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Se trata de un patrón que afecta a personas de cualquier cultura

Si crees que el futuro será mejor, no harás nada para que sea mejor

¿Qué es lo que impulsa a las personas a movilizarse por una causa?, ¿qué lo que las lleva a quedarse quietas en sus hogares mientras todo sucede a su alrededor?, ¿por qué nos decantamos por una línea política o por otra? Desde que Einstein hablara de la relatividad del Universo y los físicos cuánticos de la influencia del observador, no podemos seguir creyendo que la objetividad y las verdades absolutas están al alcance del ser humano. Sin duda existe la Verdad Una, aquella capaz de revelar cómo son las cosas en realidad, cómo y por qué pasaron, pero mientras nos gastamos en alcanzarla debemos asumir que vivimos en la subjetividad que cada uno de nosotros crea para sí mismo, desde la intentamos conocer el mundo y a los demás.

La Psicología trata de desentrañar las razones por las que nos comportamos de una u otra manera, saber por qué, a pesar de vivir en sociedades con situaciones sociales y políticas críticas, hay gente que no hace nada. La respuesta parece haberla encontrado un equipo de investigadores de la Escuela Kennedy de Harvard mediante el análisis de seis estudios relacionados con el comportamiento humano y la percepción del futuro.

Según Todd Rogers, autor principal de la investigación, las personas partidarias de una postura pueden llegar a estar tan convencidas de lo acertado de la misma que creen que, tarde o temprano, los demás verán lo mismo que ellos. Así es que, cuando alguien cree que el futuro será mejor, las probabilidades de que haga algo para que ese futuro se convierta en realidad, disminuyen. Además, se trata de un fenómeno transcultural, que afecta a personas de distinto origen y procedencia, y se produce independientemente de la tendencia al optimismo o el efecto del falso consenso.

Los investigadores proporcionaron a los sujetos incentivos para poder crear predicciones precisas sobre cómo cambiarán las opiniones de las personas de aquí al futuro, pero a pesar de eso las personas tendían a creer que las actitudes de los demás acabarían cambiando hasta asumir como verdaderas y correctas sus creencias. Rogers y sus colegas habían detectado anteriormente, trabajando para la Asociación de Gobernadores Demócratas, cómo las percepciones de las personas variaban las repuestas. Crearon dos mensajes para recaudar fondos con unas pocas variaciones, y las enviaron a las de 660.000 personas afines. Cuando el asunto indicaba que un demócrata tenía ventaja frente a un rival, la gente era menos proclive a abrir el email, mientras que si el asunto sugería que las cosas no le iban del todo bien, la gente lo abría más. Igualmente, si al candidato le iba bien, hacían menos click en el link para donar que si le iba mal.

Lo interesante de este patrón es que explicaría por qué, independientemente del referente cultural de la persona, tendemos a aguantar en trabajos que no nos gustan, en relaciones que no nos satisfacen y con situaciones políticas desfavorables. Mientras creamos que es cuestión de tiempo que los demás vean que están equivocados y que nosotros tenemos razón, no haremos nada para tener un trabajo mejor, una pareja que nos convenga o un gobierno justo.

Fuente: APS

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