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Francisco Chinesta
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Francisco Chinesta, investigador español en la Ecole Centrale de Nantes

La ética es fundamental en la ciencia, la docencia y la política

Nos encontramos con el valenciano Francisco Chinesta en la sede de la Real Academia de Ingeniería. Ese día, por la tarde, toma posesión como académico de la RAI. Desde 1997 vive en Francia, donde investiga en la Ecole Centrale de Nantes. Nos confiesa que le cuesta un poco hablar en español. Salvo porque su mujer es española y es la lengua que hablan en casa, el resto del tiempo el francés es la lengua en la que desarrolla toda su labor científica y laboral. No está acostumbrado a usar la jerga técnica en castellano, pero nadie lo diría una vez que comienza a explicarse.

En su tarjeta de profesor de la cátedra internacional de la fundación EADS (asociada al CNRS, el grupo Airbus y la Ecole Centrale de Nantes pone “Francisco (Paco) Chinesta”. Antes de eso, comenzó su labor docente en la Politécnica de Valencia a principios de los 90, cuando una de las dificultades añadidas a la hora de investigar era la burocracia administrativa para conseguir documentación de las hemerotecas. Cuando se le presentó la oportunidad de tomar una plaza de profesor en Francia no se lo pensó. Curiosamente, aunque no hay ninguna Universidad española entre las 100 primeras del mundo, los investigadores y docentes españoles sí que están presentes en las universidades más prestigiosas del planeta.

Paco Chinesta ha aparecido alguna que otra vez en la prensa española para hablar de la fuga de cerebros. Él es uno de tantos casos de españoles que desarrollan una labor científica excepcional… en otro país. Pero no le preguntamos por eso, sino por la relativa libertad de los científicos cuando sus proyectos dependen de la financiación de grandes empresas o corporaciones. Ya sea con fondos públicos o privados, son otros los que suelen decirle al investigador qué puede investigar y qué no. Chinesta se encuentra dentro de un grupo de afortunados que puede elegir qué investigar y cómo distribuir sus recursos gracias al mecenazgo.

Si los mecenas renacentistas se hacían cargo de la protección y el patrocinio de un artista, sin más interés que el de que este desarrollara sin preocupaciones su labor creativa, en la actualidad el mecenazgo científico es un remedo bastante fiel del existente en el siglo XV en Italia. En el caso de Paco Chinesta, empresas como Airbus y otras ponen mucho dinero (un millón de euros ha dado Airbus este año) para que el equipo de Chinesta desarrolle libremente su actividad investigadora, y como el mecenazgo desgrava, hay mecanismos para asegurarse de que las empresas no puedan influir o dirigir de alguna manera la investigación. Chinesta explica que con el mecenazgo “somos libres de dirigir, publicar y poner el dinero que nos dan en lo que queramos“.

Cuando es una empresa la que paga directamente una investigación, los científicos no pueden publicar libremente sus trabajos, tienen que pedir permiso antes o someterse a los acuerdos a los que hayan llegado previamente con el patrocinador. Chinesta considera lícito que una empresa ponga dinero en una investigación para tratar de resolver algún problema de producción o de desarrollo propio. Lo habitual, según explica, es que haya una negociación previa entre la empresa y los investigadores para proteger los secretos industriales. Eso suele implicar que la empresa podrá usar en exclusiva el producto durante determinados años antes de que sea del dominio público. Se suele acordar que los científicos puedan publicar el procedimiento, pero no el producto exacto, y como mucho explican el desarrollo del procedimiento sobre un producto parecido, pero no el mismo, para mantener a buen recaudo el secreto. Al final, los resultados le sirven igualmente a la sociedad, aunque a medio plazo. Con el mecenazgo, desde el mismo instante en que hay resultados ya se puede hacer de dominio público. “Todo lo que publicamos es de uso público, y cualquiera puede usarlo en su propio interés. No tenemos que pedir permiso para publicar lo que hacemos“, dice. Sin embargo, el profesor explica que en su laboratorio está prohibida la participación de estudiantes de fuera de Europa, o de países como China. “Trabajamos en la industria aeroespacial, y eso es parte del patrimonio científico de los países de Europa”, explica; por eso no se permite que gente de fuera entre a conocer sus desarrollos.

No hace mucho, RAI y Politécnica de Madrid colaboraban en el proyecto Aprendiz de Ingeniero, destinado a despertar las vocaciones de los jóvenes por la ciencia y orientarlas hacia el mundo de las ingenierías. En los últimos 10 años los estudiantes de ingeniería han caído en un 23%. Chinesta confirma que la situación es igual en otros países, aunque “no tan dramático como en España”. De alguna manera se han puesto de moda las nanotecnologías y la biotecnología, y en el caso de los ingenieros industriales como él se ve como una carrera “del siglo pasado“. Los estudiantes tal vez buscan otras cosas, como dice Chinesta: “los inteligentes valoran el rendimiento económico de la carrera que van a elegir, y los brillantes usan su título de ingeniero para puestos financieros en la City“, apunta el profesor.

Ante todo al servicio de la sociedad

Un edificio, un motor, una aeronave… los desarrollos puedes ser destruidos. Incluso las construcciones históricas más protegidas por la declaración de Patrimonio de la Humanidad pueden desaparecer en un terremoto o por el mismo desgaste de los años. Existe otro patrimonio en el que la UNESCO y otras instituciones están poniendo el foco de su interés. Se trata del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad: el conocimiento. Lo que realmente permite crecer a un país y a las propias personas es el conocimiento. Más que el patrimonio material. Para Paco Chinesta el patrimonio científico es, de una manera o de otra, financiado por lo público, “y debe ser público y a disposición de lo público”. Especialmente las metodologías, para que pueda usarlas cualquiera. Lo que cada cual desarrolle luego gracias a esas metodologías puede ser privado, al menos un tiempo, pero siempre acaba revertiendo en la sociedad.

