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Josefina Gómez Mendoza
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Josefina Gómez Mendoza, geógrafa y académica de la RAI

Se habla de impacto ambiental, pero también hay impacto paisajístico

Durante su periplo por diferentes lugares antes de llegar a la Tierra, el Principito llegó a un planeta habitado por un geógrafo. ¡Finalmente encontraba a alguien con un oficio de verdad! El trabajo del geógrafo consistía en tomar nota de las observaciones de los exploradores, y anotar dónde estaban las montañas, los desiertos, los mares y los ríos… sólo las cosas duraderas, no las efímeras como las flores. Cierto es que la Geografía se ocupa de cosas más perdurables en el tiempo que las flores, pero no por eso las excluye. Aunque nadie tendría problemas para relacionar rápidamente la Geografía con la geomorfología, no todo el mundo la asociaría con las construcciones humanas, salvo para poner en un mapa la ubicación de una ciudad. La definición de Geografía que se enseña en los colegios no alcanza a abarcar los muchos ámbitos donde tiene competencias esta disciplina.

Josefina Gómez Mendoza llegó a la Geografía a pesar de que ella prefería «ir más por Historia», quizá por eso hay una vertiente marcadamente humanista en toda su trayectoria profesional, que le ha llevado a ocupar la silla de Rector en la Universidad Autónoma de Madrid, a ser miembro del Consejo Asesor de Medio Ambiente y del Consejo Nacional de Bosques. Su trabajo en colaboración con los Ingenieros de Montes la convirtió en Ingeniera de Montes de honor y en académica de número de las academias de Historia y de Ingeniería. Serían necesarias muchas más líneas para no faltar en rigor al historial profesional y de vida de esta madrileña de Chamberí. En su discurso de ingreso en la Real Academia de Ingeniería apuntó que su campo de interés era «la configuración de los paisajes en esa relación compleja de la naturaleza con la sociedad, la cultura y la técnica«. Quizá ahí tengamos una excelente descripción de todo a lo que se dedica la Geografía.

sobre el territorio se construye y se organizan los recursos

«La Geografía constituye el paisaje«, explica Gómez Mendoza para TnL, pero no como una idea sublime, porque «todo es paisaje«. Así, esta disciplina se conforma por algo mucho más amplio que la ubicación de la cosas, porque las cosas están ubicadas según unas reglas. «A los geógrafos nos gusta hablar de una cultura del territorio, porque tiene un orden, unas jerarquías, unas redes… y nos parece que casi todo pasa sobre el territorio. Sobre el territorio se construye y se organizan los recursos, por eso es tan importante conocerlo y enseñar bien a los niños todo lo que es la cultura territorial, con su repercusión en los valores y el conocimiento de lo que los hombres han hecho sobre ese territorio«, explica.

Geografía e identidad

Fuera de la tradicional Cartografía, la Geografía moderna, siempre relacionada con la Historia, se afianzó en el ámbito de la enseñanza secundaria y superior, y la mayoría de los que estudiaban Geografía era para acabar de profesor de Instituto, cuenta Gómez Mendoza. Es a principios del siglo XX cuando se consolida como partícipe en los proyectos de planeamiento urbano, en las localizaciones industriales y en la organización de territorio. Ahora, relata Gómez Mendoza, existe un Colegio Oficial de Geógrafos que marca el trabajo de la disciplina en el análisis, diagnosis y proyectos sobre el territorio.

los entes territoriales son imaginarios

Gómez Mendoza señala que la Geografía se ha usado como elemento geopolítico, de esa forma el estudio de esta materia muestra mejor que otras cómo se crean las entidades territoriales. Historia y Geografía se tocan y manipulan en la enseñanza para fomentar y reforzar esas entidades territoriales. Un ejemplo de ello son los mapas políticos de Argentina, donde no hay ninguno que no incluya las islas Malvinas, hoy territorio no autónomo perteneciente a Gran Bretaña. Como parte de su labor, Josefina Gómez Mendoza comenta que ha revisado todas las exposiciones que hacen las Comunidades Autónomas acerca de sus motivos para la ordenación del territorio, «y todas ellas crean permanentemente identidad, retocando, creando y formando nuevas identidades«.

