directamente medioambientales colaboro de otras formas, he presidido algunas de ellas o las he dirigido. Cada vez que me piden algo lo hago, y lo hago gratis. En total son unas treinta y cinco.

TNL: Con Forges tuvo una interesante experiencia con la exposición “El ambiente siempre está en medio”, ¿cómo surgió aquello?

Nosotros creamos medios de comunicación distintos. El libro de “El ambiente siempre está en medio” lo hice con Forges en 2006, y durante la presentación en La casa encendida se me ocurrió que, mientras yo hablaba a los periodistas, él podía ir dibujando las viñetas del libro en un proyector. La gente se quedó tan asombrada que dimos unas 23 charlas. La gente estaba encantada, y al terminar nos aplaudían como a los cantantes.

TNL: En su web hay un apartado de “Dimisiones”, ¿qué es lo que no tolera hasta el punto de renunciar?

Lo más frecuente es cuando se pretende que haga algo en contra de mis compromisos y mi forma de ver y estar en el mundo. La vez más sonada fue mi dimisión del CENEAN (ICONA) en 1986, tras rechazar un intento de convertirme en un corrupto. En ocasiones ha habido por medio dinero de no muy clara procedencia, y películas que se querían hacer con dinero negro para blanquearlo. En esa ocasión no sólo me costó el cargo, sino también seis meses de mi vida que les regalé y que me fui sin cobrar.

TNL: En su libro “Ecos…lógicos” habla de la inteligencia animal y menciona las dos vertientes de la inteligencia humana, la destructiva y la creadora. La destructiva ya la conocemos. ¿Cuál es la inteligencia creadora?

El modelo que intentamos llevar a la práctica, acompañados de otros millones de personas en todo el mundo. O te conviertes en un acrecentador, trabajando como las raíces o las espigas, o trabajas como el diente. Es una decisión, pero yo me apunto a que haya vida, y no menos vida.

TNL: Ahora existen grandes medios tecnológicos que usamos muchas veces para fines bastante frívolos. ¿Estamos programados genéticamente para hacer un mal uso de las cosas?

Yo tengo la misma programación genética de cualquier asesino. Es una elección a la que se llega conscientemente. Ahí están las apetencias que alimentas con tu educación. La mayor parte de las personas que hacen algo en este mundo son autodidactas. Y me parece un fracaso de la educación. Lo primero que hay que aceptar es que en todos nosotros están todas las posibilidades. Ser una cosa u otra es una elección.

Las plataformas como Internet y las redes sociales están bien y hay que usarlas. Yo escribo mucho a mano, pero tengo iPhone y tablet. Me gusta la cultura de la caligrafía como forma de sosiego, para pensar más. Me interesa ese arte de la escritura como disciplina artística, pero hay que aprovechar todas las oportunidades de las redes sociales. Yo estoy en Twitter, trato de lanzar al día tres ideas: alguna noticia, algo de estética y algo de ideología. Lo uso como uso todo lo demás.

Cuando apareció Internet muchos pensaron que era la solución para cambiar el mundo pero ¿cuántas recogidas de firmas hay al día? Tantas que ya son poco efectivas. Son una cascada. Creo que ninguna tecnología nos va a sacar de esto, y mucho menos una tecnología agresiva. Esto es de… (se señala la frente). Internet y las redes sociales son como tirar propaganda en un campo de batalla. Hasta que la ecología no se convierte en voluntad, y eso en un estilo de vida llevada a la práctica, no va a ningún lado. Y en realidad todo esto es un espejismo. La gente cree que por decir una impertinencia en las redes estamos haciendo algo. El problema es que todos decís que queréis mucho a la naturaleza, pero qué pocos os acostáis con ella.

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