Cuando un estudiante se presenta ante un director de tesis para que le oriente en su proyecto, se puede encontrar con la sorpresa de que el profesor le diga que se olvide de su idea. Luego le da una lista con proyectos de investigación para que elija otro. Chinesta explica que esto es fruto del “liberalismo intelectual, que trabaja donde hay financiación”. Si el profesor reorienta el trabajo del estudiante porque conoce mucho mejor dónde están los puntos adecuados para desarrollar una investigación, no hay nada que alegar. Sin embargo, cuando esto ocurre porque el profesor tiene un contrato con una empresa y pretende usar al estudiante como mano de obra, “es empobrecedor. Chinesta defiende que la Universidad “debe centrarse sólo en temas importantes para la sociedad en su conjunto, para avanzar cualitativa y cuantitativamente en hacer algo mejor“. Si ese objetivo está claro y es lo primero, entonces el modelo de trabajo “está bien diseñado“, señala.

La agenda europea para 2020 ha planteado una serie de temas centrados en el bienestar social, lo que orienta de alguna manera las investigaciones que se hagan a futuro. Esto “conduce a que las investigaciones se aproximen, no a lo intelectual, sino a las necesidades sociales“, señala Chinesta. “Está bien que los investigadores estemos al servicio de la sociedad y apoyemos todo trabajo de impacto social. Existen temas maravillosos (para investigar), pero sin trascendencia social. Lamentablemente los medios no son infinitos y deben decidir los criterios que interesan a la sociedad. Si fuesen medios ilimitados no habría problema. El origen del Universo es un tema muy interesante, pero saberlo no cambia la vida de las personas. Hay cosas que mejora sus vidas, y otras que mejoran su vida intelectual“, explica. Cuando no hay dinero para todo hay que elegir.

¿Quién decide y con qué criterios? Preguntamos a Paco Chinesta sobre la formación ética en la ciencia. “No estamos formados éticamente”, responde tajante. “Aprendemos a actuar mejor o peor según hayamos tenido buenos o malos maestros. Seremos buenos si estamos rodeados de buenas personas“, dice. Chinesta no sólo incide en la falta de formación ética de los científicos, también en la falta de formación pedagógica; “la prueba son las desviaciones que se dan a la hora de explicar la ciencia, o los fallos que hay a la hora de enseñar. Igual que tampoco los políticos están formados para ser políticos, y lo que está pasando ahora lo demuestra“. Afirma. “La ética en la investigación, la docencia y la política es fundamental, porque esa gente es la que dirige la sociedad. Hace falta un poco de ética a todos los niveles“, concluye.

El trabajo de Chinesta en Nantes se fundamenta en el desarrollo de modelos de simulación. Dado que no conocemos todas las variables posibles, ¿cómo de fiables pueden llegar a ser estos modelos?. La respuesta de Chinesta es clara y contundente. Fiable no hay nada, y seguro tampoco. Ninguna persona razonable será capaz de dudarlo“.  En la Naturaleza hay muchas incertidumbres y no se puede cuantificar la seguridad ni garantizar el resultado. Lo que sí pueden hacer los modelos es predecir la probabilidad de que algo se desarrolle. “Es imposible evitar el error de un diseño porque nada es perfecto, ni los modelos ni los parámetros. Lo mejor que hacemos es ver la probabilidad de que algo funcione como queremos“, señala. “El investigador asume riesgos, pero tiene que ser capaz de proyectar la posibilidad funcional“.

A pesar de que los fallos son parte de la ecuación, lo que habitualmente se espera es que los sistemas sean perfectos y sin errores. Cuando algo ocurre se reacciona como si nunca hubiera debido pasar. “Cuando el fallo viene por un descuido del científico, por no usar buen los modelos, hay que asumir la responsabilidad ética de hacer mal un trabajo, pero si se trabaja con un buen modelo conscientes de que no podemos plegar la Naturaleza a nosotros, porque la Naturaleza es incierta, aunque proyectemos de la forma correcta nada impide que surja algo desconocido. No podemos asegurar que conocemos todos los comportamientos de la Naturaleza y los que puede tener a futuro, pero se asume el riesgo de que un diseño no sea capaz de resistir uno de esos imprevistos“, añade. “Creo que era Gauss quien decía que un científico de una época, dos siglos después aparece como un payaso, pero quién no quisiera ahora coger la delantera de dos siglos“. A posteriori siempre es muy fácil decir “ya te lo dije”.

3 Responses to La ética es fundamental en la ciencia, la docencia y la política

  1. Joaquin 3 Noviembre, 2014 at 16:56 #

    Este señor me dio clases de Teoría de Estructuras en 1995 en la ETSII de la UPV y tenía la habilidad de aprenderse los nombres de todos los alumnos con solo preguntárselos una vez. Aparte creo que era de los poquísimos profesores a los que merecía la pena escuchar sus explicaciones. Y encima se va… Como decía él “El que entiende a Paco ya tiene el 60% aprendido… pero hay que estudiar también ¿eh?” Me alegro mucho de que le vaya bien.

  2. Ronald Nuñez Tejada 19 Junio, 2017 at 17:10 #

    Es un gusto conocer a un Gran Maestro pero me gustaria tener mas frecuente sus artículos .

  3. Emilio 23 Diciembre, 2017 at 11:39 #

    También lo tuve en la politecnica, de prácticas o asociado, no recuerdo. Todo un crack al que admirábamos todos…y con muy buen sentido del humor, incluso en sus explicaciones.

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