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Se cumplen 10 años del ICM de Madrid

El día que España se convirtió en el centro mundial de las matemáticas

A los seres humanos nos gusta usar las comparaciones de modo didáctico, por eso decimos que tal o cual cosa equivale a tantos campos de fútbol, que la longitud total de nuestros vasos sanguíneos podría dar dos veces la vuelta al mundo o que a estrella lejana está a una distancia equivalente a 1.000 veces la de la Tierra al Sol. Comparamos para dimensionar, para encontrar referencias con las que comprender el mundo que nos rodea; y una de las cosas que más herramientas nos proporcionan para ese conocimiento son las matemáticas.

icm2006Siempre se dice que las matemáticas están en todo, y todo es matemáticas, pero al grueso de la sociedad le cuesta a veces entender qué hace un matemático. Quizá la imagen más popular sea la alguien pegado a una pizarra con restos de tiza en las manos y en la ropa, poco el pelo alborotado de tanto rascarse la cabeza y un capacidad infinita de abstraerse del mundo para idear fórmulas y numeraciones. No. Las matemáticas no están ni en la pizarra ni en la cabeza, están (efectivamente) en todo. Antes de que Leo Messi o Cristiano Ronaldo dejaran de hacerse caca en los pañales, las matemáticas estaban, y seguirán estando cuando sólo algunos de su generación los recuerden. Hagamos comparaciones.

¿Qué significa para un país organizar unas olimpiadas? Son infraestructuras, financiación, dirección, comidas, alojamientos, viajes, gestión de espacios, publicidad, coordinación institucional, relaciones con los medios, las empresas y las administraciones, organizar el trabajo de los voluntarios, diseñar un calendario… Unas olimpiadas requieren que un país entero se una para apoyar una única idea. De las relación de España y las olimpiadas recordamos las del 92 en Barcelona, y los recientes e infructuosos intentos de Madrid por convertirse en nueva sede, pero muy pocos recordarán otro evento, no tan lejano e igual de importante, que convirtió a España en la capital del mundo en 2006: la celebración del International Congress of Mathematicians o ICM en Madrid un evento cuatrianual que reúne a los mejores matemáticos de mundo desde 1897.

Nos vemos en Madrid

Cuenta Manuel de León, uno de los “culpables” de que el ICM llegara a Madrid y presidente del mismo, que el día de la inauguración el entonces rey Juan Carlos dijo: “¡Qué capacidad de movilización tenéis los matemáticos en agosto!” Sin duda debió ser toda una sorpresa ara él ver a aquella increíble cantidad de gente de todo el mundo, reunida en torno a algo tan (aparentemente) poco glamuroso como las matemáticas. Aquello fue en pleno verano de 2006. El camino para llegar hasta ese momento comenzó mucho antes, a principios de los años 70, cuando los matemáticos del país comienzan a recuperarse del aislamiento que las universidades españolas habían comenzado a padecer desde 1939. Fueron años en que matemáticos españoles comenzaron a viajar para conocer universidades extranjeras, y matemáticos de fuera vinieron hasta nuestros centros.

asamblea-general-imuAsamblea General del IMU en Santiago de Compostela. Imagen cortesía de Manuel de León.

En el año 2000 se celebraría en Barcelona le tercer Congreso Europeo de Matemáticas, organizado por la European Mathematical Society. Aquello coincidió con la celebración del Año Mundial de las Matemáticas. En 1999 se había creado el CEAMM (Comité Español para el Año Mundial de las Matemáticas), desde el que se coordinaron y organizaron todas las actividades vinculadas a la celebración.

Entre 1999 y 2000 se generó una atmósfera que propició una mayor y mejor presencia española en los lugares de referencia matemática en el mundo. En ese periodo tuvo lugar una reunión del comité ejecutivo del IMU (International Mathematical Union) en la sede central de CSIC en Madrid, para pedir a España que presentara su candidatura para el ICM2006. La cosa no era tan fácil como marcar un tip en la casilla de “candidato”. Como en las olimpiadas, había que elaborar y presentar un proyecto que, igualmente tendría que ser valorado y votado. Eso suponía mucho trabajo sólo para presentarse, y más aún en el caso de que se aceptara la propuesta, pero España era clave por sus tres entornos de influencia: el Iberoamericano, el europeo y el mediterráneo.

inauguracionImagen del día de la inauguración del ICM de Madrid, con un lleno total y la presencia de medios nacionales e internacionales. Imagen cortesía de Manuel de León.

