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La profecía
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Cómo ayudar a los niños a gestionar (bien) su ira

6 consejos para descabrear a tu hijo

Ira, enojo, cólera, furia, enfado, irritación, cabreo. Lo llamemos como lo llamemos se trata de una emoción natural, muy humana. Algo que nos ayuda a defendernos cuando nos sentimos amenazados. El problema viene cuando se desborda. La mayor parte de las veces el energúmeno no sabe cómo calmarse ni gestionar lo que está sintiendo en ese momento. Lidiar con la ira no es fácil en ningún caso. Tratar de evitarla o suprimirla sólo consigue que se explote tarde o temprano, pero aprender a manejarla en edades tempranas es fundamental. Meaghan O’Keeffe es una enfermera, escritora y madre que trabajó Trabajó en el Hospital de Niños de Boston durante casi diez años, y que colabora enseñando a los padres a ayudar a sus hijos a controlar sus accesos de ira.

La propia Meaghan explica que su propia forma de enfocar la ira le ayudó a entender cómo podía ser útil para otros. Ella se considera una “supresora”, alguien que “apaga” la respuesta al sentimiento porque estar enfadada la hacía sentir incómoda. De esa forma, cuando sus hijos expresaban su irritación ella siempre trataba de hacerles ver el lado positivo de la situación. Sin embargo empezó a preguntarse si sería bueno enseñar que la ira no estaba bien, y de ahí salieron estos seis consejos:

Habla sobre la ira cuando todo esté calmado

En pleno cabreo no será conveniente ponerse a analizar con el niño por qué persigue al gato con un cuchillo de trinchar. Es mejor esperar a que todo esté tranquilo, sentarse con él y preguntarle qué piensa acerca de lo que ha pasado. El niño debe entender que cabrearse es normal, lo anormal es no cabrearse nunca. Ahora bien, ¿qué tiene que aprender de eso? Es bueno que conozcan y reconozcan los “síntomas”, que sepan describir cómo se sintieron mientras estaban en pleno momento “niña del exorcista”: sentir que respiran más rápido, que se ponen rojos o, incluso, que les duele la barriga. Querrán gritar y sentirán deseos de romper algo, pero deben entender que aunque enojarse sea normal, no es bueno hacer daño a alguien a causa de ese enojo. Algunos niños prefieren aislarse y estar solos cuando se enfadan. Deben aprender qué cosas son las que les llevan a desencadenar el apocalipsis, cómo lo sienten y qué cosas pueden hacer para manejarse en esos momentos. Pero como decíamos al inicio, todo eso cuando el mar esté en calma, nunca en medio de la tempestad.

Identifica los factores desencadenantes

¿Por qué? Esa es una gran pregunta que hay que hacerse siempre. Es importante enseñarles (y aprender) a reconocer cuáles son las cosas que liberan al kraken. Los más habituales son:

  • Perder un juego
  • No lograr algo que se desea
  • Ser objeto de burla
  • Tener problemas para terminar algo que se han propuesto o una tarea

Es bueno entender que detrás de todas estas cosas hay un único sentimiento: frustración. Por eso, también les ayudará bastante aprender a ver los “fracasos” como pasos de aprendizaje, y a transformar su cabreo en un impulso para querer mejorar. Aunque esa parte es más complicada porque hasta a los adultos nos cuesta.

Ten un plan

En caso de ira accione la palanca. La idea es saber qué hacer en caso de cabreo. Ayudarle a respirar algo más tranquilo, practicando respiraciones profundas, imaginando, por ejemplo, que se están soplando pompas de jabón. También puede ser útil, según los casos, hacer algo de ejercicio físico, obligar al niño a salir de su estado cambiando el entorno y la actividad como salir a patinar, a montar en bici o a correr. De esa forma su mente no estará sólo centrada en su conflicto, y el ejercicio le ayudará a calmar su exceso de energía. Otras cosas como dibujar o escuchar música también contribuyen a relajar el ambiente, igual que Orfeo calmando a las fieras con su lira. En cualquier caso, como vimos al principio, lo importante es practicar y ensayar todo esto con el niño cuando está tranquilo, no en plena vorágine.

Usa la imaginación

Para el niño puede ser muy útil darle forma en su mente al cabreo. Imaginarlo como un cachorro travieso que hay que controlar. El ejercicio necesitará que practique y ensaye con su imaginación, que trate de controlarlo cuando se vaya por donde él no quiera o haga algo que no desea. Igualmente puede imaginar la ira como un volcán a punto de estallar, en el que la lava asciende violentamente y quiere destruirlo todo. O como una tormenta. Da igual. Con su imaginación puede aprender a controlarlo, a llevar a la calma las situaciones explosivas, y aprenden también a reconocer los síntomas de la ira antes de que llegue a un punto sin retorno.

Permite que hablen a través de su ira

No esconder. No ocultar. No tapar. El gas de una olla a presión no se puede retener, hay que liberarlo poco a poco o prepararse para una explosión. Cuando el niño se sienta frustrado, ofendido o molesto, tiene que poder (y saber) explicar por qué. Es bueno que lo hablen, que lo saquen por medio de palabras, que le sepan poner nombre a lo que sienten. De esa manera van liberando parte del gas de su olla a presión interna. Hay que permitirles hablar, pero dentro de unos límites, interviniendo cuando sea necesario para evitar que la expresión se convierta en el detonante de un nuevo cabreo, especialmente en las peleas entre hermanos. Y mejor hacerlo antes de que lleguen a los golpes o los objetos arrojadizos.

Resiste la tentación de arreglarlo

Tal vez esta sea, según O’Keeffe, la parte más complicada, porque ningún padre quiere ver cómo sus hijos entran en esa espiral destructiva del cabreo. La liberación indiscriminada de emociones negativas no es plato de gusto para nadie, y ningún progenitor se siente bien contemplando cómo su angelito se convierte en Damien porque su hermano no le presta el lápiz verde. Nuestro instinto nos impulsará a poner orden en el caos cuanto antes, incluso por la fuerza, pero eso impediría que supieran realmente cómo llegar a manejar esas situaciones. Las cosas no se aprenden a la primera. Necesitan tiempo, y hay que darles ese tiempo para que lo puedan aprender. Así es.

Fuente: http://childrenshospitalblog.org/

Imagen: Fotograma de la película “La profecía”

 

 

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