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Un proyecto permite llevar microscopios a los niños de países en vías de desarrollo

El microscopio de un dólar

Hay determinados objetos que, por una u otra razón, están presentes en nuestras vidas desde la más tierna infancia. Tal es el caso (al menos el mío), del microscopio, un artefacto que recuerdo haber tenido en casa desde que era muy pequeño, y que en el colegio nos recomendaban a todos. La posibilidad de observar el detalle de la composición de un pelo, de la sangre, de una gota de agua… y de un montón de cochinadas que se te pasan por la cabeza cuando eres niño (bueno, y a veces no tan niño) es la mejor ventana para descubrir la cantidad de vida que nos rodea. En su tiempo, eran unos dispositivos prácticamente impagables, pero gracias a la producción en masa, sus costes disminuyeron hasta hacerlos accesibles para cualquier niño cuyos padres sean capaces de anteponer el aprendizaje de sus pequeños por encima de uno dos caprichos puntuales. A día de hoy, los más interesantes son los microscopios que, vía Usb, se pueden conectar al ordenador y, de esta manera, es posible capturar tanto instantáneas como vídeos de la imagen que muestra el dispositivo. Reconozco que llevo tiempo pensando en comprar uno, aunque los que dan un buen nivel de precisión y una resolución tirando a alta, son más bien caros, y tampoco vivimos tiempos como para el dispendio. Sin embargo, mientras yo me encuentro haciendo cuentas para ver si, por fin, me puedo dar el capricho, sigue habiendo millones de niños que no tienen acceso no ya a una versión tan chula como la que a mí me gusta, sino a un modelo, aún por básico que sea, que les permita observar el detalle de lo que nos rodea. Sin embargo, un grupo de estudiantes de la Universidad de Stanford han creado un microscopio de un dólar.

¿Cómo lo han hecho? Muy sencillo, creativo y brillante a la vez, recurriendo al origami: sí, al arte oriental del papel plegado. El cuerpo del microscopio estaría compuesto de una lámina plegable (operación que montaje que, casi a modo de juego, llevarían a cabo los propios niños) y, el resto de componentes, se acoplarían a dicha estructura siguiendo las indicaciones marcadas en el croquis de la misma. Los cálculos facilitados en el proyecto, y basados en la producción de 10.000 unidades, son los siguientes:

  • Papel: 0,06$
  • Lente 2.180x: 0,56$
  •  Pila de botón CR2016 de 3V: 0,06$
  • LED: 0,21 $
  • Interruptor: 0,05$
  • Cable de cobre: 0,03$

Lo que da un total de 0,97 dólares por microscopio, para los modelos de alto aumento (2.180x). Y aún hay más, una variante con una lente de 140 aumentos, cuyo precio (comprando 10.000 unidades) sería de 0,17$, reduciría el precio del microscopio a 0,58 dólares, menos de medio euro al cambio actual. El informe completo, que puede ser consultado en la biblioteca online de la Universidad de Cornell, muestra todos los elementos relacionados tanto con el diseño como con la producción, dejando por tanto cristalinamente claro que es bastante posible hacer llegar una herramienta tan útil a muchos niños de países en vías de desarrollo, un objeto a la vez tan divertido y educativo como es un microscopio.

 

Imagen: Krzysztof (Kriss) Szkurlatowski

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