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Se comprueba la efectividad de imágenes tomadas por satélite para el recuento de ejemplares

Ballenas vía satélite

Gravity, una de las favoritas este año en la carrera de los Oscar, tiene en su génesis el problema de un espacio saturado de objetos, parte de ellos útiles, otra buena parte de ellos basura espacial. Sin embargo, no es menos cierto que día a día descubrimos nuevos y fascinantes usos para toda esa tecnología que orbita a varios kilómetros, en órbita geoestacionaria, sobre nuestras cabezas. Un último ejemplo de ello es cómo, imágenes de VHR (Very High Resolution, traducido al castellano Muy Alta Resolución) obtenidas por el satélite WorldView-2, pueden convertirse en la mejor herramienta para realizar un censo de la población actual de ballenas de la especie Franca Austral (Eubalaena australis), propia del hemisferio sur y de presencia muy habitual en la Península Valdes, Argentina.

Controlar, de manera permanente, el censo de ballenas de este tipo, es consecuencia de la gran merma en ejemplares de dicha especie, que empezó a ser objeto de caza durante el siglo XVII, y así siguió hasta principios del XX, cuando se comprobó que su población, estimada en entre 55.000 y 70.000 ejemplares antes de que iniciara su caza, llegaron a descender hasta alrededor de los 300 durante la década de los 20 del siglo pasado, un número que las situaba terriblemente cerca de la extinción. Medidas proteccionistas consiguieron que, a lo largo de las siguientes décadas, la cantidad estimada de ejemplares creciera hasta los 7.500 en 1997, cifra que en principio habría seguido creciendo. Sin embargo, tras cerca de un siglo de tranquilidad, su supervivencia vuelve a verse amenazada, ya que por causas todavía no determinadas, se ha producido un importante crecimiento en la cifra de mortandad de las mismas en la costa argentina, según informes de la Wildlife Conservation Association. Y los datos son bastante preocupantes, ya que hablan de que habrían muerto un mínimo de 605 ejemplares desde 2003, de los que 538 son crías, por lo que parece que el problema, sea el que sea, afecta especialmente a los recién nacidos, lo que de facto puede resultar una condena a la extinción.

En estas circunstancias, llevar un control de la población de ballena franca austral en el lugar del mundo donde más ejemplares, puede ayudar a determinar cuál es la causa de este incremento en la mortalidad, que ofrece datos tan sangrantes como que, sólo en 2012, murieron 113 animales, entre adultos y crías. El problema es que los sistemas de medición tradicionales (observación desde tierra, mar y aire) en extensiones tan bastas son, además de costosos (en términos económicos y de tiempo), bastante ineficientes, pues no es fácil determinar si un ejemplar ya ha sido contabilizado en una observación anterior. Existen algunos sistemas para reducir los riesgos a este respecto, pero a día de hoy sigue siendo un sistema poco recomendable.

Y aquí es donde entra WorldView-2, un satélite comercial de la empresa DigitalGlobe, puesto en órbita en octubre de 2009 desde la base aérea estadounidense Vandenberg de Lompoc, California. Situado a 770 kilómetros de altura de la superficie terrestre, es capaz de obtener imágenes pancromáticas con una resolución de 0,46 m (un pixel por algo menos de medio metro) y multiespectro de ocho bandas con un pixel por cada 1,84 metros. El tamaño estándar de una ballena franca austral adulta oscila entre 13 y 15 metros en los machos, y alrededor de 16 en el caso de las hembras adultas. Al nacer, su longitud puede ir de tres a cinco metros. Por lo tanto, dada la resolución que ofrece el satélite, una única imagen tomada en un momento concreto, y que abarque toda la extensión de la Bahía del Golfo Nuevo, lugar de concentración habitual de las mismas, puede ser una excelente herramienta para elaborar un censo. Sólo basta con saber cuál es el momento ideal para hacer «la foto». Y dado que, durante la época de apareamiento (entre el invierno y la primavera austral), la conducta habitual de estas ballenas es moverse casi a nivel de la superficie, condiciones ideales para capturarlas en la instantánea tomada por el satélite, los investigadores han empleado una toma de septiembre de 2012, a mitad de la época de apareamiento, en un día sin nubes y con el mar en calma.

La imagen fue analizada con un software diseñado específicamente a tal efecto, que ha permitido detectar 81 posibles ejemplares, algunos de los cuales no habrían sido detectados con los medios convencionales. Esto, claro, no indica que sólo queden 81 ejemplares, y tampoco que realmente sean realmente ejemplares de ballena franca austral. En algunos casos podrían ser otro tipo de ballenas, u otros animales o objetos que sean interpretados erróneamente por el sistema. No obstante, los investigadores no dudan en afirmar que, aún en su actual imperfección, el sistema es más rápido y fiable que los empleados hasta ahora.

Fuente: Plos One

Imagen: Fausto Carrera

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