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Rosa Allegue, directora financiera y de RR.HH. de Skechers USA Iberia

Las mujeres tenemos la obligación moral de ser visibles

George Bernard Shaw dijo que “el norteamericano blanco relega al negro a la condición de limpiabotas y deduce de ello que sólo sirve para limpiar botas“. Algo parecido ha ocurrido con las mujeres. Durante siglos ha circulado y crecido una idea bastante concreta sobre cuál es el lugar y las ocupaciones propias de las mujeres y cuáles no lo son. Una idea que ha calado tan profundamente que las mismas mujeres han llegado a defenderla. El tiempo, ese gran maestro, ha enseñado hasta qué punto los prejuicios sólo causan pérdidas, y no se puede permitir que se pierda ni un solo ejemplo más.

Quizá cuando Rosa Allegue daba sus primeros pasos en el ballet con 9 años, alguien la pensó de mayor con tutú y zapatillas, pero difícilmente hoy, por mucho que sorprenda, puede haber alguien que no vea a Rosa Allegue como una de las responsables de finanzas más significadas y premiadas de nuestro país.

Zapatillas de ballet, zapatillas de deporte

Su historia comienza comienza con 6 años, metida en clases de gimnasia rítmica porque su madre trabajaba fuera y las apuntaba, a ella y a su hermana, a todo lo que podía para tratar de compatibilizar su horario laboral con el extraescolar. A los 9 años llega a un estudio de ballet que había en el paseo de la Virgen del Puerto de Madrid. “Vivíamos en el km 8 del Paseo de Extremadura, y teníamos siempre la sensación de riesgo al coger el autobús solas para ir a clases de ballet“, recuerda Allegue. Con 11 años vive los inicios, junto con el director del estudio, de la Compañía de Ballet Clásico de Madrid, una compañía que se mantuvo durante más de dos décadas sin subvenciones, sólo gracias a la taquilla y al esfuerzo de los alumnos y sus padres; “esa fue mi primera experiencia emprendedora“, dice. Sin duda debieron ser años intensos; de lunes a viernes en el colegio, los fines de semana actuando y en vacaciones de turné.

Continuó como profesional hasta los 17, y siguió con las clases hasta los 19. Quizá fueron esos unos años complejos para Allegue, reflejo de la dicotomía que, confiesa, forma parte de su vida. Pensaba en dejar el ballet porque quería hacer baloncesto. Los campeonatos de baloncesto y las actuaciones de ballet se hacían en fin de semana, lo perfecto habría sido poder hacer ambas cosas, era lo que ella quería, pero no era posible, y lo cierto es que muy poca gente entendía esa “contradicción”. No fue hasta años más tarde que se dio cuenta de todo lo que el ballet le había aportado: “Me dio unas amistades impresionantes, me enseñó trabajo en equipo, disciplina y competitividad, fue un gran aprendizaje“.

Si los juegos infantiles son o no indicativo de algo, no lo sabemos, pero Rosa Allegue supo que le gustaban las finanzas desde que jugaba al Monopoly con su hermana y pedía siempre ser la banca. La decisión final la tomó gracias al jefe de su madre. En un principio pensó en irse a Física o a Química. Venía de ciencias puras y era lo más lógico, pero entonces le habló de la diplomatura de Empresariales. “Vi el programa y dije “esto es lo mío”, y es la mejor decisión que he tomado“, afirma Allegue.

Estando en 1º de Empresariales, con 18 años, dijo que se iba a Irlanda de au pair. Se jugó el tipo en varios sentidos. Eran todavía los tiempos duros del IRA, pero también la habían elegido en Siemens para entrar a un programa de formación en Alemania. Allegue decidió irse igualmente; se había comprometido con la familia de Irlanda y prácticamente le dijo a Siemens que la esperaran hasta su regreso. Y lo hicieron.

Irlanda fue un gozne, un punto de giro hacia lo que sería la vida de Rosa Allegue al regreso. “Nunca me sentí tan mayor como en Irlanda, pero me pasó de todo: perdí autobuses, tuve que pedir dinero prestado… y en esos tiempos no había móviles para pedir ayuda a la familia, también había más nivel de vida y todo me llamaba la atención“, recuerda. Era el año 89.

