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17 trucos psicológicos para gustarle a la gente

Cómo caer bien a todo el mundo… o casi

Lo primero que es necesario entender (y aceptar) es que no se puede caer bien a todo el mundo. Es inevitable que haya gente que no nos guste… y gente a la que no le gustamos. Cuando iniciamos una espontánea relación de amistad con alguien generalmente lo hacemos atraídos por ciertas afinidades y aspectos de su personalidad que, inconscientemente, nos hacen sentir en mutua confianza. Sin embargo las amistades se puede crear y cultivar sin necesidad de esperar a que surjan, y hay una serie de “trucos” psicológicos que te pueden ayudar dar el primer paso y hacer amigos.

1-Imitación

Los psicólogos llaman a esta estrategia “efecto camaleón”, descrita en 1999 tras una investigación de la Universidad de Nueva York. Cuando sutilmente (su-til-men-te) se imita el comportamiento, el lenguaje corporal o las expresiones de otra persona se facilita el sentimiento de afinidad. Esto se debe a que ya de forma inconsciente a veces nos mimetizamos con la persona que tenemos delante, copiando algunos gestos, lo que despierta una especie de señal de “empatía”.

2-Tiempo cerca

Por muy aventureros que seamos, solemos preferir las cosas que nos resultan familiares. Un estudio del MIT realizado en 1950 reveló que los compañeros de clase que vivían en la misma residencia eran más propensos a hacerse amigos que los que vivían más lejos. Según los investigadores, el hecho de resultar familiar, compartir espacios o pasear por los mismos lugares favorece el acercamiento. Básicamente, pasar tiempo con la gente, tomar un café con ellos o charlar habitualmente después de clase o el trabajo, ayuda a crear y fortalecer la amistad.

3-Lo que otros dicen de ti

¿Hasta qué punto nos influye lo que otras personas nos dicen sobre otras personas? Bastante, según los investigadores. Quizá ahí esté el secreto del branded content, pero cuando alguien nos habla bien de otra persona, eso ya nos suele predisponer favorablemente hacia ella, y al contrario si nos hablan mal, independientemente de que conozcamos o no a esa persona.

4-Alegría

Los estados de ánimo se contagian. Inconscientemente percibimos y sentimos las emociones de las personas que tenemos cerca. Si el estado de ánimo es alto y fuerte, eso se transmitirá a la gente que nos rodea, haciéndola sentir bien. Sin embargo, si eres un cenizo, no te extrañe que la gente te evite para evitar, precisamente, sentir que tiene una nube negra sobre la cabeza.

5-Los amigos de mis amigos

Cuando el punto 1 y el 3 confluyen nos encontramos con que somos más propensos a aceptar la amistad de amigos de nuestros amigos. La expansión de las redes sociales se basa en esto. Un estudio de la Universidad de Columbia Británica descubrieron que, en Facebook, las personas eran más tendentes a aceptar la solicitud de amistad de alguien cuantos más amigos en común tenían.

6-¿Halagar? No siempre es bueno

Lo que solemos buscar en una amistad es sinceridad y confianza. Cuando alguien se prodiga demasiado en elogios hacia nuestra persona, salvo que seamos unos narcisistas sin remedio lo que logrará es que desconfiemos de sus intenciones.  De hecho, si una amistad es verdadera, esperamos que nuestros amigos sean capaces incluso de decirnos las cosas que no queremos oír. En definitiva, nos sentimos más cercanos a una persona cuando esta es capaz de decirnos (ni herir) también las cosas negativas.

7-Calidez y competencia

Queremos saber en quién confiar. La calidez, cuanto más natural, más nos aproxima a otras personas y nos hace sentir que estamos en un entorno seguro. Igual ocurre con las competencias de las personas, si tenemos un buen haber cultural y de conocimientos será más fácil ganarnos la confianza de los que tenemos alrededor, especialmente en el entorno laboral si nuestras competencias están en relación a nuestra tarea. Pero curiosamente, aún en el trabajo, es más importante demostrar primero nuestra calidez que nuestra competencia.

8-Nadie es perfecto

Igual que lo que antes decíamos sobre los halagos, para crear lazos de confianza es importante que mostremos ciertas vulnerabilidades. Nadie quiere cerca a don perfecto porque no es posible identificarnos con él. Por mucha estima que nos tengamos sabemos que no somos perfectos. Por eso, cuando mostramos algún defecto damos a entender que somos como el resto. Los animales, cuando confían en alguien o se someten a un animal más fuerte, muestran el abdomen, su parte más débil. Así demuestran que no se sienten amenazados, al tiempo hacen que el contrario baje sus barreras defensivas y agresivas.

