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Isabel A. Matey, matemática y directiva en BMN

Los hombres que dedican más tiempo a la familia son más completos y felices

Isabel Alonso Matey estudió matemáticas en una época en la que la carrera, curiosamente, era paritaria en cuanto a alumnos, aunque no en el profesorado. Ahora las cosas han cambiado, y la presencia femenina en la carrera se ha reducido. A ella le gustaba lo abstracto de las matemáticas, mucho más que las ciencias experimentales y aplicadas. Por eso, cuando le llegó el momento de desarrollar su carrera se inclinó claramente hacia Matemática Fundamental y todavía hoy, después de un recorrido profesional que la ha llevado de la teoría matemática al mundo de las finanzas, destila entusiasmo al hablar de ella: “La matemática fundamental es una matemática abstracta relacionada con los espacios y las figuras, y es la que funciona sin un propósito, porque teorizas sobre modelos matemáticos que posiblemente no vayan a tener aplicación hasta 200 o 300 años después de haber hecho el descubrimiento. No se tiene que reproducir en laboratorio, para que sea validado basta con que la comunidad de matemáticos lo acepte“.

Ser matemático es dedicarse a la investigación matemática toda la vida.”

Las matemáticas que aprendimos en el colegio o en el instituto apenas logran arañar un poco todo lo que abarca el vasto campo de las matemáticas. Para Matey, ni siquiera los cinco años de carrera son capaces de aportar un conocimiento apenas superficial de todo lo que se ha ido desarrollando y descubriendo a lo largo de la historia. “Yo no me considero matemática, he estudiado matemáticas, pero ser matemático es dedicarse a la investigación matemática toda la vida“, dice.

De la teoría matemática a la banca

Desde que finalizó la carrera, el recorrido de Matey siguió derroteros muy “atípicos”, porque viniendo de lo más abstracto pasó a proyectos de aplicación. Era el tiempo del despegue de la tecnología, y comenzó a trabajar para IBM en el campo de la programación, en un proyecto inusual para la compañía, porque hasta entonces sólo se daba soporte y ventas, pero no se desarrollaba. Estuvo allí hasta que acabó el proyecto, y de ahí pasó al departamento de nuevas tecnologías de un banco, “claro que no eran las nuevas tecnologías de ahora“. De esto hace 25 años.

De las áreas tecnológicas de los bancos, pasó al área financiera, donde finalmente ha ido desarrollando su carrera hasta ahora, que es directora de gestión y planificación financiera en BMN: “Primero estuve más centrada en los modelos matemáticos que se usan en la banca, luego pasé a hace inversiones y a tener responsabilidades cada vez más amplias, dirigiendo equipos. Dejé de ser un técnico y pasé a ser un gestor“.

De alguna manera, dice Matey, el estudio de las matemáticas es lo que le ha dado la capacidad para analizar lo financiero con más facilidad y rapidez, “encontrar las debilidades, ver dónde hay que mejorarlo” aunque, como ella apunta, “el nivel de matemáticas que se requiere para esto es bastante básico“. La estructura mental que aportan las matemáticas confieren a la persona ese sentido común y ese razonamiento tan difícil de implementar en la Inteligencia Artificial, “porque es aprender a pensar y ser reflexivo, no es ir al primer impulso, sino darse tiempo para la reflexión“, explica.

Matemáticas en femenino

Es importante luchar por lo que uno quiere hacer, pero también hacer que ese camino resulte divertido y te guste lo que estés haciendo. La “suerte” de Matey fue haber tenido la oportunidad de que el recorrido de su vida hasta el momento le haya permitido hacerlo, y que desde su familia siempre le hayan animado a seguir ese camino. No siempre es así. “Creo que las mujeres lo que necesitan es autoconfianza, pero para eso necesitan un entorno que les transmita confianza; la primera persona que me transmitió esa confianza fue mi padre, y eso a veces es lo que les falta a las mujeres, tener confianza“, dice Matey.

Creo que las mujeres lo que necesitan es autoconfianza, pero para eso necesitan un entorno que les transmita confianza”.

Matey recuerda cómo, en la época en la que ella estudiaba no había diferencias ni de número ni de trato entre hombres y mujeres, pero faltaban profesoras, faltaban investigadoras, y quizá era ese el lugar más crítico y donde más necesario era que el número de mujeres fuese mayor. Compañeras de su promoción han seguido, como ella, caminos muy diversos, pero aún “sin masa suficiente para considerar que estamos en una situación idónea, donde hombres y mujeres puedan aportar puntos de vista diferentes que se complementan“, apunta. ¿Recuerda haber tenido más obstáculos por el hecho de ser mujer? La respuesta a esta pregunta es “no”, aunque matizando que “no, aparte de los que pueda tener cualquiera que se meta en el mundo de la empresa, o sea, un mundo donde hay preponderancia de hombres en los puestos de poder, y creo que las mujeres tienen capacidades de sobra para organizar su vida para atender lo familiar y lo profesional; las mujeres no deberían tener obstáculos o que no les ofrezcan oportunidades, y a menos que ellas duden de sus propias capacidades, no hay motivos para que nadie lo haga”.

