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Pimiento chile rojo
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Los investigadores rastrean los orígenes del cultivo del chile

Cómo se domestica un pimiento

Fray Bernardino de Sahagún contaba, en su “Historia General de las cosas de la Nueva España”, que el dios azteca Tezcatlipoca, el espejo humeante, se disfrazó de vendedor de pimientos, tan pobre que iba totalmente desnudo, para enamorar a la hija del señor de Tula (capital de los Toltecas), Huémac. Inflamada por la pasión, ardiente como arde un chile en la boca, la joven cayó enferma, por lo que al gran rey no le quedó más remedio que casar a su hija con el pimentero para sanarla. La devoción de la cultura mesoamericana por el pimiento incluía entre sus deidades a la “Respetable señora del chilito rojo”, de nombre tan impronunciable como Tlatlauhqui-cihuatl-ichilzintli. Hermana de Tlaloc, el dios de la lluvia, la Señora del chilito rojo exigía un ayuno a base de chiles como preparación a celebrar determinados rituales.

De silvestre a doméstico

Los chiles fueron rápidamente apreciados por los cazadores-recolectores nómadas mesoamericanos por sus propiedades para conservar los alimentos. Se calcula que la domesticación del pimiento puede remontarse a más de 7500 años antes de Cristo. Diversas excavaciones arqueológicas han hallado restos de semillas de pimientos de más 9.000 años de antigüedad. Luego, tras la llegada de los españoles a América, fue una de las primeras plantas que se introdujeron en el Viejo Continente. Aunque su nombre azteca en lengua náhualt es “chilli”, en Europa se introdujo como “pimiento” por su picor, “parecido al de la pimienta”.

La ruta de su proceso de domesticación, esto es, de su introducción en la agricultura, da pistas a los investigadores acerca de los procesos civilizatorios en Mesoamérica por su importancia tanto económica como cultural. El origen de su cultivo apuntan a México. Concretamente, el Capsicum annuum es una de los cinco tipos de chile que se domesticaron en América, y uno de los que más variedades de tamaño, color y sabor ofrece, pero se desconoce fundamentalmente su origen geográfico y el número de domesticaciones realizadas. Un conocimiento que lo podría vincular con una cultura y época determinada dentro de la amplia diversidad existente en el territorio mesoamericano.

Como detectives

Desde hace tiempo, los investigadores utilizan técnicas arqueobotánicas para rastrear el origen genético del pimiento, chile o ají Capsicum annuum, conocer cuándo se inició su cultivo y cómo se extendió este por el resto de la geografía. Los últimos estudios señalan que ese origen podría estar en la zona centro-este de México, mientras que el cultivo de maíz se habría iniciado en la cuenca del río Balsas y el del frijol común en la cuenca del río Lerma-Santiago. La labor de los científicos para llegar a estas conclusiones se asemeja a la de verdaderos detectives, siguiendo minúsculas pistas  hasta dar con la clave. En el proceso de seguir el rastro de la domesticación del pimiento, se han recuperado y analizado restos arqueológicos y se ha hecho un muestreo de las especies progenitoras silvestres, las que pudieron dar origen a las especies cultivadas.

En las investigaciones más recientes se han añadido nuevos datos al puzzle, esta vez provenientes de microrestos vegetales como fitolitos, polen o granos de almidón, análisis genéticos, bioquímicos y moleculares, así como la datación por carbono 14 o la espectrometría de masas. Con todos estos datos y medidores, los científicos combinaron dos tipos de enfoque. Uno sobre la distribución geográfica de las especies y los conocimientos paleolingüísticos, y el otro desde el punto de vista de los datos genéticos y arqueobotánicos. Con el cruce de estos cuatro elementos, el origen del chile doméstico se podía ubicar bien en el Noreste de México, bien en el Centro-Este.

Genética, arqueología y lenguaje

Mientras que las evidencias genéticas señalan hacia la opción norteña, el resto de datos apuntan a la zona Este central. Es en esa zona, en el valle de Tehuacán, donde se han localizado macrorestos precerámicos (anteriores al desarrollo de la cerámica) de ají. Al Este de este valle se encuentra el centro de la diversidad filogenética de las lenguas proto otomangueanas, un lenguaje hablado en el Holoceno medio, que comprende los últimos 11. 700 años, y la estructura más antigua que designa una palabra para “chile”. Al respecto se estudiaron las reconstrucciones de unas 30 protolenguas mesoamericanas para localizar las palabras referidas al pimiento o sus variedades. De hecho, los otomangues podrían haber sido los primeros grupos humanos en domesticar el pimiento. Los restos arqueológicos de Teuacán y Ocampo constituyen las evidencias más antiguas de chile precerámico en América, aunque de momento no es posible identificar si se trata de especies silvestres o domesticadas. Pero sí relacionar con otros restos, estos sí cultivados, de maíz y calabaza.

Conociendo las condiciones de temperatura y de precipitaciones anuales que favorecen el crecimiento y desarrollo de las especies silvestres de pimientos chiles, los investigadores, se han aproximado, mediante cálculos, a las condiciones equivalentes del Holoceno medio en Mesoamérica. Algo que vuelve a apuntar a la zona centro-este de México como origen de la domesticación.

De cualquiera de las maneras, el chile es hoy no sólo un producto culinario altamente apreciado. En su justa medida favorece la digestión, es antiinflamatorio, antioxidante y mejora la circulación sanguínea. Su uso se extendió por todo el mundo y es hoy uno de los productos más importantes de la cocina y de la cultura. Tanto como para tratar de memorizar el nombre náhualt de la Señora del chilito rojo.

Fuente: PNAS.org. Estudio realizado por Kraig H. Krafta, Cecil H. Brownb, Gary P. Nabhanc, Eike Luedelingd, José de Jesús Luna Ruize, Geo Coppens d’Eeckenbruggef, Robert J. Hijmansg y Paul Geptsa. Titulado “Multiple lines of evidence for the origin of domesticated chili pepper, Capsicum annuum, in Mexico”.

Imagen: Wikimedia Commons. Autor: www.flickr.com/photos/calliope

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