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Entrevista a Nacho Cerdá
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Nacho Cerdá, artífice de Phenomena Experience

Tal vez habría que cambiar la forma de exhibir una película

¿Una peli de hace 20 años en el cine? Se hace raro. Sí, es curioso poder verla en pantalla grande otra vez pero, ¿quién iría? Algunos han dicho que la gente no va a los estrenos porque, al poco de salir, ya se está distribuyendo en el mercado pirata y, si ya la han visto, ¿para qué ir a la sala? Pero una peli de hace 20, 30, 40 años… La han puesto en la tele hasta decir basta, hay DVDs para aburrir y de descargas, mejor ni hablamos. Posiblemente, hasta el menos cinéfilo tiene una copia en su equipo sólo porque puede tenerla. ¿Por qué ir al cine a verla? La primera vez que asistes a una de las sesiones que organiza Phenomena entiendes por qué. Personas de todas las edades, géneros y estilos hacen suya por unas horas una sala de cine para ver ¿Quién mató a Roger Rabbit, Siete novias para siete hermanos, Cantando bajo la lluvia, Grease, Re-animator, La naranja mecánica, He-Man, La princesa prometida o, como anoche, Drácula de Bram Stoker.

Así que aprovechando la proyección en los cines Callao de un sorprendente programa doble con Drácula y Moulin Rouge, quedamos con la cabeza perpetradora de Phenomena Experience, Nacho Cerdá, que nos recibe en el propio hall de la sala Callao tras el intermedio de la primera proyección. Aunque por su forma de hablar podría parecerse más a John Wayne en “Un hombre tranquilo”, lo cierto es que la entrevista de tranquila tiene poco. Mientras la segunda sesión ya está en marcha, en plena tanda de preguntas, Cerdá tiene que volver a entrar varias veces a la sala a coordinar ajustes de la proyección con sus colaboradores. Dentro, el público corea entusiasmado las escenas más esperadas de la película. Es lo habitual en Phenomena, pero no deja de sorprender ver y oír a gente tan entregada y manifiestamente entusiasta dentro de una sala, donde lo que se suele pedir es “silencio”. Aquí lo que hay es otra cosa. Un cine en el que puedes demostrar lo mucho que te gusta el cine. Y nuestra primera cuestión es justamente esa, ¿cómo consigue tener una sala llena (llena) para dos películas que no son de estreno?

La respuesta de Cerdá está en la experiencia del cine. Al igual que con la música, una cosa es tener un LP en casa y escucharlo cuando quieras, y otra muy distinta ir a un concierto. Ir al cine “es un acto festivo que compartes con una colectividad, y por mucho que ya hayan visto la película o la hayan descargado, eso no puede quitarle el mérito a redescubrirla en pantalla grande, rodeado de gente”, explica. Y da igual la edad, porque hay sesiones a las que van desde niños de siete años a gente bastante más mayor, da igual la época y el estilo de la proyección, “mientras valga la pena redescubrirla”.

La primera experiencia Phenomena es, en realidad, muy reciente. Fue en diciembre de 2010, en el cine Urgell de Barcelona, “ahora muerto”, señala con cierta tristeza. En esa primera exhibición, sin apenas difusión más que el boca – oreja, 1300 personas fueron a ver un programa doble con Tiburón y Alien. A partir de ahí “fue como Radio Macuto”, se lo iban contando unos a otros, esperando más sesiones, creciendo como un evento familiar hasta hoy, con un seguimiento excepcional, y sesiones en diversas salas de la ciudad condal o en Madrid.

Cerdá comenta con cierta pesadumbre que, en ocasiones, son las propias salas las que se ponen en contacto con ellos para llevar Phenomena hasta allí, pero han tenido que decir que no. Las razones de Cerdá están en consonancia con el propio espíritu y razón de ser de Phenomena, “ser una fiesta, no una franquicia”. Cerdá está presente, personalmente, en las proyecciones. Las presenta al público, les cuenta cómo ha sido su localización y por qué van a ver lo que van a ver. No es pasar la cinta sin más. Cada exhibición es una labor artesanal llena de cariño por el público y de amor por el cine. “No tengo el don de la ubicuidad, por eso hay sitios donde no se lleva, porque no puedo ir”.

