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Deep Knowledge Ventures añade un algoritmo de inteligencia artificial a su consejo de dirección

El día que la inteligencia artificial llegó a un consejo de administración

Podría decirse que la de los ordenadores es como la historia del sueño americano en versión electrónica. Sí, si lo piensas, su llegada al entorno laboral fue para cubrir determinadas tareas que, por complejas (y aburridas, también), escapaban al común de los mortales. Es decir, que empezó por lo más bajo, pero siempre dando lo mejor de sí mismos, quizá persiguiendo el sueño de lograr un futuro mejor. Con el paso de los años, esas mejoras empezaron a producirse, primero con su paulatina llegada a muchos puestos de trabajo, y después con su participación en operaciones cada vez más importantes, si bien siempre con una persona (o más) supervisando su trabajo. Y esta es una prueba de que el trabajo bien hecho, siempre algunas veces es justamente recompensado, ya que un sistema de inteligencia artificial ha llegado al consejo de administración de una empresa de capital riesgo.

La empresa se llama Deep Knowledge Ventures, su base se encuentra en Hong Kong, y se dedica a invertir en start-ups dedicadas a tratamientos de enfermedades relacionadas con la edad, así como los proyectos de medicina regenerativa. Y, como ocurre en todas las empresas de capital riesgo, que reciben capital de inversores y tienen que afinar mucho a la hora de elegir dónde invertirlo, Deep Knowledge Ventures lleva ya tiempo empleando herramientas de análisis de datos y de toma de decisiones que, hasta ahora, eran tenidas en cuenta por los responsables de las inversiones. Ahora el algoritmo detrás de la recopilación y análisis de dichos datos (ya sabes, big data), así como de la toma de decisiones basada en los mismos, ha conseguido un puesto en el consejo de administración de la empresa, entendemos que gracias al buen tino de sus conclusiones hasta ahora. De esta manera VITAL (pues este es el nombre del sistema), pasa a ser la sexta voz con voto dentro del equipo de dirección y, por lo tanto, su “voz” tendrá exactamente el mismo valor que la del resto de los miembros, Es más, si sus resultados han sido tan buenos como para hacer al sistema merecedor del “ascenso”, es probable que el resto de miembros del board esperen a ver el voto de VITAL para votar en la misma línea que el sistema.

Hace unos días, Stephen Hawking nos alertaba ante los riesgos de una inteligencia artificial que está por llegar, al tiempo que nos preguntamos si Big Data puede ayudar a crear un mundo mejor. Los algoritmos que analizan los datos y extraen conclusiones tienen, siempre, la orientación que quien los ha diseñado haya querido darles. Está claro que es imprescindible el establecimiento de ciertas condiciones, de cierto código ético (quizá en la línea de lo establecido por Asimov en sus tres leyes de la robótica, pero aplicadas también a la inteligencia artificial), que haga que todas estas herramientas estén siempre a nuestro servicio, y antepongan ciertas normas éticas y morales a otras puramente mercantiles. Y es que, de lo contrario, podemos dirigirnos hacia un futuro en el que la toma de decisiones (que, afectan a millones y millones de personas) sea desprovista de toda perspectiva humana, condenando a muchos proyectos, que pretenden construir un mundo mejor, a su desaparición.

Por otra parte, algunos grandes hitos de la historia del ser humano tuvieron sus albores en decisiones irracionales o de simples errores. Esto es, en sucesos que, de haber dependido exclusivamente de la lógica analítica, quizá nunca habrían llegado a producirse. El azar, la casualidad, la suerte, la intuición… hay varios factores que quedan fuera de la inteligencia analítica, pero que han tenido una importancia fundamental en la historia del hombre. Ojo, que personalmente me parece formidable la inclusión de un sistema de inteligencia artificial en el consejo de dirección de una empresa (al fin y al cabo ya llevan mucho tiempo en estos órganos de manera indirecta), pero espero que no deje de ser en unas condiciones más que controladas. A no ser, claro, que con el tiempo demuestren ser mejores que nosotros también en esos aspectos, en cuyo caso más nos vale hacernos a la idea de que, quizá, seamos los humanos los que tengamos que despedirnos de los cargos de dirección y alta responsabilidad. ¿Un consuelo? Al menos cabe esperar que estos futuros grandes directivos no cobren unos monstruosos sueldos, que lleguen a multiplicar por 75 el de algunos de sus empleados. Cabe esperar que los diseñadores de algoritmos de inteligencia artificial no incluyan la codicia en los mismos.

 

Imagen: Jonathan McIntosh

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