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Sheldon Cooper, interesado en compartir los gastos de la investigación

El Servicio Secreto de Estados Unidos quiere un detector de sarcasmo

Que la mayoría de lo que sucede en el mundo está en las redes sociales, es algo más que evidente desde hace ya tiempo. E, incluso, que son éstas el espacio embrionario en el que se gestan los titulares de los medios de pasadomañana es algo que ya no pasa desapercibido para muchos. El despertar de la primavera árabe, por ejemplo, situó a Twitter en el epicentro de la construcción de movimientos sociales, actuando no sólo como altavoz, sino también como incubadora. Es por ello, claro, que cada día hay más ojos que observan lo que se cuece en las redes, e intentan emplear esa información tanto como para tener más consciencia del presente como para hacer proyecciones de futuro. No en vano, una de las patas sobre las que se asienta ese fenómeno global llamado Big Data es el conjunto de las principales redes sociales y, especialmente, aquellas en las que el contenido se publica principalmente y por defecto en abierto, léase Twitter. Sin embargo, aunque los modernos sistemas son capaces de procesar ingentes volúmenes de información (basta con comprobar cómo funciona Google), la parte más complicada de ello es desarrollar los algoritmos capaces de analizar dicha información y, claro, extraer conclusiones. Ahí es donde está el gran desafío, y donde día a día vemos esfuerzos y proyectos destinados a pulir dicha montaña de datos. Y, aunque a ese respecto ya se han producido interesantes avances, las necesidades siguen avanzando, y llegan a puntos como el de esta noticia, y es que el Servicio Secreto de EEUU quiere un detector de sarcasmo en redes sociales.

En la solicitud, publicada el pasado lunes, la agencia indica que busca un software de análisis que, además de otras funciones relacionadas, sea capaz de analizar grandes volúmenes de datos, con origen en medios sociales, y presentar los resultados de dichos análisis en una representación gráfica (comprensible por el común de los mortales). Entre lo que se espera de dicha herramienta, se indica que debe ser capaz de distinguir entre usuarios normales e influencers (usuarios con una importante base de seguidores, pero que son completamente anónimos fuera de dichas redes), analizar tanto las publicaciones actuales (en tiempo real) como el histórico y, algo que no ha pasado desapercibido para muchos, debe ser compatible con Internet Explorer 8, en lo que se entiende como una referencia a los sistemas con los que trabajan en la administración pública de EEUU, por sorprendente que pueda parecer. Y, claro, lo que más llama la atención y da razón de ser a esta noticia: «Ability to detect sarcasm and false positives», vamos, que debe ser capaz de interpretar cuando un mensaje significa justo lo contrario de lo que parece.

Ed Donovan, portavoz del Servicio Secreto, considera que un sistema así permitiría crear un sistema de monitorización de Twitter (menciona específicamente esta red social) propio de la agencia, y que, utilizado de la manera adecuada, permitiría actuar de manera más rápida y, en algunos casos, incluso adelantarse a los problemas (esto recuerda un tanto a Minority Report, ¿no?). El problema, según lo ven muchos, es que en el sarcasmo hay un elemento fundamental: el lector. A diferencia de otros aspectos, que sí que pueden deducir por, por ejemplo, las palabras empleadas, en el caso del sarcasmo existe un componente de interpretación que es único en cada receptor. Hay personas totalmente incapaces de detectar el sarcasmo (el televisivo Sheldon Cooper es un gran ejemplo de ello), mientras que hay otras que creen verlo en muchas más ocasiones que en las que es empleado. Un ejemplo sencillo, si lees un tweet en el que alguien dice «Me encanta Ryaniar…» y, claro, no va acompañado de más mensajes al respecto, ¿cómo lo interpretas? Puede ser sarcasmo (la aerolínea no cuenta con una imagen de marca particularmente buena), pero también puede ser una expresión sincera de satisfacción con la misma. En la interpretación del mensaje, pesarán tus propias opiniones, conocimientos y prejuicios, tanto de la persona que escribe el mensaje, como sobre el mensaje mismo. El mismo tweet, exactamente el mismo, publicado por un político y por un humorista, estarían sujetos a interpretaciones muy distintas… ¡pero es que el mismo contexto del mensaje podría cambiar la interpretación inicial!

En nuestro día a día, al comunicarnos, empleamos herramientas mucho más complejas de lo que tendemos a recordar. Unos cuantos miles de años desarrollando y puliendo sistemas para comunicarnos, dan como resultado un complejo equilibrio de palabras, sí, pero también de muchos elementos que las envuelven. Desarrollar un sistema capaz de detectar el sarcasmo en Twitter es, sin duda, atacar a la parte más compleja (aunque también la más dulce) del melón. Y está claro que, contando con los medios de los que disponen, tardarán poco tiempo en conseguirlo. Sí, claro, esta última frase era sarcástica, pero si lo has sabido interpretar es porque ya me conoces un poco.

 

Imagen: Crushedtees

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