Así es como se justifica que en las competencias educativas de las CC.AA. se ocupen sólo de sus partes respectivas, potenciándolas si es necesario hasta traspasar la realidad. Le comentamos a Gómez Mendoza el caso de los libros de texto andaluces de hace unos pocos años, donde se afirma sin ningún rubor que el pico más alto de España es el Mulhacén. Para Gómez Mendoza «los entes territoriales son entes imaginarios, políticos, y la Geografía tiene mucho que decir sobre esas imágenes colectivas«, especialmente cuando estas se usan para contribuir a los nacionalismos de Estado, realizando sobre ella reformas de carácter identitario.

El paisaje como patrimonio

Elías Fereres, actual presidente de la RAI, comentaba hace poco para TnL que la aspiración de la Academia es la de ser un foco de asesores expertos para beneficio de la sociedad. ¿Cuál sería entonces el campo en el que la Geografía debería tener voz? Para Gómez Mendoza claramente sería el Paisaje y el Patrimonio. «Hace algún tiempo hicimos, por encargo del Ministerio de Fomento, un trabajo de identificación y cartografía de paisajes de la geografía española. Fue un trabajo de campo, recorriendo toda España, con una gran cantidad de fotos, organizando esas unidades de paisaje, haciendo tipos y asociaciones de paisajes. ¿Qué utilidad tenía eso? Evitar que se interviniera con cualquier infraestructura en cualquier sitio. Habitualmente se habla del impacto ambiental, pero también es necesario hablar del impacto paisajístico«, señala.

Gómez Mendoza aborda con claro pesar lo que se ha dado a conocer como el Mapa de los horrores urbanísticos de Madrid. Uno de ellos es la llamada Operación Mahou-Calderón, que ataca uno de los lugares más emblemáticos de la capital. «Desde la Pradera de San Isidro se ve todo el conjunto que se conoce como la fachada imperial. Con la introducción en los planes urbanísticos de esta operación se quieren poner dos torres enormes en el Calderón. Ese paisaje es un icono madrileño, representativo de la ciudad y de sus ciudadanos, y encima lo pintó Goya, con lo que ya casi llevaría implícita la protección, pero no sólo no se ha protegido, se ha destrozado. Y de esas hay más», dice Gómez Mendoza. Para esta profesora e investigadora el paisaje forma parte de patrimonio, y como tal es un valor colectivo que hay que proteger.

la idea de la excelencia se ha banalizado

Gómez Mendoza ha sido jefa de departamento, decana y rectora de su Universidad. Desde la experiencia ganada en estos cargos considera que las Facultades no deberían existir como tales ya que son estructuras rígidas, «artefactos de matriculaciones», mientras que sólo el fondo, los departamentos, mantienen una actividad de trabajo y flexibilidad. Igualmente defiende que la enseñanza debe ser accesible para todo el mundo y dar el servicio docente, pero que no es positivo para la investigación universitaria que todas las ciudades quieran tener una Universidad con todas las titulaciones.

En cuando a los conceptos de Excelencia en la Ciencia que actualmente se manejan y fomentan desde el H2020, Gómez Mendoza es partidaria de saber reconocerla, y no otorgarla por todas partes. «Excelencia es una palabra que se ha banalizado y nadie sabe ya lo que es; es como la Sostenibilidad, forma parte de las buenas intenciones», y esa tendencia igualitaria a hacer que todo sea sostenible y excelente «no es tan buena», afirma. «La Sostenibilidad es la suma de la ecología, la economía y la sociedad, las tres en conjunto, y no puede ser que sea sostenible una sola, sino las tres», explica.