Al regresar se incorpora al programa de formación de Siemens. Entraron 12 en total, y de esos enviaron a dos a Alemania para formar a los futuros líderes, “me enviaron a mi y al que sería luego mi marido, durante esos dos años lo aprendí todo”, cuenta Allegue. En Alemania pasó dos años de formación dual. Aprendió alemán durante los primeros meses y luego pasó a la formación propiamente dicha, básicamente un FP de grado superior, con periodos de tres meses de formación y otros tres de prácticas. Acababa de caer el muro de Berlín.

La vuelta a España la hizo ya como parte de Siemens, y al tiempo que iba compaginando el trabajo con la carrera iba asumiendo más responsabilidades dentro de la compañía. Fue jefa de grupo rápidamente, y a pesar de que era todavía muy joven, se integraba como una más con gente que le llevaba hasta 20 años. Sin embargo, sus recuerdos de aquellos tiempos son de un gran aprendizaje y de haber conocido a “gente tan generosa y tan culta“. Luego la empresa le ofreció hacer un MBA, iba a ser para un hombre, pero este renunció porque acababa de tener un hijo y la elegida fue Rosa.

Después de 10 años en Siemens pensó que había llegado el momento de cambiar y dejó la compañía para embarcarse en el proyecto Netjuice, como directora de administración y finanzas de Sportarea.com y Baquia.com. “Nunca he trabajado tantas horas, de sol a sol, pero hacía lo que quería, aprendí tanto, disfruté mucho y encima me pagaban“, cuenta. Sin embargo no fueron los mejores tiempos para el negocio, entre el 2000 y el 2002 la burbuja de Internet hizo que muchos proyectos se dieran un batacazo, y esta fue una de ellas, “cuanto más vendíamos más perdíamos“. También fueron los tiempos de vivir una interesantísima experiencia laboral, haciendo “de todo“. Y una vez más Rosa se encuentra ante la dicotomía de elegir, esta vez entre las funciones de directora de recursos humanos y de finanzas, “¿por qué elegir? ¿por qué no puedo hacer las dos cosas si me gustan?

En 2002 vuelve a gestarse un cambio, tanto en lo personal como en lo laboral. Un antiguo jefe la invita a montar Skechers en España, ese año “cuatro personas lanzamos la compañía aquí, pero también en 2002 nace mi primera hija, y en 2004 la segunda; Skechers ha sido mi tercer hijo“, afirma Rosa Allegue. Fiel a las elecciones de su vida decidió encargarse de las dos funciones con las que más identificada se ha sentido en su desempeño laboral: directora financiera y directora de recursos humanos.

Mujeres por la visibilidad de las mujeres

La inquietud interior no es algo que se detenga en los logros profesionales o en la dulzura de la vida familiar. En Rosa Allegue esa inquietud se muestra en su colaboración con distintas ONGs, su actividad como Consultora Solidaria en ESADE o el proyecto para escribir un libro de cuentos, pero es en Ejecon donde encuentra un canal para trabajar intensamente para cambiar esa sociedad que relega a las mujeres a la tarea de “limpiabotas” y luego dice que sólo sirven para “limpiabotas”. La principal barrera a la que se enfrentan las mujeres es la falta de referentes, y no porque no existan, sino porque ha sido silenciados, ocultados o ignorados durante siglos. Eso convierte a cualquier mujer que haya salido del camino trazado en una pionera.

En 2013 entra en la primera promoción del Proyecto Promociona, un programa formativo liderado por la CEOE para fomentar la presencia de mujeres en la alta dirección. En esa primera promoción se presentaron 300 candidatas y seleccionaron a 40, entre ellas Rosa. La experiencia fue tan completa que las participantes de la primera y segunda promoción decidieron unirse en una asociación. “En Promociona se creó una red, un networking entre mujeres muy fuerte. Cuando estás en puestos de dirección estás muy sola y más en finanzas, pero ahí veíamos a otras mujeres en nuestra misma situación y creamos unos vínculos fantásticos“, explica Allegue.

Las 110 primeras mujeres del Proyecto Promociona crearon Ejecon en 2015, como asociación española de mujeres ejecutivas y consejeras. Aunque las socias fundadoras eran todo mujeres, cosa evidente viniendo de los cursos Promociona, lo cierto es que nace con la intención de que sea mixta, y ahora, aunque aún escasos, cuenta con socios masculinos entre sus filas. “Queríamos un nuevo liderazgo, un cambio social, ayudar a crear directivas digitales y a trabajar la marca personal, por eso el nicho de Ejecon son directivas con poder para cambiar las cosas, porque hay muchas mujeres muy válidas en dirección, pero con poco poder, de momento, para cambiar las cosas“, explica Allegue, que es actualmente Tesorera de la asociación.

