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¿Hay algo que podamos hacer cuando la otra persona ya se ha formado una opinión de nosotros?

5 formas de darle la vuelta a una mala primera impresión

Las primeras impresiones se crean con una rapidez pasmosa. En apenas un segundo somos capaces de hacernos una idea de cómo es o no es una persona y clavarles la cruz para siempre. En un segundo ponemos etiquetas indelebles sobre la inteligencia, confiabilidad o éxito de la persona que tenemos delante claro que, aunque solemos dar mucha importancia a esas primeras impresiones, la verdad es que no siempre son lo más acertado.

En muchas ocasiones, los nervios, una mancha inoportuna o una mala noche juegan una mala pasada a las personas a la hora, por ejemplo, de causar una buena impresión en una entrevista de trabajo o en una cita. ¿Hay algo que podamos hacer cuando la otra persona ya se ha formado una opinión de nosotros? Aquí tenemos cinco consejos que te pueden ayudar a cambiar una mala primera impresión.

1- Información

Vas en un autobús, junto a una persona joven sentada se coloca un anciano sin que el joven mueva un músculo para cederle en asiento. Es inevitable, lo primero que vas a pensar es en lo mal educado que está ese joven y en la falta que le hacen dos tortas por desconsiderado. Pero a poco que la persona indique que no puede levantarse porque tiene un esguince en el pie, la cosa cambia bastante.

La cuestión está en ser conscientes de nosotros mismos y de nuestro entorno. Si da la mala casualidad de que camino a nuestra entrevista de trabajo nos hemos tirado un café encima, lo que no podemos hacer es quedarnos callados dejando que el entrevistador se forme una idea, seguramente equivocada, de por qué vamos manchados a una cita tan importante.

Investigaciones de la Universidad de Cornell revelaron precisamente que es esencial mostrar la razón de nuestras acciones e intenciones (que no mentir), para invertir las opiniones desfavorables que puedan hacerse de nosotros.

2- Justicia

Aunque la situación de mundo pueda hacernos pensar lo contrario, lo cierto es que todos aspiramos a la Justicia, y valoramos mucho la equidad. Quizá el problema esté en lo que cada uno entiende por “justo”, pero de lo que no hay duda es lo importante que es, en este caso, activar el deseo de ser justos.

¿Cómo podemos usar esto para invertir una mala opinión? Hablando de la capacidad de ser ecuánime juzgando a las personas y de lo importante que es esa habilidad en un puesto que exige valorar a las personas, o también se pueden compartir las propias experiencias sobre el tema, como aquella vez que juzgamos mal a otro.

3- Ayuda a otros

Si crees que caes mal a alguien lo más probable es que mantengas las distancias con esa persona, ayudando así a mantener su idea de ti (a veces el error de juicio está en pensar que otros no piensa bien de nosotros). Si somos capaces de vencer esa traba, podemos estar pendientes las necesidades de la otra persona para, en un momento determinado, prestarle nuestra ayuda.

Es lo que se denomina como “identificación de oportunidades de colaboración”, pero requiere un ejercicio de voluntad y luchar contra el instinto de alejarnos de quien (pensamos) no nos quiere. Hacerlo es una buena manera de corregir los errores de percepción.

4- Date a conocer

Dar información, decíamos, es una forma de reconducir las opiniones negativas sobre nosotros. En una línea similar está esta fórmula, pero igual que todas las anteriores requiere un esfuerzo por parte de la persona en darse a conocer.

Se trata de mostrar continuamente las partes positivas de nuestra personalidad y las cosas que hacemos. Compartir con otros nuestras aficiones y logros seguramente ayudarán a que algunas ideas preconcebidas se vayan desmontando… salvo que te tengan por un presuntuoso.

5- Que otros hablen

Si tú eres la única fuente de información positiva sobre ti, llegará un momento en que la cosa olerá a chamusquina. Es como tener un perfil fabuloso en Twitter que nadie sigue. Sin embargo, cuando otros son los que hablan de nosotros (y lo hacen bien), la gente es más propensa a tomarlo en serio.

Claro que no cualquiera puede ayudar a generar ese cambio de opinión. La gente no valorará igual una buena referencia de parte de tu madre que de un anterior jefe. Cuanto más valorada como prescriptora esté la persona que habla de ti, más a tu favor.

Fuente: Business Insider

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