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La mayor parte de los desechos alimenticios que se generan en la UE son evitables

El 80% de la comida que tiramos es comestible aún

Parece que de poco sirvió que la generación de la postguerra nos repitiera una y otra vez que tirar la comida era pecado, especialmente con tanta gente que hay en el mundo muriendo literalmente de hambre. Alguna perversión de la psicología humana nos hace tender al derroche. Los lineales de los supermercados están repletos de cosas que nunca nos comeremos, con decenas de opciones del mismo producto, siempre llenos, sin permitir que vivan los vacíos y los huecos en las estanterías. ¿Cómo valorar algo tan abundante? Quizá tenemos la idea errónea de que de todos modos lo que no nos comemos nosotros tampoco va a llegar a los que no tienen. Puede que técnicamente eso sea cierto; los macarrones que te dejas en el plato no van a llegar a ninguna persona con hambre, pero fomentar una mentalidad menos derrochadora sí que puede contribuir a que existan menos personas sin acceso a los alimentos. A fin de cuentas lo que sobra en un sitio siempre es lo que falta en otro. ¿No crees que cambiaría algo las cosas si empezáramos a gastar sólo lo que realmente necesitamos?

Un reciente estudio realizado por científicos del JRC, y publicado en IOP Science, ha cuantificado la comida que se tira a la basura en la Unión Europea, con conclusiones que respaldan el llamamiento que la misma UE ha hecho a la ciudadanía pidiendo medidas urgentes para reducir el desperdicio de alimentos. En concreto el estudio estima que perdemos un promedio de 123 kilos anuales per cápita, lo que supone el 16% de los alimentos que consumimos. Si sumamos el total de todos los ciudadanos de la UE tenemos 47 millones de toneladas de desperdicios de comida. Una cantidad realmente elevada. Del porcentaje por persona aproximadamente el 80% (unos 97 kg) serían evitables, ya que se trata de alimentos que se encuentran en buen estado.

Los científicos también han hecho cálculos acerca de los recursos de agua y nitrógeno que se pierden debido a estos desechos. El origen de estos residuos está principalmente en los hogares y, secundariamente, en el sector de la restauración y en las escuelas. En cuanto a la huella hídrica, el agua azul (agua dulce consumida de las aguas subterráneas y superficiales) ha sido de 27 litros por habitante y día (algo por encima del consumo municipal de la UE). En cuanto al agua verde (agua de lluvia) consumida fue de 294 litros por habitante y día, la misma cantidad que se usa para los cultivos en España. El promedio de nitrógeno contenido en los residuos alimenticios evitables es de 0,68 kg por habitante y año. La huella de nitrógeno en la producción de alimentos fue de 2,74 kg por persona al año, la misma cantidad que se emplea para los fertilizantes minerales en Reino Unido y Alemania juntas. El principal problema de la huella de nitrógeno es su repercusión negativa en el Medio Ambiente y en la salud.

¿Qué tipos de alimentos son los que más se tiran? El estudio identifica las frutas, las verduras y los cereales como los alimentos con más probabilidades de acabar en el cubo de la basura, parece que debido a su ciclos de vida, más corto que el de los alimentos procesados o conservados de alguna manera. Esto también se asocia al hecho de que suelen ser alimentos más baratos y a la tendencia a sobre comprar. En cuanto a la carne, aunque es uno de los alimentos que cuantitativamente se desperdicia menos, en conjunto representa la mayor huella de alimentos desperdiciados evitables; lo que significa que una pequeña cantidad de carne desperdiciada, implica un desperdicio muy elevado de agua y nitrógeno. Sólo reduciendo los desperdicios cárnicos se reducirían también el consumo de agua y la emisión de nitrógeno.

Nuestra responsabilidad como ciudadanos necesita entender que aunque los hipermercados de nuestro barrio hagan pensar que los alimentos sobran, no es así. Son un recurso escaso, al igual que el agua, y mucha gente en el mundo (que no porque no la conozcamos no existe) padece diariamente la escasez de ambos. Aunque la industria se comporte como si fuesen bienes ilimitados, está en mano de las personas actuar de una forma más sostenible, adaptando nuestro comportamiento a un uso más racional de los alimentos, comprando y gastando sólo lo que necesitamos. Quizá así se logre implicar a la industria, en especial en lo relativo a al muchas veces innecesario desperdicio de envases. Pero esa es otra historia.

* El estudio se basa en datos obtenidos de seis países de la UE (Reino Unido, Países Bajos, Dinamarca, Finlandia, Alemania y Rumanía), por no existir datos completos de otros países miembro. Evidentemente los patrones de consumo de estos seis países son diferentes, al igual que difieren sus estilos de vida y su poder adquisitivo.

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