La actividad de Ejecon es intensa. Firmaron un acuerdo con la Real Academia de Ingeniería para colaborar en esa visibilidad de la mujer que la ayude a tener más poder en puestos de administración y dirección, una alianza natural si tenemos en cuenta que el 20% de las asociadas son ingenieras. “Muchos de los puestos que hay ahora no existirán en el futuro, y lo que va a decidir ese futuro es la tecnología y la ciencia, y queremos que las niñas estén ahí desde el principio, porque si la mujer no está ahí, ¿cómo vamos a cambiar la sociedad? Se perderá mucho talento si las mujeres no están ahí“, afirma Allegue.

Para Allegue, hay un lastre importante para que las niñas se vean posibilitadas a emprender cualquier tarea, “hay una presión tremenda en ese sentido y tienen que estar siempre guapas y divinas, “¿y si no son guapas? Parece que no se puede ser interesante sin ser monísima, pero al mismo tiempo está la idea de que o eres fea, gorda y lista, o eres guapa. La mujer tiene que cuidar siempre su aspecto, pero mucho más que un hombre“.

El problema es que no hay roles visibles. Si preguntas a alguien por científicas o ingenieras famosas, saldrán muy pocos nombres a bote pronto, sin embargo existen muchos. Hay muchas mujeres que han sido, no ya importantes, sino esenciales para el mundo que conocemos, incluso en la ciencia y la tecnología, pero no se ven porque no se muestran, “faltan roles visibles“, insiste Allegue.

Una de las acciones en las que Ejecon se implicará directamente es como parte de un programa de mentoring, dirigido a las mujeres en sus últimos años como universitarias y en sus primeros años de carrera profesional. Se trata de ponerlas en contacto con mujeres que han estado en su misma piel antes que ellas, aportando una experiencia fundamentalmente práctica.

Curiosamente, como mujer no sintió nunca que hicieran distinciones en la empresa por su sexo. Su situación la ha obligado siempre a moverse en el mismo mundo que los hombres. En Siemens, de 200 personas que eran cuando Rosa formaba parte de la empresa, 5 eran mujeres, y 2 de ellas, secretarias. Quizá la anécdota más destacada esté en cierta ocasión en Alemania, cuando un hombre le pidió que le hiciera un café. Cuando ella le dijo que no sabía hacer café, el otro la increpó diciendo que qué clase de secretaria era que no sabía preparar un café, a lo que Rosa, que sin duda tiene un carácter fuerte, respondió sin ningún problema que ella no estaba allí para ser su secretaria, sino su futura jefa. Ahora, en Skechers son dos mujeres en puestos de dirección financiera en todo el mundo. Lo normal es que haya más mujeres en los puestos más bajos, y haya cada vez menos conforme subes en el escalafón. “Vas a ferias de finanzas y somos un 15% o 20% en contabilidad, y menos conforme subes puestos, y no es sólo que haya más hombres hablando en el estrado, también sentados escuchando“, explica Rosa.

En los últimos dos años Rosa ha sido, además reconocida y galardonada con diferentes premios: Mejor directiva de RRHH, premio de la Fundación Alares por la conciliación de la vida laboral y familiar, Top 100 de los mejores financieros de España, Top 100 de las mujeres líderes en España… La primera vez que se planteó presentarse a un premio quizá no fuera muy consciente del impacto, pero después, Rosa Allegue se dio cuenta de que esos premios le daban algo fundamental: visibilidad. “Los premios me han hecho tomar conciencia de que tenemos que ser más visibles, y he decidido hacerlo. Solemos tener tendencia a no mostrarnos tanto como los hombres, somos perfeccionistas trabajando, pero no pensamos en trabajar la visibilidad ni el que nos conozcan. Es un esfuerzo que he decidido asumir, para que las mujeres tengan conciencia de que hace falta que sean visibles y que quieran serlo. Tenemos la obligación moral de ser visibles, porque no puede ser que la historia la escriban los hombres“.

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