Pensar y actuar

Volviendo al tema de la manipulación en la Historia y la Geografía preguntamos a Josefina Gómez Mendoza por la manipulación de las métricas geográficas con fines territorialistas o políticos. Aunque lo primero que hace es defender la legitimidad democrática y la responsabilidad del elegido en las urnas, también confirma que los datos se pueden manejar de dos maneras, y no es desde arriba (los intereses políticos) hacia abajo (la sociedad) como deben manejarse. ¿Cómo pueden en tal caso los ciudadanos protegerse de esa manipulación? Para Gómez Mendoza es necesario tener una masa crítica suficiente, que sepa ver la interpretación sesgada que se da a algunas presentaciones. «Hace falta masa crítica. Los smartphones nos aíslan en lugar de comunicarnos más. Bien usado te comunicas con otras redes, pero mal usada pierdes la cohesión social. Me asusta, por ejemplo, la noticia de que la Selectividad se va a hacer ahora tipo test. ¿Y el pensamiento crítico? La enseñanza debe enseñar a pensar, a ver, a reconocer lo verdadero de lo falso. Hay que aprender a ver«, afirma.

En una anterior entrevista para TnL, el naturalista y escritor Joaquín Araújo afirmaba que las ciudades nunca pueden llegar a ser sostenibles porque en realidad la ciudad «es sostenida» por el campo. Gómez Mendoza se muestra totalmente de acuerdo con la afirmación de Araújo, sin embargo señala que lo que le interesa como geógrafa es «que se busquen soluciones que ya estén probadas». Como ejemplo pone el caso de la ventilación. Está probada la efectividad de ventilar simplemente abriendo ventanas, ¿para qué necesitas un edificio inteligente con sistemas de renovación de aire si abriendo las ventanas unos minutos al día es suficiente? «O como decía García Olmedo, que antiguamente el brasero de las abuelas era la biomasa, y todo se aprovechaba, no se tiraba nada, y las sobras de la comida eran para los animales o para la tierra«, apunta.

Hace falta masa crítica que sepa diferenciar lo verdadero de lo falso

Gómez Mendoza habla de la importancia de los espacios arbolados en las ciudades para lograr el confort en los espacios públicos. Para ella un claro ejemplo de mal uso del arbolado en los espacios públicos es el eco-bulevar de «árboles de aire» que se ha construido en el nuevo ensanche de Vallecas, un gran círculo con árboles artificiales que echan agua vaporizada. El proyecto ha ganado incluso algún premio, pero señala la profesora que «en esa zona no hay nadie en verano, mientras que el viejo ensanche está lleno«. Defiende la enorme comodidad que otorgan los árboles a los espacios abiertos de la ciudad, y afirma que «hay que copiar las buenas ideas, pero las cosas que estaban ya bien hay que mantenerlas» como los paseos de arboledas en Aranjuez, kilómetros de árboles separando las huertas que hacían más cómodo el tránsito de gente en los meses de calor.

Las ciudades también pueden favorecer o dificultar la integración y la igualdad entre los ciudadanos según su distribución, su red de transportes, el comercio y los servicios. Gómez Mendoza afirma que «las ciudades pueden convertirse en guetos de los que no se sale, por lo que la conectividad urbana pública tiene que ser muy buena«. En el caso de Madrid parece que las políticas actuales favorecen mucho más el uso del coche, como con el soterramiento de la M30 para permitir la entrada de más coches, algo que «tarde o temprano se colapsará». En opinión de la profesora no hay que crear desigualdad favoreciendo la circulación de coches, pero sí igualar las oportunidades por medio del transporte público.

Hablando de las ciudades y de las hazañas urbanísticas no podíamos no hablar de las famosas glorietas o rotondas, «otro de los fastos de nuestro siglo» según Gómez Mendoza. Sin negar el beneficio circulatorio de las mismas, la profesora las considera «una desmesura y una superficie brutal, desproporcionado desde el punto de vista ambiental«, tanto más cuando el centro de las rotondas, a veces espacios gigantescos usados como expositores de fuentes y esculturas de todo tipo, se contabilizan como zona verde. En este sentido señala que «los geógrafos deben entender que su conocimiento es transversal, y tienen que poner su conocimiento al servicio de otras disciplinas, ayudar a interpretar las cosas por el encadenamiento de los hechos naturales y humanos y trabajar en la ciudad moderna«. A esto sólo le falta que el cambio de modelo político sirva para reconectarnos con la sensatez urbanística.

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