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Cinco puntos a tener en cuenta a la hora de establecer relaciones de colaboración entre ambos

Banca y fintech, ¿pueden entenderse?

A la hora de hablar de fintech es necesario hacer una aclaración. Si nos centramos sólo en la contracción de “finanzas” y “tecnología”, podría parecer que cualquier entidad dedicada a las finanzas que use la tecnología para trabajar internamente y relacionarse con sus clientes podría ser una fintech. Sin embargo, el fintech hay que entenderlo como una cultura, una forma de enfocar lo financiero capaz de tener más en cuenta a las personas como personas, y no como clientes o consumidores.

Las fintech nacen y crecen gracias al mal uso que los bancos tradicionales han hecho de su relación con las personas, por eso es importante que los nuevos actores del escenario financiero no pierdan de vista esto, incluso en el caso de llegar a formar parte de los servicios de grandes corporaciones bancarias. En este sentido la empresa Spotcap, dedicada a los préstamos para empresas, ha desarrollado cinco puntos que considera importantes a la hora de establecer relaciones de colaboración, no exentas de competición, con los bancos tradicionales.

1- Creatividad e Innovación

Si algo caracteriza a las fintech eso es la innovación. Las más exitosas han sabido combinar con gran habilidad las capacidades de una startup tecnológica con la inteligencia financiera. De esa forma han podido llegar a los nichos donde los gigantes de las finanzas no han sabido o podido llegar. Al estar muy enfocadas la mayoría de ellas en un único servicio, es más fácil para ellas prestar ese servicio de forma excepcional, rápida y transparente.

Lo peligroso en este caso es confiarse, pensando que sólo las startups innovan. Según Spotcap, parte de la recesión de 2008 tuvo como causa una sobrecarga de innovación, que sumada a las hipotecas de alto riesgo “crearon una perspectiva de innovación enorme”. ¿Dónde estaría la clave? En contar con la flexibilidad necesaria para hacer frente a esa innovación. Un banco suma demasiadas estructuras, y eso lo lleva a estancarse o a ser demasiado lento implementando innovación.

2) Confianza

El dinero no es tan frío como pensamos. Puede que los que lo manejan a gran escala se centren sólo en las cuentas de resultados, pero detrás de los números están las esperanzas, los deseos, los valores y las vidas de las personas. Por eso la gente siente una vinculación emocional al dinero, no por el dinero en sí, sino por lo que esperan lograr con ello. Por esta razón es más complicado que la gente se arriesgue a confiar sus ahorros o su cuenta bancaria a una empresa recién llegada.

Aunque los bancos han hecho muchas cosas mal, saben que el viejo dicho de “mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer” es cierto, y gastan una importante cantidad de dinero en campañas de marketing con las que recordarles a la gente que son lo conocido. Los bancos también están usando el marketing para detectar a los clientes que se pasan al fintech y pelear para conservarlos. Mientras tanto, las fintech no cuentan con grandes vías de inversión en marketing, por lo que les resulta más trabajoso demostrar a los usuarios que pueden confiar en ellos aunque, como decíamos antes, las malas praxis de la banca tradicional son las que más están ayudando más a cambiar eso.

3) Regulación

Mal que bien, la banca tradicional cuenta con el respaldo de sistemas y entidades de regulación que, de momento, no existen en la misma medida en el ámbito fintech. Muchas de estas empresas están presionando para situar sus ámbitos de trabajo en un marco regulatorio que ayude a dar confianza a clientes, inversores y usuarios. Este punto es importante porque mientras no exista regulación, existe el riesgo de que la acción irregular de alguna empresa del sector fintech acabe perjudicando al conjunto. Como sector, el fintech sabe que la regulación de la banca les permite ejercer más presión y estar más alineados a la hora de defender sus intereses.

4) Talento

Según Spotcap, “se está produciendo un éxodo del talento que trabaja en bancos hacia las empresas fintech”. Sin duda, la crisis de 2008 ha hecho que buena parte del talento de los bancos se lance a otros navegar por derroteros. A las fintech les interesa hacerse con el talento que sale de los bancos, pero no con todo. El talento que requiere el fintech es muy específico y diferente del bancario: ” la necesidad de personal es mucho más elevada de desarrolladores, analistas y abogados, no de vendedores”.

5) Atención al cliente

Como decíamos al principio, es en el trato con las personas en lo que las fintech pueden tener la mano ganadora. La gente quiere poder hacer sus transacciones de forma sencilla y rápida. Las fintech saben eso y es donde aportan la principal diferencia con los bancos tradicionales. El tamaño de una fintech le permite adaptarse de manera mucho más sencilla a las necesidades de vida de las personas, cosa que a los bancos, auténticos mastodontes, les cuesta mucho más. Incluso en el caso de modernizar sus servicios, su propia mole es una trabaja para ser ágiles corrigiendo el rumbo en caso de necesidad.

Para Spotcap, “los bancos hacen grandes esfuerzos en marketing offline, llegando a los consumidores en lugar de esperar a que ellos lleguen al banco, pero, simplemente, están un paso por detrás de las fintech. Los bancos son conscientes de que están muy por detrás de las fintech en experiencia de usuario, ya que éstas pueden reaccionar mucho más rápido y lograr resultados de manera más eficiente”.

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