Aunque el número de chicas que estudian matemáticas no es tan alto como antes, sí que hay un porcentaje suficiente de ellas en la carrera quizá, como opina Matey, porque hay chicas a las que les gustan las matemáticas desde pequeñas, y en un momento de su vida “se les enciende la luz y se dan cuenta de que son capaces de resolver un problema, les resulta divertido, lo empiezan a ver como un juego y sienten que quieren y pueden hacerlo“. Es posible que Matemáticas sea la menos afectada de las STEM, y que sea por que la competitividad aquí sea menos agresiva ahí, pero de cualquier manera, como señala Matey, quizá parte de la solución esté en hacer una buena divulgación de a dónde te pueden llevar las matemáticas “porque son el soporte para las otras STEM, y es desde esas otras STEM desde donde más se trabaja por resolver los problemas cotidianos de la gente; si las chicas entendieran eso habría más mujeres en esas carreras“.

Hay que abrir puertas

Matey se dice “privilegiada” por hacer tenido la suerte de trabajar en entornos en los que existía un mayor nivel de igualdad y mayor apoyo a la mujer. “No he percibido dificultades en mi desarrollo profesional; la única cuestión ha sido que conforme avanzaba y tenía que ir a reuniones sectoriales con gente que desempeña tus mismas funciones en una empresa te ves sola porque son todo hombres, aunque en mi propia empresa no he estado sola, y siempre he trabajado en sitios donde se apostaba por el talento, y el talento no tiene género“, afirma.

Uno de los puntos críticos del desarrollo profesional para muchas mujeres está en el momento de formar familia. Isabel Alonso Matey es madre de tres hijas y la primera de ella la tuvo con 18 años, estando en primero de carrera, por lo que tanto los estudios como su incorporación al mercado laboral la hizo ya desde la condición de madre, al contrario que muchas mujeres, que primero se desarrollan laboralmente, y es luego cuando se plantean formar una familia. Para Matey el cuidado de la casa y los hijos es algo que pueden hacer tanto hombres como mujeres. “Creo -dice- que los hombres que dedican más tiempo a la familia son más completos y felices, conforman parejas más equilibradas, que cuidan juntos de los hijos y se apoyan en el desarrollo profesional. Creo que muchas de las mujeres que han logrado triunfar en sus trabajos cuentan con este factor, el de compartir objetivos con quien te acompaña en la vida“.

Siempre he trabajado en sitios donde se apostaba por el talento, y el talento no tiene género.

A pesar de estas afirmaciones, Matey no aboga necesariamente por tener familia: “En la vida es importante reflexionar sobre nuestros objetivos y lo que nos da equilibrio; hay personas que necesitan la faceta familiar y otras que no, ya sean hombres o mujeres. Siempre que seas consciente de que eso es lo que quieres, puedes ir adelante, pero no te puedes equivocar en eso. Poner toda la energía en lo profesional a veces es una inercia, y eso es un riesgo, pero no creo que sea sea una cuestión de hombre o mujer, pero sí creo que las mujeres que optan por no tener familia son peor percibidas, especialmente por otras mujeres”.

Ella es de la tercera generación Promociona, una experiencia que le ha permitido conocer a mujeres con perfiles semejantes con inquietudes similares, pero en la que no todas han tenido una experiencia tan positiva como la de Matey. “Si los tuve, yo no sentí obstáculos como mujer en mi trabajo, es algo que estaba fuera de mi conciencia, pero en Promociona vi que hay muchas mujeres que sí tienen problemas“, dice. Fue esa toma de conciencia la que la decidió a tomar un papel más activo para favorecer que las mujeres opten a los puestos de liderazgo, papel que asumió incorporándose como socia de Eje&Con, una asociación nacida justamente de las dos primeras “camadas” de Promociona, y que ahora ha reafirmado incorporándose a su Junta. “Personalmente he tardado bastantes años en ver que las mujeres necesitan que les abran puertas, pero conforme he avanzado en mi carrera he sido más consciente de que hacen falta elementos que ayuden a abrir esas puertas, y si bien creo que las diferencias entre hombres y mujeres existen, evidentemente no somos iguales, creo que las diferencias entre las personas, independientemente de su sexo, son mayores“, explica.

He tardado bastantes años en ver que las mujeres necesitan que les abran puertas”.

