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María Vallet-Regí, investigadora

Las chicas tienen que estudiar y sudar la camiseta, nada se logra sin esfuerzo

Cuando quedamos con la profesora Vallet en su despacho del departamento de química inorgánica de la Facultad de Farmacia de la Complutense, la revista Quo acababa de incluirla en una breve lista con los 10 científicos españoles de más alto nivel, dentro de lo que llaman “Selección española de la Ciencia”. Su abultado currículum difícilmente da muestra de la importancia de los galardones, colaboraciones, cargos, premios y reconocimientos de María Vallet-Regí. Con más de 500 artículos publicados y más de 20 libros, es la científica española más citada en el campo de la ciencia de materiales, además de académica de la Real Academia de Ingeniería. Sus investigaciones están cerca de encontrar fórmulas más eficientes y menos traumáticas para administrar la quimioterapia a los pacientes de cáncer.

Los trabajos de Vallet tienen en este momento dos vertientes. Por un lado en el desarrollo de nanotransportadores inteligentes para la administración de medicamentos y, por otro, en el desarrollo de nanoestructuras para evitar las infecciones que causan los implantes cerámicos y metálicos.

Cómo matar sólo a los malos

En el primero de estos proyectos intenta que los nanotransportadores sean capaces de transportar selectivamente distintas sustancias antitumorales y, una vez dentro de las células tumorales, liberar la medicación en respuesta a un estímulo externo determinado. Según explica la profesora Vallet, desde que se publicaran las primeras noticias sobre estas investigaciones en 2011 han avanzado bastante. Por aquel entonces los transportadores sólo respondían a estímulos de campo magnético, ahora han logrado cargarlos con distintos fármacos, en distintas cantidades y con acciones mucho más localizadas para que lleguen con mayor precisión a la diana, que son las células tumorales. Ahora también hay mucho mayor rango de estímulos para activar las compuertas que permiten que los fármacos se liberen: eléctricos, de calor, de Ph, radiación, ultrasonidos, microorganismos, enzimas y determinadas moléculas.

El funcionamiento es el de un caballo de Troya. Vallet explica que en lugar de invadir el cuerpo con un medicamento que ataca tanto a células sanas como enfermas, se trata de administrar dosis muy pequeñas que entren directamente dentro de la célula afectada. Los efectos secundarios serían casi inexistentes, y podrían incluso eliminar las metástasis. Si es capaz de entrar a las células tumorales da igual dónde se encuentren estas. El caballo de Troya es el nanotransportador, hasta que no está dentro de la célula y recibe el estímulo no se abre para liberar el medicamento.

¿Cómo distingue el nanotransportador las células tumorales de las sanas? Esa es la parte más interesante de la investigación. Hay distintas vías para hacer que los nanotransportadores sean lo más selectivos posible, y una de ellas es encontrar los receptores específicos de las células tumorales. Todas las células tienen receptores específicos en su membrana celular. Esos receptores son, por ejemplo, los responsables de que los linfocitos reconozcan como extraños los microorganismos invasores y se pongan en marcha los sistemas de defensa del cuerpo. Los receptores funcionan como un sistema de llave y cerradura, y si no tienes la llave adecuada es que no eres de aquí, o algo así diría la policía del cuerpo antes de lanzarse a destruir al intruso. Las células tumorales, explica Vallet, son diferentes, crecen mucho más rápido y tienen receptores específicos. Sólo hay que averiguar cuáles son.

A causa de lo que se conoce como efecto de permeación y retención aumentada (EPR), cuando hay tumores los vasos se debilitan mucho, y “quedan huecos“. Al distribuirse el fármaco por medio del torrente sanguíneo en un principio llegaría indistintamente a las células buenas y a las malas, pero por una cuestión de probabilidad serían más las células malignas eliminadas que las sanas.

María Vallet señala que existen distintas vías para hacer que el efecto de los nanotransportadores sea lo más eficiente posible, uno de ellos es, justamente, identificar los receptores específicos de las células tumorales, “ver los que se sobreexpresan para preparar nanotransportadores que los identifiquen“. De lograr esto, tal y como explica Vallet, el problema de luchar contra las metástasis podría olvidarse para siempre, porque da igual donde estuvieran, en el momento en que el nanotransportador reconoce los receptores de la célula tumoral, penetraría en ella y liberaría el fármaco.

Aún habrá que esperar para ver este tipo de terapias funcionando en los hospitales. Comenta Vallet que, aunque existen empresas que ya comercializan los nanotransportadores, las investigaciones de su laboratorio para optimizar la eficacia de estos productos aún está en su fase de ensayo con ratones.

Jaque mate a las infecciones por implantes

El 2% de las prótesis que se implantan provocan una infección en el organismo. Esta es la segunda vertiente en las investigaciones de Vallet. Por un lado trabajan en impedir la adhesión bacteriana a la superficie de las prótesis y, por otro, en encontrar la forma de matar directamente los microorganismos. Según explica Vallet, “lo más interesante es impedir que se produzca la infección, modificar la superficie del implante para que no le guste a las bacterias“.

En los trabajos que hacen con materiales cerámicos el laboratorio de Vallet ha logrado inhibir las infecciones en un 99,9%. Mediante un tratamiento químico se modifica la superficie del implante, impidiendo que las bacterias puedan adherirse. Esto se logra creando un híbrido (un zwiltterión, una sustancia química que es eléctricamente neutra, pero que cuenta con cargas positivas y negativas sobre diferentes átomos) sobre la superficie cerámica capaz de formar una capa de partículas positivas y negativas que repelen las bacterias.

