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La investigación apoya a las pequeñas y grandes empresas y genera puestos de trabajo

El impacto de la investigación científica en la economía

Cuando el dinero escasea, la clave básica está en reducir los gastos y aumentar los ingresos. Cuando uno se ve en una situación económicamente apurada y tiene que plantearse recortar gastos, empezará a pensar en todas aquellas cosas en las que se le va el dinero: alquiler, luz, agua, gas, teléfono, coche, comida, ropa, alguna salida con los amigos los fines de semana, la peluquería, el cine, tus clases de inglés… Y luego habrá que decidir que se queda y qué se va. No es imposible encontrar gente que, a la hora de ajustarse el cinturón prefieran renunciar a pagar el alquiler que a comprarse ese pantalón de moda tan chulo, o sacrificar la calidad de lo que se come para poder salir de copas el fin de semana, pero para gente así sólo existe un nombre: estúpidos.

Sin embargo lo lógico no siempre es lo habitual. Un claro ejemplo de eso son los recortes sistemáticos de los últimos años en materia de investigación científica. Algo que, además, tiene la curiosa particularidad de beneficiar la economía. ¿Dejarías de pagar la ADSL si parte de tus ingresos viniesen del trabajo online? Efectivamente, la ciencia ha venido a demostrar una vez más algo que ya resultaba obvio: la investigación científica tiene un impacto positivo sobre la economía. El estudio ha sido realizado por investigadores de los American Institutes for Research, la Comisión de Cooperación Institucional de la Universidad de Michigan, la Universidad de Chicago y la Universidad Estatal de Ohio, y los resultados prueban que la investigación universitaria es capaz no sólo de devolver la inversión, sino que también tiene impacto sobre el empleo, el comercio y el resto de las empresas del propio país.

El estudio se hizo basándose en datos disponibles del proyecto Star Metrics, que controla el impacto de las subvenciones estatales en ciencia, y también en los resultados de nueve universidades estadounidenses: Michigan, Wisconsin-Madison, Minnesota, Estado de Ohio, Northwestern, Purdue, Estado de Michigan, Chicago e Indiana. Entre todas ellas recibieron unos 7.000 millones de dólares en concepto de investigación y desarrollo durante el año 2012. El 56% de esos fondos lo había aportado el gobierno federal. Los investigadores se dedicaron a averiguar en qué se había empleado ese dinero, y vieron que los proyectos se habían desarrollado por equipos de investigadores donde menos del 20% eran profesores, uno de cada tres eran estudiantes de posgrado o pregrado con diferentes tipos y grados de habilidades, y menos de uno de cada cinco eran investigadores de las propias facultades.

De los 7.000 millones invertidos, casi 1.000 millones se destinaron a la compra de diferentes bienes y servicios a proveedores y contratistas del país para conseguir cosas como microscopios, telescopios y tubos de ensayo. Además, aunque una parte importante de las empresas a las que se compraban estos productos eran grandes compañías, también existía una buena partida que llegó a pequeñas compañías relacionadas con alta tecnología. Aproximadamente un 70% del dinero gastado por estas universidades se destinó a recursos de empresas tanto grandes como pequeñas fuera de sus estados de origen.

Julia Lane, economista gerente senior en los American Institutes for Research, y directora del informe señalaba que “este estudio proporciona evidencias de que la ciencia es un trabajo productivo. El emprendimiento científico emplea a personas. Estas utilizan las aportaciones de capital, y la actividad económica se produce de forma inmediata. Los responsables políticos deberían comprender cómo se genera la ciencia al tomar decisiones para asignar recursos, y este estudio proporciona esa información de una manera fiable y actual“.

Por su parte, otra de las realizadoras de este estudio, Barbara McFadden, señalaba el valor de esta investigación para “estimar rendimientos amplios, como los que tiene la investigación en la sociedad, mediante la transformación de las ideas de las publicaciones académicas en patentes, y en última instancia, con los resultados. Ahora somos capaces de estimar, por ejemplo, cómo la financiación en investigación en un área concreta afecta a la incidencia de una enfermedad, y cuáles son las consecuencias para las personas que la padecen y el precio de estas ganancias“.

Todo esto sin contar todavía el impacto sobre la sociedad y la creación de riqueza de los descubrimientos científicos e campos que van desde la tecnología a la historia, pasando por la investigación acerca del cáncer o el Alzheimer, la eficiencia energética o las nuevas fuentes de energía. Aunque todo eso es, claro está, menos importante que un ático en Serrano, unos bonitos trajes o un aeropuerto en Castellón.

Fuente: Agencia Sinc

Imagen: Wikimedia Commons. Liberada para dominio público por Mwillett4000

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