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El servicio colaborativo pretende así zanjar polémicas

Airbnb pagará tasas turísticas en Washington D.C. y Chicago

De un tiempo a esta parte la revolución del consumo colaborativo ha supuesto una importantísima ayuda al bolsillo de muchas personas, que han visto en el mismo una gran alternativa a productos, servicios y canales de distribución tradicionales. Desde la posibilidad de compartir coche con Blablacar hasta de alquilar un apartamento para las vacaciones en Airbnb, pasando por la polémica Uber, en la que taxistas de medio mundo han visto una amenaza que, además de resultar más economica, no estaba sometida a las mismas regulaciones que ellos. En todos los casos, aunque con especial virulencia en el último, los «actores tradicionales», es decir, aquellos cuya actividad económica se ve afectada por estas alternativas, no han dudado en plantar cara a estas, si bien no lo han hecho en muchos casos tanto por la vía de mejorar la oferta, como por la de intentar acabar con dichos servicios. Así, ahora mismo Uber no puede prestar sus servicios en España, Blablacar se ha enfrentado a denuncias por parte de empresas de transporte por carretera, y por su parte Airbnb se ha enfrentado a sanciones administrativas en Cataluña. Y si bien es cierto que, en muchos casos era necesaria la adecuación de sus operaciones al marco legal que rige donde estas se desarrollan, tampoco se puede negar que muchas de ellas se han tomado esto en serio y están trabajando para ceñirse a la ley. Tal es el caso de Airbnb, que empezará a pagar la tasa turística en Washington D.C. y en Chicago.

No es el primer movimiento de la empresa en este sentido, ya en abril del año pasado llegó al un acuerdo de similares características con la ciudad de San Francisco, así como en Portland, y se encuentra en negociaciones con otras entidades municipales y estatales para adapatarse a las regulaciones propias del sector, tanto en Estados Unidos como en Europa, por lo que cabe suponer que sólo es cuestión de tiempo que el modelo de negocio basado en el consumo colaborativo sea impecable desde el punto de vista fiscal y legal.

Entonces es cuando habrá que empezar a preguntarse qué piensan hacer aquellos sectores que se han visto amenazados por esta nueva modalidad de consumo. Hasta ahora, como ya decía antes, la respuesta ante los mismos ha sido reclamar a las autoridades públicas la concurrencia de los mismos en igualdad de condiciones. Esto, por supuesto, es lógico y respetable, especialmente en un marco tan sujeto a las regulaciones como el actual. Sin embargo, está claro que, por ejemplo, un hotel no puede competir en precio con un particular que alquila una habitación de su casa por días. Por lo tanto, queda claro que dichos sectores tendrán que ser capaces de reinventarse, de descubrir cómo atraer a una creciente cantidad de usuarios que se están desplazando hacia estas nuevas maneras de consumir.

 

Imagen: Matt Aiello

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