Durante la celebración del ICM de Shanghai en 2002, el nombre de España resonó como nominado a acoger el siguiente ICM; sería en Madrid en 2006, y Santiago de Compostela sería el lugar donde se celebraría la Asamblea General del IMU una vez finalizado el congreso. Entre Madrid y Santiago supondrían un total de 12 días en los que todo tenía que estar perfecto; por algo el ICM es el evento durante el cual se hace entrega (desde 1936) de la medalla Fields que, volviendo a las comparaciones, sería como el Nobel de las matemáticas; pero también del premio Nevanlinna (desde 1982), el premio Gauss (a primera vez que se entregó entre premio fue, precisamente, en Madrid en 2006) y la medalla Chern (desde 2010).

medalla-fieldsEntrega de la Medalla Fields a Wendelin Werner. Imagen cortesía de Manuel de León.

Durante el mes de agosto de 2006 la prensa internacional habló cada día de Madrid y, lo que es más importante, la sociedad española supo, a través de los medios nacionales, que algo tremendamente importante, desde el punto de vista matemático, social y humano, estaba teniendo lugar en su casa. En total fueron más de 4.000 asistentes, más de 300 voluntarios, más de 64 congresos satélite con ponentes del más alto nivel e infinidad de actividades, exposiciones y muestras en la Biblioteca Nacional, Conde Duque, en la Complutense y hasta un sello de 0,57 céntimos que emitió la Real Casa de la Moneda y la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, donde se veía una imagen de las representaciones numéricas indoarábigas, tal como se recogen en el códice Vigilanus que guarda a biblioteca del Monasterio de El Escorial. El acontecimiento no era para menos.

Una mirada atrás, una mirada adelante

Si en 2006 España fue reconocida internacionalmente como una potencia matemática, era natural que 2016 se convirtiera en un año para recordar, agradecer y hacer balance de lo que supuso para nuestro país aquel honor. A pocos días de que acabe el año, el día de hoy se ha celebrado una jornada conmemorativa de aquel evento y de los 10 años que han transcurrido desde entonces.  En palabras de Francisco Marcellán, presidente del CEMat y de la Real Sociedad Matemática Española, “El ICM 2006 confirmó la capacidad organizativa de la comunidad matemática española y su visibilidad a nivel internacional, fue un evidente reconocimiento de nuestra mayoría de edad desde el punto de vista científico”

Es frecuente que en este tipo de actos salgan a relucir los “ránquines” positivos y se obvien los que no lo son tanto. No se puede negar que el hecho de que las matemáticas españolas estén en el décimo puesto mundial en cuanto a producción científica es un inmenso motivo de orgullo, pero no lo es tanto saber la ingente cantidad de investigadores, científicos y matemáticos españoles que no trabajan en España, o que trabajan en unas condiciones que distan mucho de ser las que corresponden a quienes están detrás de los avances en salud, tecnología, energía, industria… Hay muchos fuera, y son los mejores.

la fuga de cerebros no es una leyenda urbana

En un país donde, se ha dicho hoy, “la fuga de cerebros no es una leyenda urbana, sino una cruel realidad“, no es demasiado oportuno señalar a los matemáticos como gente “muy apañada” que hace todo eso sólo con una pizarra y tiza, y menos alabar (aunque sea digno de alabanza) que los científicos españoles sean capaces de producir lo mismo o más y mejor que el resto de sus colegas del mundo, pero con menos recursos, tal como señalara el cargo político de turno que no puede faltar en este tipo de actos. Es de suponer que quería ser una felicitación, pero dada la permanente merma financiera  y social que vive la ciencia en nuestro país, no pudo evitar sonar a justificación, a excusa. Ciertamente la ciencia española tiene una gran capacidad y muchas dificultades, pero algunas de esas dificultades, junto a sus responsables, tienen nombre y apellidos. Si, como señaló con orgullo el susodicho cargo, España genera el 8% de las aportaciones científicas a los proyectos de la UE,  eso supone un 10% del retorno, ¿por qué entonces no hay más inversión?

Para España, aquel ICM de 2006 supuso hacer de las matemáticas un proyecto de país en el que participaron en mayor o menor medida todas y cada una de las universidades españolas, con voluntarios de prácticamente todas ellas que vivieron ese sentido de unidad. El siguiente año vio cómo aumentaban las partidas de financiación para proyectos aparecieron las becas FPI y FPU y el Programa Consolider. Hasta entonces las matemáticas españolas se habían conocido a través de personas concretas, no como organización, pero a partir de ese momento se pasó de las personas a los grupos, y de los grupos a las redes temáticas, muchas de ellas de matemáticas. Se crearon también programas de atracción y retención de talento postdoctoral, como el Ramón y Cajal el Juan de la Cierva, el ICREA y el Ikerbasque.

