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La serie, emitida por TVE, es disruptiva en bastantes aspectos

El Ministerio del Tiempo y la innovación

Tenemos la mala costumbre de, al escuchar la palabra innovación, pensar inmediatamente en tecnología o, en todo caso, en ciencia. Sin embargo, la innovación tiene cabida en prácticamente todos los campos de la sociedad, si bien es cierto que es más común verla en unos que en otros. Así, claro, cuando esa rara avis hace acto de presencia en cielos que habitualmente no surca, es normal que la sorpresa haga que muchos cuellos se giren para observar el curioso fenómeno. Esto es, sin duda, lo que ha ocurrido, lo que nos ha ocurrido a muchos, con El Ministerio del Tiempo, una serie original de los hermanos Pablo y Javier Olivares producida por Onza Partners y Cliffhanger y que se emite en TVE. Si no conoces la serie, te recomiendo que dejes de leer aquí y ahora, y que te reserves una hora en algún momento del día para ver el primer episodio de la misma en RTVE a la carta. O, mejor aún, que intentes ver los dos primeros seguidos, uno como introducción a la propia serie, sus personajes, etcétera, y el segundo que ya tiene el desarrollo de un episodio “normal”. También puedes seguir leyendo pese a no haberlo hecho, y seguramente te entrarán más ganas de verla, pero es posible que te adelante algún elemento de algún episodio, y probablemente cite alguno de sus chistes y demás. Tú decides. También adelanto, como siempre en estos casos, que esta publicación tendrá un poco de noticia y un mucho de opinión

Antecedentes: TVE estrena El Ministerio del Tiempo el 24 de febrero de 2015, una serie que, pese a los avances emitidos en el canal, nadie termina de tener claro en qué va a consistir exactamente: ¿otra ficción histórica? ¿Un remake de Doctor Who? ¿Un drama sobre la situación actual del funcionariado..? Lo mejor es salir de dudas y dedicar 70 minutos a la tarjeta de presentación de esta ficción, en la que de una manera nada pretenciosa se presenta a los protagonistas, se explica en qué consiste ese extraño ministerio y, lo que es más importante, se permite a la cabeza del espectador que deje volar la imaginación en múltiples aspectos, tanto en los relacionados con el propio desarrollo de la serie (¿qué puertas cruzarán y a dónde les llevarán?) como, para los más fantasiosos (entre los que, sin duda, me incluyo), ¿cuándo hay convocatoria de nuevas plazas para trabajar en el mismo?

Desde entonces, tras una primera temporada de ocho episodios, y una segunda de trece (sin miedo a la superstición) de los que hasta el momento se han emitido ocho (y ahora se encuentra en un pequeño descanso ya planificado hace algún tiempo, según su propio creador), la serie no ha dejado de combinar una aproximación única a la historia de España (un tema que gusta particularmente en TVE, vistas sus últimas grandes series), unos personajes muy bien definidos (algo no tan común en las ficciones de nuestro país) y perfectamente intepretados por sus actores, unos diálogos de nota (el enfrentamiento poético entre Julían, uno de sus protagonistas, y Lope de Vega es de premio) y una perfecta combinación entre tramas verticales y horizontales, arrojan como resultado un producto que no es que mantenga la calidad de sus primeras entregas, es que ha crecido bastante pese a que partía de un muy buen principio. Tanto el público y, especialmente, sus seguidores más incondicionales (se hacen llamar Ministéricos, lo que me parece adorable), coinciden en que la segunda temporada ha supuesto una importante mejora sobre la primera. Y esto, en la sociedad del “Tú antes molabas”, es un logro nada común.