Dentro de Eje&Con participa como voluntaria en algunos de los programas de la asociación, especialmente los que trabajan con niñas en edades tempranas. Un ejemplo es el trabajo de tutora de un equipo de cuatro niñas de entre 11 y 15 años en el programa Technovation de este año, que además se ha llevado una mención especial en la categoría senior. Un proyecto en el que cada equipo tiene que diseñar una app móvil alineada con los objetivos de la ONU y hacer de esa app un posible negocio viable: “Lo bonito es ver cómo les ha enganchado la programación o que a otras les ha gustado entender el marketing, y que ha resultado divertido trabajar con ellas; realmente es un programa magnífico, lo sería también para chicos, pero a las chicas les permite especialmente tener una percepción distinta de las STEM“.

Educación e igualdad

Matey cuenta que, en cierta ocasión escucho a una mujer decir, medio en broma, que tendría que haber un ranking de suegras, porque si ves cómo es la madre de tu pareja sabrás mucho sobre cómo de igualitaria ha sido su educación. “Creo que la educación temprana está en manos de las mujeres, porque las mujeres son las que principalmente pueden educar a sus hijos en la igualdad y, si bien es cierto que cuando los hombres están concienciados de esa igualdad es idóneo para que participen ambos, la generalidad es que la mujer se implica más y orienta más en el cuidado de los hijos y de la familia, por eso digo que de pequeños la educación está en manos de las mujeres, y creo también que hay muchos hombres ahora que tienen esa visión del mundo más igualitaria, porque posiblemente dentro de sus familias han crecido con esa visión“, señala.

La experiencia viva de Matey parte de su propia familia donde la madre salió de un área rural y fue universitaria en una época donde eso era poco frecuente, fue licenciada en Química y trabajaba de subinspectora de Hacienda, era la época en la que las mujeres necesitaban un permiso de sus maridos para trabajar, y ella nunca dejó de hacerlo. “Mi padre no hacía nada en casa y era mi madre la que llevaba el peso de la familia y, sin embargo, con 80 años le hemos visto dar una lección magistral cuidando de mi madre y aprendiendo a hacer las cosas de la casa. Mi padre creía mucho en mi, y creo que para las personas tener todo ese anclaje de los padres en el ámbito familiar es lo que construye su fuerza.

La educación temprana está en manos de las mujeres, porque las mujeres son las que principalmente pueden educar a sus hijos en la igualdad”.

A pesar de la posición que ahora ocupa, Matey se reconoce identificada con los millennials: “Me parece bien que la gente busque su equilibrio, que establezcan sus prioridades para buscar que sus vidas tengan un sentido. Creo que es un camino que están siguiendo mis hijas, y cada una hace lo que quiere; una ha hecho pedagogía, otra psicología y la otra está ahora en un doble grado de ingeniería informática y matemáticas, todas son independientes y todas buscan el sentido en lo que quieren hacer“.

En la vida es fundamental dejarse ayudar, y lo bueno es que cada vez estamos más dispuestos a abrirnos a otras personas, a compartir nuestras inquietudes sobre cómo orientarnos” señala Matey, que ha vivido las dos vertientes, la de mentorizada en Promociona y la de Mentora en Eje&Con. “Como mentorizada realmente encuentras respuestas nuevas que probablemente están dentro de ti misma, en ese caso el mentoring hace de acelerador, porque requiere mucha sesión previa, tener objetivos y dedicarle tiempo de trabajo como mentorizada; por eso reflexionar desde el punto de vista de alguien externo es un acelerador, y como mentora, como la experiencia de Tecnovation, resulta enormemente gratificante por el trabajo con los más jóvenes, por la frescura que tienen, porque te aporta ver las cosas de una forma más fresca y satisfecha. Igual con el proyecto Mujer e Ingeniería de la RAI, en el que también colabora Eje&Con con las chicas que están a punto de graduarse como ingenieras o de acabar el máster, son chicas que encuentras en este programa un apoyo frente al miedo que sientes por no saber cuál es el siguiente paso que tienen que dar, y orientarlas en su vida profesional dentro de un programa en el que construyen confianza“, señala.

En la vida es fundamental dejarse ayudar, y lo bueno es que cada vez estamos más dispuestos a abrirnos a otras personas, a compartir nuestras inquietudes sobre cómo orientarnos“.

Finalizamos este encuentro con una petición. Le pedimos a Matey que nos diga qué le diría a las chicas que ahora están en ese momento de elegir su carrera o en el de meterse de lleno en el mundo profesional: “Que persigan su sueño, aunque sea una frase manida, que no se desorienten nunca de perseguir aquello que va a permitirles un desarrollo profesional, que busquen el equilibrio con lo personal y que traten de hacer que la parte profesional sea divertida, que tenga sentido y que les aporte como personas. Y una cosa que le digo siempre a mis hijas, que sean las mejores en lo que hagan, que lo ambicionen“.

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