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David Baltimore
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Podría tener efectos no previstos

El Nobel David Baltimore alerta de los riesgos de la manipulación genética

En 1970 Howard Temin y David Baltimore descubrieron algo fundamental: el papel crucial del ARN como transcriptor del ADN, contradiciendo el dogma central de la biología molecular propuesto por Francis Crick en 1958. Este hallazgo supuso un paso esencial para conocer los mecanismos genéticos, así como el reconocimiento mundial para ambos con la entrega, en 1975, del premio Nobel de Fisiología y Medicina. David Baltimore, de 70 años, imparte clases de Biología actualmente en el Instituto Tecnológico de California (Caltech). Desde su cátedra ha aprovechado para hacer una llamada a la precaución en todo lo relativo a la manipulación genética y sus implicaciones científicas, médicas, legales y éticas. Las palabras que recogemos a continuación está basadas en una reciente entrevista al profesor publicada en la web de Caltech.

Las nuevas tecnologías desarrolladas dentro de la biología celular permiten a los científicos reeditar el genoma en apenas unas semanas, en lugar de los varios años que podía tardar el proceso anteriormente. Gracias a una herramienta llamada CRISPR-Cas9, también conocida como «tijeras de ADN», es posible cortar y pegar fragmentos de ADN para crear animales que imiten las enfermedades humanas para ensayar terapias o corregir defectos genéticos. Son modificaciones viables tanto en células somáticas como en células germinales (precursoras de las células sexuales), con lo que queda abierta la posibilidad de alterar factores hereditarios.

La principal preocupación de Baltimore está, precisamente, en la enorme facilidad con la que se pueden realizar esas modificaciones en la línea germinal. Para Baltimore, alterar las células germinales en los seres humanos puede tener efectos no previstos. «Si se lleva a cabo una modificación en la línea germinal de un gen identificado como problemático, ¿cómo saber si en alguna otra parte del genoma no se ha producido una alteración involuntaria como consecuencia de la otra?», dice Baltimore. «La mayor parte del genoma no codifica nada, por lo que no se detectaría ningún cambio en la síntesis de proteínas, pero ese cambio se heredaría a las generaciones futuras, y hay que estar seguros de que eso no está ocurriendo», afirma.

A largo plazo sería necesario, en opinión de Baltimore, diferenciar entre las modificaciones hereditarias con objetivos «cosméticos» y las empleadas para la resolución o mejora de enfermedades humanas graves. Cita como ejemplo la enfermedad de Huntington, una patología hereditaria en el que la mutación del gen, transmitido de padres a hijos, hace que las siguientes generaciones manifiesten la enfermedad cada vez a edades más tempranas, de manera que si el primer enfermo desarrolla la enfermedad con 50 años, en las siguientes se irá acortando el tiempo de latencia. Para Baltimore, librar al ser humano de esta enfermedad es un gran bien, y siendo la manipulación genética la única forma de eliminarla, considera claro que hay que trabajar por ello desde esta única vía posible por el momento. Sin embargo, en casos como el deseo de obtener niños más inteligentes, la complicación está en que no se trata de algo determinado por un único gen, sino por muchos, lo que su modificación todavía queda fuera de las posibilidades y conocimientos de los investigadores. Medicamente, la balanza cae indudablemente del lado de la enfermedad de Huntington, aunque no niega que la decisión final cae en manos del criterio de la sociedad. Sin embargo, cada sociedad podría regirse por distintos criterios, algunos fuera del control de los científicos.

Baltimore aboga por un crear un consenso general en la sociedad desde la comunidad científica internacional, que aporte los criterios morales y éticos por los que regirse en este campo. Para Baltimore, el panorama de la ciencia genética de aquí a 10 años no será muy diferente a lo que ya conocemos, salvo que quizá sí que se pueda avanzar algo en mejorar las modificaciones multigénicas. A 100 años vista está convencido de que los avances tecnológicos serán impresionantes, revolucionarios y muy diferentes de lo que conocemos ahora. Sin embargo, echando la vista atrás Baltimore recuerda cómo, hace 40 años, se organizó la conferencia de Asilomar sobre el ADN recombinante. Su objetivo era discutir entre la comunidad científica sobre los riesgos biológicos y la regulación de la biotecnología, y Baltimore fue uno de los organizadores de este importante evento. De ahí salieron las pautas para garantizar la seguridad de la tecnología del ADN recombinante, como usar barreras biológicas para impedir la propagación del ADN recombinante. Durante las investigaciones con ADN microbiano, por ejemplo, se hicieron modificaciones que, de no poner barreras, podrían haber supuesto un peligro para los seres humanos.

Finalmente, Baltimore considera que los científicos han avanzado enormemente en el manejo de esta tecnología, al tiempo que han ido identificando los posibles peligros, por lo que según el profesor «cada vez vemos menor razones para estar preocupados». Sin embargo, cuando se le pregunta a Baltimore sobre si es consciente de que hay científicos que no siguen las reglas, con asombrosa ingenuidad (o desconocimiento de la naturaleza humana), responde: «Que yo sepa eso nunca ha sucedido».

Fuente: Caltech

Imagen: Bob Paz

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