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Comodidad, seguridad, fiabilidad, transparencia y reducción de costes

Blockchain acerca el voto electrónico a Australia en 2017

Comodidad, seguridad, fiabilidad, transparencia y reducción de costes. Esta es la “lista de deseos” del Gobierno australiano para implantar el voto electrónico a partir de 2017 y, de momento, blockchain parece tener todas las papeletas (nunca mejor dicho) para ser la tecnología que lo facilite. No por nada un reciente informe del Foro Económico Mundial afirmó que blockchain empezaría pronto a ser el centro del sistema financiero mundial, con un 80% de los bancos dispuestos a usarlo para el año 2017, y más de 1.400 millones de dólares invertidos en esta tecnología en los últimos tres años.

El interés que despierta blockchain es mucho, y en poco tiempo Holanda ha anunciado la próxima creación de un campus especialmente dedicado a desarrollar esta tecnología, hemos conocido el atractivo que tiene para IBM, también que bancos como Santander, Deutsche Bank, UBS y BNY Mellon se han puesto manos a la obra en la promoción del dinero digital basado en blockchain, y Reino Unido ha comenzado a usarlo para rastrear los gastos de las personas que reciben asistencia social (y evitar que se lo gasten en alcohol o alimentos de lujo).

Como ya explicamos en profundidad al hablar de La tecnología que hace posible bitcoin, blockchain “es clave en el funcionamiento de criptomonedas y también de otros servicios distribuidos que ya existen o que están en proyecto. De hecho, para algunos analistas, lo verdaderamente importante de Bitcoin no es la propia moneda, sino el haber resuelto el problema de certificar la información distribuida por miles de nodos“.  Por eso, al hablar de blockchain hablamos también de un sistema con el potencial de resolver muchos problemas de seguridad y transparencia en operaciones financieras, pero también de identificación de personas a través de la red.

Para el Gobierno de Australia, unas elecciones son un caso perfecto en el que la tecnología blockchain tiene cabida. En unas votaciones tradicionales la persona llega a la urna, muestra su DNI y es tachado de la lista ante los testigos de su voto. Luego, en el recuento de votos, cada papeleta se toca y anota físicamente. Está ahí, a los ojos de todos. Por eso hay cierto recelo a la hora de plantear elecciones electrónicas porque, ¿cómo verificas la identidad de los votantes, o que la información se transmite de forma segura, sin manipulaciones ni alteraciones? Australia quiere que la gente pueda votar desde cualquier lugar, por lo que el nivel de seguridad y fiabilidad que debe tener el sistema requiere una enorme solidez.

En el caso de unas elecciones habría que considerar el voto igual que una transacción electrónica, mediante la cual hay una serie de votaciones que pueden ser “gastadas” por el votante. El permiso para el voto se obtiene y garantiza mediante el uso de claves seguras de acceso digitales enviadas, también de forma segura, a cada votante. Cada voto puede representarse criptográficamente dentro de blockchain, y queda vinculado (y guardado) al votante a través de su elección en las preferencia de almacenado, siempre de forma anónima y protegida del acceso público. Con blockchain no se puede usar la ingeniería inversa para identificar a la persona con el voto y, además, se obtiene una especie de libro de contabilidad con todas las transacciones, esto es, el resultado de las votaciones.

Cuando las votaciones acaban, el sistema se encarga de cuadrar los resultados en la base de datos. A partir de ahí los datos pueden ser verificados tanto por los candidatos como por los votantes, manteniendo en todo momento el secreto de voto. La intención del Gobierno australiano es ir implantando el sistema poco a poco, primero a nivel local en pequeños municipios y universidades para, más adelante, introducirlo en las votaciones parlamentarias con todas las restricciones regulatorias y legales ya solventadas.

Fuente: TechRepublic

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