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104 satélites puestos en órbita por SpaceX podrían caer a la Tierra sin llegar a activarse

Atrapados en el espacio

Los satélites caseros son una afición relativamente popular en EEUU. Gracias a que la NASA aprovecha sus recursos para poner en órbita estos satélites de forma gratuita, siempre que se justifiquen fines educativos, no son pocos los creadores de pequeños satélites capaces de hacer fotos, tomar mediciones y llevar a cabo otras sencillas tareas orbitando alrededor de la Tierra. En esta ocasión, ha sido la compañía SpaceX, fundada por Elon Musk, la que ha ayudado a que KickSat un proyecto basado en microsatélites muy baratos, literalmente, despegue. Aunque, una vez en órbita, parece que no todo está saliendo como se esperaba.

En 2013 tuve la ocasión de observar el artefacto creado por uno de estos proyectos en un hackerspace de San Francisco. Basado en Arduino y hardware muy básico, pero capaz de cumplir con su misión, casi toda la complejidad estaba en el software y, por supuesto, en lo que rodeaba a la electrónica. Resistir las condiciones de la ionosfera no es sencillo, por lo que el aspecto final era el de un cubo blindado que recordaba a una pequeña lavadora de 10cm de lado. En este caso, Zac Manchester, el creador de los 104 satélites idénticos, llamados Sprite, ha ido mucho más allá.

Un satélite por 25 dólares

La historia de su creador es curiosa. En 2011 Zac Manchester era un estudiante de ingeniería aeroespacial de la Cornell University que pensó que un satélite barato y, sobre todo, pequeño podría reducir los costes de poner en órbita el dispositivo, permitiendo a todo el mundo hacer su pequeña carrera espacial. Dicho y hecho, diseñó su minisatélite en el que todo, desde el procesador hasta los paneles solares, está contenido en un integrado de 3,5 x 3,5 cm. y los componentes son tan sencillos que el coste de cada unidad es de sólo 25 dólares.

Prototipo del minisatélite diseñado por el equipo de la Cornell University.Prototipo del minisatélite diseñado por Zac Manchester y el equipo de la Cornell University.

Sin embargo, desesperado por no poder sacar adelante algo que sobre el papel parecía viable e interesante, probó suerte con un sistema que todavía empezaba a despegar: la financiación colectiva (crowdfunding) vía Kickstarter. 315 personas proporcionaron más del doble del dinero necesario, recibiendo el derecho a incorporar su nombre a uno de los satélites y, dependiendo de la cantidad, la capacidad de personalizar el software de tu Sprite con un kit de desarrollo para decidir el comportamiento del pequeño dispositivo en el espacio. 

Cada Sprite está equipado con un sensor de entre varios tipos, entre los que hay termómetros, acelerómetros o sensores de magnetismo. Los emisores integrados, alimentados por energía solar, utilizan la frecuencia de 437,240 MHz y codificación CDMA para separar las señales de cada Sprite y poder tomar las lecturas de manera independiente. De este modo, la base instalada en la Cornell University, tiene la capacidad de llevar un seguimiento del conjunto de dispositivos en órbita.

Cornell, ¡tenemos un problema!

Cuando este proyecto se lanzó, SpaceX se ofreció para poner en órbita los satélites. El procedimiento consiste en empaquetar los Sprite en una caja (KickSat) que se puso en órbita en una misión enviada el 18 de abril. KickSat ha estado orbitando a baja altitud desde entonces, esperando al momento de liberar los satélites para que cumplan con su misión. La fecha programada para ello era el 4 de mayo. Sin embargo, el 30 de abril suceidó algo inesperado. Las señales que se están recibiendo desde la base apuntan a que el controlador del KickSat se ha reiniciado. Los creadores achacan a la radiación el fallo en la electrónica del contenedor, y no a un fallo de diseño. Claro que, tal vez, el diseño debería haber contemplado este problema.

Si no se produce ninguna nueva interrupción, la nueva fecha de liberación sería el 16 de mayo. Sin embargo, los satélites que orbitan a baja altitud tienen un tiempo de vida muy limitado y se teme que el contenedor no llegue a completar su misión. El riesgo es que KickSat, sin llegar a abrirse, termine cayendo sobre la superficie terrestre.

En caso de que el equipo de la Cornell University consiga su propósito, los minisatélites orbitarán alrededor de la Tierra, enviando señales de radio con las mediciones obtenidas hasta volver a entrar en la atmósfera y desaparecer. Según las estimaciones, en el mejor de los casos el tiempo de vida de cada Sprite será de unas seis semanas, aunque puede reducirse notablemente si las condiciones atmosféricas no son propicias.

Fotos: NASA, Cornell University

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