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Su sistema de propulsión no deja estela, dificultando su detección

El MIT crea un robot submarino para combatir el contrabando portuario

“El soplo parecía fiable. Por eso, desde hacía horas, la policía estaba apostada es las inmediaciones del puerto, controlando las idas y venidas apresuradas de los estribadores, sin perder de vista a los sospechosos habituales que, nerviosos, no paraban de echar vistazos a uno y otro lado, esperando el momento de que comenzara la descarga del barco o los tiros”. Sí, los puertos, esos eternos (y poco reconocidos) secundarios de las películas de acción son, también en la vida real, el escenario permanente del contrabando de todo tipo de mercancías, incluyendo personas. Ahora, las fuerzas de seguridad que luchan contra el tráfico ilegal tienen a su disposición un aliado más. Se trata de un pequeño robot submarino, no más grande que un balón de fútbol.

Aunque originariamente fue diseñado para localizar grietas en los barcos, su diseño y equipamiento, lo convierten en una herramienta perfecta para localizar falsos cascos, huecos y habitáculos ocultos en los que sea posible esconder mercancías ilegales. Gracias a que su sistema de propulsión, que no deja estela, puede desplazarse sin ser detectado por los contrabandistas y ocultarse en pequeños lugares, como grupos de algas.

Toda una flota de estos robots podría rastrear y comprobar todos los buques y barcos que se acerquen a puerto mediante su sistema de ecografía, sin ser detectado y sin dar tiempo a los delincuentes a deshacerse de la carga o a huir. Además de los dicho, cuenta con otra ventaja nada despreciable: resultan realmente baratos y fáciles de construir. Cada uno de estos robots tiene un coste aproximado de 600 dólares, por lo que si uno de ellos se rompe o es destruido, no supondría una gran pérdida.

La mayor parte de los componentes estructurales del robot han sido fabricados mediante impresión 3D, y la parte que alberga toda la electrónica es resistente al agua. La otra parte, que contiene el sistema de propulsión, es permeable. Su diseño consta de seis tubos en distintos ángulos, por los que circulan los chorros propulsados con la misión de estabilizar y controlar la dirección en la que se mueve el robot.

En el interior, una cámara estanca registra imágenes sospechosas, junto con la batería, la antena de comunicaciones, acelerómetros, giroscopios y medidores, completan la equipación de este discreto vigilante. Las baterías son recargables y tienen una autonomía de unos 40 minutos, por lo que una pequeña tropa de robots puede rotar en sus tareas de comprobación y tener un grupo en acción mientras el otro regresa a puerto para recargar.

Los inventores de este robot esperan equiparlo a futuro con un sensor de ultrasonidos y un sistema de recarga inalámbrica, además de mejorar el rendimiento de las baterías para que aguanten hasta 100 minutos bajo el agua.

Fuente: MIT

Imagen: Wikimedia Commons. Autor: Saibo

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