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El 70% de la inversión está centrada en la "última milla" de la experiencia de usuario del consumidor

Cómo el fintech está obligando a la banca a cambiar

La tecnología lleva cientos (puede que miles) de años, cambiando la forma en la que hacemos las cosas. Desde el primer sistema rudimentario para cocer barro en un agujero en el suelo hasta los grandes hornos industriales de la actualidad, cada nueva mejora ha supuesto un importante avance para el ser humano en lo técnico, que no necesariamente ha ido acompañada de una mejora ética del mismo.

De no haber sido los sistemas financieros tradicionales tan ambiciosos, abusivos y perversos, quizá no habría sido tan fuerte la irrupción de las fintech en el sector. Es evidente que nada de esto hubiera sido posible sin una tecnología que lo soportara, sin la posibilidad de desarrollar plataformas digitales para cubrir servicios específicos demandados largamente por los clientes, pero ignorados sistemáticamente por los bancos desde su aparentemente inabordable púlpito.

Parecía una lucha de David contra Goliat, un Saturno que devoraría a sus indeseados hijos, pero el descontento general ha sabido aprovechar la puerta que se le abría, por pequeña que fuera, para dejar de estar supeditados a los únicos designios de los grandes bancos. Ahora, si no quieren hundirse, los sistemas tradicionales está obligados a reconsiderar sus viejas posturas y volver su cara hacia esas pequeñas hormigas que, miga a miga, se están llevando el pastel que querían merendarse solos.

Cambio de confianza

Un reciente informe elaborado por el grupo financiero Citi, revela justamente cómo las fintech están forzando a la banca a dar un giro hacia el cliente, en lugar de contra él. El sistema tradicional se ha convertido rápidamente en pasado a la vista de las nuevas posibilidades que desarrolla el universo fintech. Pero, sobre todo, estamos ante una situación de confianza, o más bien de desconfianza, en los que hasta ahora eran los principales actores del mundo de las finanzas.

Según este informe, las inversiones en tecnología financiera han crecido exponencialmente en la última década, pasando de 1.800 millones en 2010 a 19.000 millones en 2015. Lo interesante es que el 70% de esa inversión está centrado en lo que se denomina la “última milla” de la experiencia de usuario del consumidor, y dentro de eso, fundamentalmente en el área de pagos, comenzando con PayPal, que es donde los bancos han abierto los ojos ante la fuerza creciente de los nuevos competidores.

Los clientes están girado hacia los sistemas digitales, más cómodos y transparentes, lo que obliga a los bancos a acompañar ese giro ofreciendo lo mismo (o más) que lo que los clientes demandan. China es, posiblemente, el país donde los gigantes de Internet han invadido con éxito los sistemas financieros, y ya tienen en su haber una importante cuota de mercado en los pagos en comercio electrónico y a terceros, por eso EE.UU. y Europa harán bien en tomar nota y no subestimar al competidor.

Si bien los grandes bancos tienen todavía en su poder el mayor número de clientes, las fintech aprovechan su capacidad de satisfacer con prontitud y seguridad necesidades específicas de los usuarios y, por ahí, van ganando la confianza que se perdió del otro lado. El gigantesco tamaño alcanzado por la banca al uso es el principal obstáculo para emprender cambios. Una mole enorme con la inercia de años y años de transitar el mismo camino que ahora, de pronto, debe dar la vuelta para tomar un nuevo sendero. Como no es fácil emprender un cambio profundo en algo tan grande, muchas entidades han optado por asimilar los servicios de algunas fintech o crear las suyas propias, lo que no significa que sean una fintech.

Las fintech han entrado afinando muy bien su puntería. Se han dirigido específicamente a dar un único servicio con demanda, y algunas han comenzado a crecer a partir de eso. Al mismo tiempo han llamado la atención de los inversores privados, que han sido uno de los apoyos fundamentales del crecimiento de las fintech. Según el informe de Citi, se calcula que más del 70% de las inversiones fintech hasta el momento se han dado en las pymes y en los negocios personales.

Blockchain

Las generalización del uso de los smartphones y el desarrollo de sus capacidades han favorecido la adopción de sistemas más ágiles y móviles, sin dependencia ni de ventanillas ni de ordenadores. Si a esto le sumamos la incorporación de la tecnología blockchain, tenemos sistemas que prácticamente pueden garantizar tanto la seguridad de las transacciones como la transparencia de las mismas.

Blockchain tiene reservado un papel muy importante en el cambio que los bancos necesitan dar. Muchos ya están convirtiéndose en los principales inversores en el desarrollo de esta tecnología. La razón es que les permitirá tener un control mucho más exhaustivo de todas sus operaciones pero, también más seguro, descentralizado y transparente, dificultando mucho posibles “distracciones” de dinero o algunas de las malas praxis que han dado lugar al descontento y desconfianza de los usuarios.

La tecnología blockchain tiene, en este momento, el poder de sustituir las actuales vías centralizadas de pago por libros contables distribuidos que, además, tienen la característica de ser inmutables, esto es, infalsificables de momento.

Es evidente que no todas las fintech que están surgiendo ahora van a tener la fortaleza para mantenerse. Según Citi, las empresas que están basando su modelo de negocio en ofrecer una solución de forma más innovadora, podrán mantener su ventaja durante más tiempo que las que sólo buscan hacerlo de forma más barata. Sencillamente porque la gente que da el salto a las fintech suele buscar, por encima del precio, que le solucionen eficazmente un problema. Aquellas empresas que consigan encontrar su punto diferenciador, los que resuelvan los puntos de fricción del cliente, podrían tener ganada su ventaja dentro del sector.

El informe completo puede verse aquí.

Imágenes: Tomadas del informe Citi.

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