9-Valores compartidos

Nos atrae más lo similar a nosotros, quizá porque nos resulta más fácil comprenderlo. Para entablar amistad con alguien, lo mejor es ver qué cosas tenemos en común, especialmente si se trata de los temas habitualmente más polémicos como la política, la religión o el sexo.

10-Tacto

Un roce casual puede hacer mucho por una amistad. Dos espaldas que se tocan o un brevísimo (e inocente) contacto de manos rompen de golpe la barrera inconsciente del espacio personal. Diversos experimentos han demostrado que cuando se produce ese contacto entre desconocidos, las posibilidades de llegar a entablar exitosamente una conversación es más alta que cuando no se produce.

11-Sonríe

Es prácticamente mágico. Cuando sonríes a alguien que acabas de conocer es muy probable que esa persona te recuerde. La sonrisa indica apertura, y esa calidez de la que hablábamos antes. Incluso cuando el resto de las señales corporales de nuestro lenguaje no verbal indiquen cierre o introversión, una sonrisa hace que la percepción total cambie. Cualquier cara gusta más si está sonriendo.

12-Refuerzo

Como en el caso de los valores compartidos, también buscamos gente alineada con nuestras propias creencias sobre nosotros mismos, sean buenas o malas. Si nuestras impresiones de nosotros mismos son positivas sentiremos más afinidad con gente que también piense bien de sí misma, y al revés; si nos vemos negativamente, reforzaremos nuestros puntos de vista con gente igual de negativa.

13-Secretos

Contar a otras personas cosas de uno mismo, en especial cosas personales (no escatológicas), es una de las formas más eficaces para construir una relación. Cosas sencillas como lo que te gusta comer cuando te sientes triste o cómo te llevas con tu madre, ayudan a crear relaciones más profundas y personales. Por eso mismo, cuando se quiere conocer a alguien mejor, interesarse por su vida (sin parecer curioso) preguntándole por su película favorita o las personas más importantes de su vida, contribuyen a reforzar los lazos de confianza y cercanía imprescindibles en las relaciones personales.

14-Espera lo mejor

El comportamiento que tenemos hacia las personas suele corresponderse con lo que pensamos de ellas. Incluso cuando lo forzamos, nuestra opinión se trasluce en nuestros gestos y comentarios, y ellos lo notan. Por eso, según explicaba un artículo de la revista Harvard, si piensas que alguien es idiota, tu comportamiento hacia esa persona provocará reacciones bruscas hacia ti. Así que si quieres amistad y amabilidad, empieza por desear esa amistad.

15-Reciprocidad

Los psicólogos han investigado un fenómeno llamado “reciprocidad del gusto”. Básicamente prueba que cuando creemos que le gustamos a alguien, esa persona tiende a gustarnos también. Nos gusta estar con la gente que sentimos que nos quiere, y por las mismas nos sentimos incómodos donde sentimos que no somos bienvenidos.

16-Sentido del humor

Es, quizá, uno de los rasgos más importantes que se valoran. También en las relaciones de pareja. Independientemente de los requisitos que le pidamos al amigo ideal, el sentido del humor es un rasgo común que casi todo el mundo pide. En estudios realizados en entornos de trabajo, no tener sentido de trabajo en la oficina podía ser contraproducente para las tener unas mínimas relaciones personales con los colegas. Y si bien es cierto que tener altos conceptos morales es importante, de alguna manera se asocia a las personas enfocadas en lo moral como con menos sentido del humor, y tienden a tener menos amigos… al menos en la ofi.

17-Hablar de uno mismo

Aparte de gratificante, hablar de uno mismo (o lo que es igual, abrirse a otros) es bueno para hacer amigos, pero es mejor para la propia persona. Según investigadores de Harvard, cuando una persona comparte cosas de uno mismo en público, las áreas del cerebro asociadas a la motivación y la recompensa están más activas. Así que si dejas que la otra persona hable de sí misma en lugar de acaparar la conversación, esa persona tendrá un mejor recuerdo de ti.

A esta lista habría que añadir, al menos, un consejo más para asegurarnos de que caemos bien a la gente y nos recuerdan con agrado: ropa limpia y ducha diaria. Eso hace mucho por la amistad y por el amor.

Fuente: Business Insider

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