En una entrevista reciente, el Presidente de la Academia del Cine, Enrique González Macho, afirmaba que bajar el precio de las entradas acabaría con el cine. En Madrid, como en otras provincias, son 8,90 euros habitualmente. Respecto a los precios de Phenomena, Cerdá ha querido mantener una tarifa más popular, en sesiones que suelen incluir varias películas, tal y como se hacía antiguamente en los cines de barrio. Cerdá recuerda que el primer exhibidor con el que presentó Phenomena comentó el bajo precio de la entrada sin muchas esperanzas, pero la idea es que sea, y siga siendo, un evento popular, a un precio popular. Este mes de marzo, por ejemplo, un ciclo sobre Hitchcock incluirá cuatro películas por 20 euros, aunque quien quiera verlas individualmente podrá hacerlo por 6 euros cada una. Casi tres euros menos, para quien se acuerde son 500 de las antiguas pesetas. Hoy tres euros no dan ni para invitar a desayunar, pero antes, con 500 pesetas se podían hacer grandes cosas.

El 90% de las proyecciones de Phenomena son películas analógicas de 35mm tal cual se encuentran en estos momentos, algunas pocas son restauradas. Es parte del encanto, de la experiencia Phenomena. El trabajo de localización de las cintas, explica Cerdá, “es una labor de búsqueda incesante para lograr una experiencia que te transporte a la época”. Por eso, tal y como explica, hay películas que todavía no entran en programa a pesar de las peticiones populares, porque no han logrado encontrar una buena copia.

En ocasiones es todo un trabajo de “arqueología”, porque dar con copias de estas características no es tan fácil. Hay muchos sitios donde buscar: filmotecas, estudios, coleccionismo privado, agentes internacionales… pero a pesar de eso, no siempre se puede encontrar el soporte que se quiere, según nos cuenta Cerdá. De alguna forma, la digitalización ha acabado con muchas de ellas. Esa es otra de las razones (la búsqueda de buenas copias analógicas) que hace que la mayoría de las películas que programa Phenomena sean V.O. con subtítulos. A la dificultad de encontrar una cinta en buenas condiciones hay que sumarle la de que esté ya doblada. A veces lo consiguen pero, cuando no, no deja de ser un aliciente más el poder disfrutar el largometraje con el sonido original.

Para Cerdá, hoy en día “el cine es percibido como algo falto de valor y despreciable, algo que no vale nueve euros”, pero la acogida de Phenomena habla en sentido contrario. Para Nacho Cerdá la clave está en cómo se presenta y cómo se exhibe el cine actualmente. “Falta encanto, magia y emoción en la exhibición actual”, afirma. “Phenomena es para los que nos gusta ir al cine y nos sigue gustando. Todo lo demás es una falacia”. Cerdá recuerda que ha habido muchos cambios a lo largo de la historia del cine, incluida la presencia de Internet, “pero no se pueden meter todas las cosas en el mismo saco”. Si te gusta la música, puede que te descargues una canción, pero pagarías 70 euros para ir a un concierto.

“Hay que tener en cuenta que el cine comercial tiene su vida” dice Cerdá, y a veces también tiene su tiempo y su lugar. “Tal vez habría que cambiar la forma de exhibir una película. Tal vez no debería haber 12 estrenos el mismo viernes, o que estén en un centro comercial, que casi hay que hacer una excursión para disfrutar de una película”, explica. “Ha habido demasiada oferta y eso, tarde o temprano tenía que explotar, como otra burbuja. Sin embargo, el público está demostrando que va a ver lo que le interesa”. Todo tiene una evolución, y el cine no escapa de esta ley. Hace 20 años, cuenta Cerdá, se pusieron de moda las multisalas en detrimento de otro tipo de exhibición. Esto tuvo su tirón y todo el mundo se fue a la multisala, “hasta que petó”, comenta. “Ahora ya vemos que hay poco público para tanta sala”.

Sobre el futuro de Phenomena, Cerdá lo que quiere es recuperar de nuevo este tipo de cine, y que sea lo más normal del mundo ver en el cine una película de hace 40 años. Pero también que eso no se convierta en la causa de su propia muerte. El problema cuando algo funciona, cuenta Cerdá, es que se trata por todos los medios de industrializarlo, de convertirlo en una forma de explotación y volvemos al problema. “Hacemos lo que hacemos por amor y por pasión. Lo demás son intereses comerciales que no necesariamente nos mueven”, concluye. 

En el tintero se nos quedan muchas cuestiones. Hay poco tiempo y Cerdá tiene que volver a la sala. Quedan pendientes para otra vez.

Fotos: Roberto Díaz para TnL.

 

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