Acabo de mencionar uno de los aspectos por los que la serie es innovadora, pero me gustaría desarrollarlo. Hasta ahora, el modo en el que las producciones sobre nuestra historia emitidas en TVE han tenido, siempre, un enfoque bastante clásico: dramatización basada en hechos reales. Y ojo, que esto no es necesariamente malo. Isabel, protagonizada por Michelle Jenner (una de las actrices más polivalentes y brillantes en la actualidad) supuso un gran acierto, y sirvió para que muchas personas mostraran un interés no visto hasta ahora en la historia de los Reyes Católicos (por cierto, Fernando de Aragón era interpretado por Rodolfo Sancho, uno de los protagonistas de El Ministerio del Tiempo). Es cierto que Aguila Roja, ambientada en el Madrid del Siglo de Oro, ya ha introducido algún elemento extemporáneo (en los diálogos, principalmente), pero salvo eso, el enfoque no había cambiado en muchos años. Pero entonces llegó el Ministerio, una serie que invita a picotear en nuestra historia, que te acerca a momentos y personajes cruciales de la misma, y que te deja con ganas de saber más y más, de abrir la Wikipedia y recordar la historia de El Empecinado y su importancia crucial en nuestra guerra con la Francia de Napoleón, o de comprobar si realmente Lope de Vega era una especie de Bertín Osborne o Julio Iglesias del Siglo de Oro. A este respecto, el enfoque es claramente rompedor. Para bien.

Cada episodio es una pequeña tormenta de nombre de personajes, lugares y hechos que la mayoría sólo recuerda de su (en algunos casos ya lejana) época de estudiante, pero el modo único en el que todo es retratado, con esa mezcla de elementos propios y extraños, ese mestizaje de capas y smartphones, pergaminos y portátiles, y un lenguaje mucho más cercano del que es común en las producciones históricas, confieren un tono de cercanía que, para muchos, abre tantas puertas a la curiosidad como las que cruzan sus protagonistas. Recientemente se ha publicado, con el nihil obstat de historiadores y académicos, una versión revisada de Don Quijote de la Mancha en la que, básicamente, se ha adaptado el castellano empleado por Cervantes al español del siglo XXI, rompiendo así una de las principales barreras a las que se enfrentan muchas personas que, pese a un sincero interés por la obra, necesitan emplear más tiempo en aclarar qué significan muchos términos y expresiones de la misma (¿qué es una adarga antigua? ¿y un sayo de velarte? ¿los duelos y quebrantos se comen?) que a disfrutar de las andanzas del ingenioso hidalgo. Hay que adaptar el mensaje al contexto en general, y al interlocutor al que pretendes llegar en particular, y en esto El Ministerio del Tiempo ha dado una lección magistral, creando un ejemplo a seguir.

Por otra parte, nunca hasta ahora he visto una serie que hiciera tanto (y tan bueno) uso de Internet. Protagonistas y secundarios tienen cuenta en Twitter, en las que además no dudan en interactuar con los ministéricos, dar claras muestras de su personalidad (el tweet de Alonso sobre amanecer como una tienda de campaña es sorprendente) y participar en la enorme conversación que se genera alrededor de cada episodio. También, por supuesto, cuentan con perfiles en Instagram (para acceder a su contenido tendrás que pasar una prueba para demostrar que realmente eres un ministérico), Facebook, web… incluso una Intranet, propia del Ministerio, pero de la que puedes obtener las claves si permaneces atento a sus publicaciones en redes sociales. Pero ahí no acaba la cosa, si quieres una interacción todavía más directa, hay un grupo oficial en Whatsapp. Eso sí, el acceso al mismo está muy limitado, así que para formar parte del mismo tendrás que superar un examen que se convoca al principio de cada temporada y, en caso de ser aceptado (y convertirse en becario del Ministerio), esforzarte por mantener esa plaza, puesto que al no ser funcionario… puedes perderla cada semana, y que pase a ser de otros usuarios que están deseando entrar. La comunicación y, gracias a ella, la sensación de implicación que tienen los seguidores, es algo que tampoco se había visto hasta ahora en nuestro país.

