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Según una investigación de la Escuela de Negocios de Harvard y la Universidad de Pensilvania

Algunas estrategias para reducir el consumo de bebidas azucaradas pueden aumentarlo

En los últimos años se ha ido revelando la cara más oscura del consumo de azúcar por las estrategias del lobby para meternos el azúcar hasta en la sopa (literalmente), como por los dañinos efectos que tiene sobre la salud un consumo regular, por eso un problema de esto sigue siendo que numerosos productos envasados llevan el azúcar entre sus ingredientes.

Ante el problema que supone la ingesta excesiva de este alimento, se han puesto en marcha diversas iniciativas con la intención de reducir el consumo de las personas, acompañado a veces de un incremento de los impuestos a los fabricantes de bebidas azucaradas. En algunos países las empresas reaccionaron a este cerco, y establecieron estrategias para cumplir con los nuevos límites legales. Una de esas estrategias ha sido la de ofrecer vasos de refill más pequeños, sin embargo un reciente estudio viene a cuestionar la efectividad de esa estrategia.

Según Leslie John, de la Escuela de Negocios de Harvard y primer autor de esta investigación que ha contado también con la participación de Christina Roberto, de la Universidad de Pensilvania, se analizaron las variaciones de consumo en la venta de bebidas azucaradas en envases más pequeños y en los vasos de refill.

Los resultados apuntan a que las bebidas envasadas en formatos más pequeños, puestas a la venta en los establecimientos de alimentación, favorecían que las personas eligieran el empaquetamiento reducido frente al grande, aunque sin afectar el consumo final. Sin embargo, al reducir el tamaño de los vasos de refill, lo que se vio es que la gente tendía a rellenarlo más y, en total, llegaban a consumir hasta un 44% más de bebidas que con los vasos grandes.

La razón de todo esto, según los investigadores, está en la idea compensar el gasto o, dicho de otro modo, ya que lo he pagado, me lo bebo aunque me mate. Quizá por eso no hay que ir muy lejos para encontrar noticias de gente que muere o acaba hospitalizada, por beberse la botella de Vodka entera en el control del aeropuerto para no dejarla en tierra. El estudio no deja a los seres humanos demasiado bien parados porque luego añade que este efecto perverso del refill se puede amortiguar si, en lugar de que el camarero rellene la bebida del cliente, los establecimientos hacen que la persona se levante a rellenarla. ¿Además de tontos, vagos? No, no nos deja en muy buen lugar.

Fuente: APS

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