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Un experimento señala que más que para atraer a las mujeres, las barbas buscan impresionar a otros hombres

¿Para qué sirven las barbas?

Ese momento “resto de lechuga entre los dientes” no es nada en comparación con el efecto de un largo (y pringoso) resto de espaguetis a la boloñesa colgando de una poblada barba. Si algo nos recuerda permanentemente nuestro parentesco con los simios es, según parece, el vello que aún queda en nuestro cuerpo. Quisiéramos, como titulaba Desmond Morris, ser monos desnudos de verdad, pero no lo somos del todo. Los restos peludos de nuestros ancestros siguen siendo una buena oportunidad de negocio para las corporaciones de estética, pero hay uno que se resiste. ¿Habrá alguna razón evolutiva para que existan todavía las profusas barbas? o como señalan otros estudiosos, para que hayan evolucionado en los machos de nuestra especie hasta ser lo que hoy conocemos, con gomina o sin ella.

Necesitar, lo que se dice necesitar, no parece que las barbas sirvan a ningún propósito de la Madre Naturaleza. La mayor parte de los humanos carecen de ella o se la afeitan y no por eso se acaba el mundo o se detienen los ecosistemas. A lo largo de la historia las barbas han ido y venido. El estilo romano prefería el pelo corto y la barba rasurada, al contrario del estilo de los filósofos griegos, de abundantes barbas; signo de dignidad y conocimiento o de barbarismo, según fuese un dios o un salvaje bárbaro de las tribus del Norte. Ahora han vuelto, y ya sea por religión o por moda los barbudos caminan entre nosotros de nuevo, impidiendo que la evolución de toda la especie se decante finalmente hacia un conveniente y económico hirsutismo. Pero la ciencia, como debe ser, se pregunta: “¿Por qué?”

¿Atraer mujeres o alejar hombres?

En las especies animales, los rasgos distintivos de los machos suelen tener como objetivo atraer la atención de las hembras, pero según parece quedar demostrado por las repetidas declaraciones del género femenino, habitualmente las barbas no les resultan tan atractivas, y salvo que el tipo sea realmente feo, prefieren una cara bien afeitada (aquí se incluye el bigote). Entonces, si las barbas no tienen por objeto atraer a las mujeres, ¿por qué existen? Los Investigadores han llegado a algunas interesantes y curiosas conclusiones sobre esto.

La percepción general tanto de hombres como de mujeres, es que las barbas confieren al portador una suerte de majestad, y son percibidas como signo de madurez, fortaleza y agresividad. Es algo así como la marca del macho alfa. Así que el objetivo no estaría en atraer a las mujeres sino en intimidar a los rivales para les dejen el campo libre. Si los otros machos se retiran abrumados por la profusión capilar, el barbudo aumenta sus posibilidades de apareamiento. A favor de este argumento hay estudios que señalan que en las sociedades donde los hombres han tenido que competir fuertemente entre ellos debido a la escasez de mujeres, las barbas y bigotes han sido una señal predominante en los machos de la tribu.

También la voz parece ser que tendría un cometido similar. Los hombres con voces más graves generan una percepción de fortaleza en el resto. Parece ser que hay hasta estudios que apuntan a que los candidatos con tonos de voz más bajos tienen más votos, pero eso diría bastante poco, y bastante malo, del ser humano como especie inteligente y racional.

Un curioso experimento

Para tratar de indagar en el sentido evolutivo de las voces profundas y las barbas espesas, el portal The Conversation preguntó a 20 hombres y a 20 mujeres occidentales acerca del atractivo y la percepción de dominancia de seis hombres grabados en distintas etapas del crecimiento de su vello facial. Luego, con un software se crearon cuatro versiones de vídeo de cada uno con las voces modificadas para que sonasen más graves o más agudas.

Por lo general las voces más profundas eran consideradas como más atractivas, pero las barbas no influyeron en la valoración de lo atractivo que resultaba un hombre, pero sí en su percepción como alguien dominante. Evidentemente las percepciones de este tipo tienen un componente cultural. Como decíamos, el experimento se hizo entre occidentales, donde eso de tener pelo por el cuerpo es más común que en otros grupos étnicos donde, sin duda, usan otros parámetros para valorar lo atractivo y lo dominante.

Ya puestos, también se indagó sobre otras cuestiones, y la mayoría de los hombres creen que necesitan ser más musculosos de lo que las mujeres realmente buscan, y las mujeres opinan que requieren estar más delgadas y maquilladas de lo que los hombres verdaderamente quieren. Así que es posible que la razón real en ambos casos no esté, como pensamos, en el deseo de atraer al sexo contrario (o al mismo), sino de competir con nuestro propio género y desanimar a los posibles competidores. Al final, si el gallo más grande y emplumado del corral acompleja tanto a los otros gallos que a su lado se sienten simples pollos, todas las gallinas irán con él, no porque sea el que más les gusta, sino el único que parece disponible.

Fuente: The Conversation

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