Al calor de todo aquello surgen también los centros Severo Ochoa y María Maetzu, pero también salió a relucir un exceso de normativas que, en el fondo, apenas aportaban “chicha” y muchas de las cosas que se firmaban no se llevaban a la práctica, según Marcellán por falta de voluntad política y de mala coordinación entre los ministerios. Así que desde el punto de vista de la acción práctica “poco o nada”.

falta voluntad política para llevar a la práctica los acuerdos

Uno de los momentos más tristes y bochornosos tuvo lugar en 2012. El Gobierno de España, a través del Ministerio de Ciencia y Tecnología, era el responsable de abonar la cuota anual de la IMU, un total de 11.160 euros (pa’bernos matao). Y era responsable porque era el organismo que estaba adherido a la IMU. Así lo hizo hasta 2011, pero durante 2012, 2013 y 2014 el Ministerio decidió dejar de pagar esa cuota (por la crisis dijeron) lo que supuso que la entidad diera un buen tirón de orejas a los representantes matemáticos españoles. En 2014 el CEMat se reunión con el Ministerio para tratar de hallar una solución, y esa solución fue que el Ministerio salía de la IMU y, en su lugar entraba el CEMat, que a partir de entonces se tendría que hacer cargo de los pagos por sus propios medios y con sus propios recursos. Las tres cuotas que dejó a deber el Gobierno salieron de las cuentas de los centros Severo Ochoa, y en 2015 el CEMat se hizo cargo de todo.

Los cambios de signo político rara vez han sido respetuosos con los designios en materia de I+D+i de los predecesores. Como señalara Marcellán, los organismos público están “esclerotizados” y sufren el progresivo envejecimiento de sus plantillas, lo que deja pocas oportunidades para los jóvenes investigadores. Los malos sistemas no cambian, y la gestión de los recursos se vuelve ineficaz.

Aparte de las sombras, aquel ICM trajo muchas luces que no se pueden dejar pasar por alto, como las titánicas tareas de lobby dentro de la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España) y el papel del CEMat como punto de encuentro de las sociedades y entidades matemáticas de España, de manera que se ha consolidado la conciencia de comunidad matemática dinámica. El congreso “supuso un cambio profundo en la organización del colectivo matemático español”, recordó Manuel de León, destacando que “hubo una herencia externa, porque se consolidó la vocación internacional de la matemática española, y una interna, ya que surgieron iniciativas como el Consolider i-MATH, el Centro Nacional de Matemáticas (después IEMATH), se reforzaron los institutos universitarios de matemáticas y aparecieron dos centros de excelencia que se unieron al CRM de Barcelona: el ICMAT y el BCAM”.

la ciencia es vital para el desarrollo de un país

Con la mirada puesta en el futuro, es importante ahora estar alerta a los efectos de la crisis económica sobre la financiación de la investigación, donde se toman decisiones del tipo ‘vender el coche para echarle gasolina al mechero’. Sigue siendo inexplicable que se merme la financiación de aquello que puede aportar más valor a un país, y no sólo desde el punto de vista intelectual. Como dijera en cierta ocasión Javier Ventura-Traveset, portavoz de la ESA en España: “Es precisamente el desarrollo científico y tecnológico el que hace que un país sea más o menos importante en el futuro“. No eran sólo bonitas palabras. Según explicaba, exactamente la misma cantidad que el Gobierno español pone en la tecnología de la ESA se devuelve en forma de contratos industriales para el país. Para Mercellán es urgente comenzar a solucionar los problemas del exceso de burocratización en la gestión de los proyectos de investigación, los retrasos y la inestabilidad laboral de los científicos e investigadores.

El próximo año será también importante para las matemáticas españolas, por un lado se celebrará el congreso bienal de la RSME (Real sociedad Matemática Española) en la Universidad de Zaragoza; pero también estará la celebración en Madrid del Congreso Iberoamericano de Educación Matemática, dirigida a los docentes de todos los niveles educativos, investigadores y estudiantes y, en fin, a todos aquellos que trabajan incansablemente para que las matemáticas, que son todo y están en todo, lleguen a todos.

 

Imagen de portada: Blog del profesor Antonio Pérez Sanz (intentamos localizar la licencia del sitio, pero no hemos sido capaces, así que esperamos y deseamos que nuestra “licencia” al incluir esta foto de su blog no le moleste. La foto también se encuentra en el portal del ICM2006, pero indescargable). El blog es estupendo, por cierto.

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