En cuanto a los implantes metálicos, la eficiencia de inhibición de bacterias alcanzada hasta el momento alcanza el 70%. En este caso la técnica es diferente que la de los elementos cerámicos. Aquí se crean superficies nanoestructuradas con el mismo objetivo: que las bacteria no se puedan adherir. Las superficies se tratan mediante spattering (salpicaduras). Este trabajo obtuvo un premio gracias al cual recientemente Vallet y su equipo visitaron el MIT para darse a conocer a las empresas que podían ayudar a financiar el proyecto. “Aún necesitamos darle a esto cualidades mecánicas para mantener la nanoestructura y mejorar el porcentaje de inhibición“, dice Vallet.

Hombre o mujer, hay que trabajar duro

Con más de 40 años de trabajo en el mundo de la ciencia y la investigación, María Vallet-Regí ha conocido de cerca la época en la que mujer y ciencia parecían un tándem incierto y difícil. Quizá un aspecto menos conocido de su trayectoria profesional es su actividad impartiendo charlas a chicas jóvenes para señalarles que, si les gusta y quieren, hay un camino para ellas dentro de la ciencia.

Vallet fue, en sus propias palabras, “una afortunada“. Sus padres, una rara avis de aquellos tiempos, no concebían que sus hijas no tuvieran formación universitaria. ¿Qué dijeron cuando dijo que iba dedicarse a la Química? Vallet recuerda que siempre sintió que les alegraba, e incluso le facilitaban el trabajo. “Estaban encantados, y muy orgullosos de que me dedicara a esto, y fue una alegría hasta el final de su vida. Ahora veo que no era lo normal, pero en mi casa sí, y lo tengo que agradecer“, dice Vallet.

Sobre la escasez de mujeres en el ámbito científico y tecnológico, opina que es parte del proceso de normalización. “Sobre la mujer… la realidad es que hasta el 8 de marzo de 1910 la mujer no pudo acceder a la enseñanza superior, sencillamente porque estaba prohibido. La mujer no pudo entrar a la Universidad hasta entonces, cuando se publicó una Real Orden que autorizaba por igual la matrícula de alumnos y alumnas“, cuenta Vallet. Es evidente que hasta ese momento las aulas contaban con 0 mujeres porque no estaba permitida la entrada.

A partir de que se elimina la prohibición comienzan a entrar tímidamente una o dos mujeres por carrera, “frente a toda una promoción era muy poco“, dice. “No tenían formación porque no se les había dado. Se creía que las mujeres no podían pensar, pero no era por falta de inteligencia, sino por falta de formación. Ahora en las aulas hay muchas mujeres, y constato que las calificaciones suelen ser mejores en las mujeres que en los hombres. Doy clases desde hace 40 años y sé que hay mujeres con una formación muy diferente“, explica.

María Vallet cuenta que al principio, en el colegio, iba a una clase con 6 grupos de 30 alumnos, pero que al entrar en la Universidad, en los años 70, sólo quedó medio grupo. “La mujer se ha ido incorporando muy tarde a esto. Las mujeres de mi edad dedicadas a esto son pocas, pero jóvenes ahora hay muchas“, señala.

Recientemente el CSIC publicó una gráfica que señalaba la mayoría de mujeres becarias por encima de los hombres en esa primera etapa dentro del mundo de la investigación. Cifra que se invierte en los estudios de postgrado y en los puestos fijos de investigación y docencia, dando mayoría a los hombres sobre las mujeres. Para María Vallet-Regí no se trata de ninguna confabulación contra la mujer, sino de algo mucho más sencillo. “Las mujeres eligen igual que los hombres, pero las preferencias de las mujeres no son iguales que las de los hombres. Comienzan como becarias, pero al enfrentarse a la vida personal toman otras decisiones. Yo elegí al principio, y no elegí en la dirección de la ciencia. No fue mi primera elección, sacrifiqué cosas, y luego llegué 10 años tarde. Es una forma de elegir el tiempo que uno quiere dedicarle a las cosas“, dice Vallet.

Algunos estudios achacan a cierto sesgo discriminatorio el que las mujeres obtengan menos becas para sus proyectos de investigación que los hombres. Hay, incluso, grupos de mujeres científicas que han pedido un sistema de evaluación de las tesis en el que no se especifique el género para evitar el sesgo. Vallet se muestra categórica en esto: “No lo conocía y me sorprende“. Explica Vallet que en el medio en el que ella se mueve eso no ocurre en absoluto, “y tengo chicas estupendas que han logrado becas estupendas, así que si lo hay (el sesgo) no lo conozco“. Vallet participa en comisiones de la UE, y afirma que allí no se mira que se sea hombre o mujer, “sino la calidad, independientemente del género se da a los mejores proyectos“. En las comisiones nacionales existe un sistema por el que, ante un proyecto bueno, se da una puntuación adicional en el caso de ser mujer, por lo que tampoco puede darse, según señala Vallet.

Vallet critica que se haga ruido y no se vaya a las fuentes. “Los proyectos y los premios tienen que ser para los mejores, sean como sean“, insiste Vallet, y concluye diciendo: “Doy charlas para arengar a las chicas, y les digo que hay que estudiar, y estudiar mucho para hacer carrera, que hay que sudar la camiseta y esforzarse. Nada se logra sin esfuerzo“.

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