También resulta sorprendente el planteamiento para todo el merchadisng generado por la serie. Para la venta de ropa, camisetas, cuadernos… en fin, lo común. el Ministerio del Tiempo cuenta con una tienda online. Lo que no es tan común es que todos los diseños, todos, son creados por los propios seguidores de la serie. Y, además, hay un plazo limitado para comprarlos, así que o accedes de manera habitual, o te expones a perderte la posibilidad de comprar algún producto que te gusta porque has llegado tarde. ¿Cuantas veces hemos visto, en las redes, muestras de fanart que daban una y mil vueltas a los diseños y productos oficiales? Ahora los fans, al tiempo que crean contenido sobre la serie que les gusta, tienen la posibilidad de ganar dinero con ello, y el apoyo de los creadores de la serie en este punto. De verdad, me quito el sombrero. ¿Aún quieres más innovación? Vale, ¿tienes unas Oculus Rift, unas HTC Vive o cualquier otro dispositivo para ver realidad virtual (también vale Google Cardboard, por si te lo estás preguntando)? Estupendo, en tal caso podrás disfrutar de El tiempo tus manos, un episodio interactivo en realidad virtual de la serie, en el que te convertirás en uno de sus protagonistas. Es cierto que hay usuarios a los que no les está funcionando bien, y que hay aspectos de la misma que habría que mejorar, pero no es que no hubiera visto algo así con anterioridad en alguna serie española, es que ni siquiera imaginaba que alguien hubiera pensado en hacerlo.

 

Twitter Alonso de Entrerríos

La serie, de la que TVE emitirá próximamente los últimos cinco episodios de la segunda temporada, se encuentra encima de la mesa de los directivos del ente público, que todavía no han decidido si renovará o no por una tercera temporada. Las audiencias, según muchas voces, no son las que esperaban, y aunque en general mejoran la media de la cadena pública, siempre hay quien quiere más. Y aunque algo que sí que es común en Twitter es que los seguidores de series se manifiesten pidiendo su continuidad, nunca había visto tanto ruido al respecto como el generado por los ministéricos en Twitter. Y es normal, porque ninguna serie española había logrado, hasta el momento, generar una sensación de comunidad tan grande como la que ha crecido alrededor de El Ministerio del Tiempo.

Otra razón a favor de la renovación es que, aunque vivimos en un país con mucho talento creativo, importamos muchos más productos y formatos de los que exportamos. Sin embargo, Onza Distribución ya ha logrado la venta del formato a la productora china Guan Yue International, que realizará una adaptación de la misma dedicada a la historia de su país. Y dado que se trata de un formato realmente atrevido y original, veo más que probable que sea sólo la primera de una lista bastante más amplia de versiones internacionales del Ministerio. Y habrá quienes argumenten, claro, que eso es un éxito comercial para sus creadores, desde luego, pero también se traduce en un extra de prestigio internacional para todo el sector audiovisual español.

Pero la gran razón, la principal razón por la que TVE debe renovar la serie es que El Ministerio del Tiempo es, ya, mucho más que una serie. Es un ejemplo de innovación, una muestra de que “lo que se ha hecho siempre como se ha hecho siempre” se puede hacer de otra manera. Sólo esa ya es razón más que suficiente para que la televisión pública deje un poco de lado el documento de Excel en el que anotan, semanalmente, las audiencias de la serie, y recuerde (con esto no quiero decir que los hayan olvidado, ojo) el punto sexto del artículo 3 de la Ley 17/2006, de 5 de junio, y que dice lo siguiente: Tener por objetivo atender a la más amplia audiencia, asegurando la máxima continuidad y cobertura geográfica y social, con el compromiso de ofrecer calidad, diversidad, innovación y exigencia ética. Me quedo con la segunda parte, y más concretamente con el compromiso con la calidad y la innovación. El Ministerio del Tiempo va sobrada de ambas, y ha servido para llegar a una audiencia que, en general, no sigue ficciones españolas de manera regular. Y, de paso, también ha servido para acercar a TVE a las redes sociales y a Internet de una manera mucho más intensa que hasta ahora, lo que también debería ser valorado de manera especialmente por sus ejecutivos. Respeto todos los gustos (bueno, casi todos…), pero si tengo que elegir entre una TVE que consigue audiencias de récord con un programa de entrevistas de Bertín Osborne, y otra que cosecha unos números más humildes con El Ministerio del Tiempo, no tengo dudas en declararme ministérico. Y a mucha honra.

Y ahora discúlpadme, pero debo cruzar una puerta, que creo que me he equivocado de fecha para escribir esta noticia.

 

Imagen: Wikimedia

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