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La Ministro Ana Mato propone un conjunto de medidas para limitar estas prácticas

El spam telefónico, algo más controlado

Son las cinco de la tarde. Domingo. Has conseguido levantarte pronto, salir a correr, hacer la compra a la vuelta y preparar el desayuno para toda la familia al llegar a casa. Después te has consagrado a limpiar, ordenar y hacer todas esas tareas que demanda una casa, y que entre semana tienes totalmente abandonadas por culpa del trabajo. Al llegar las tres y media has comido bien, te has sentado en el sillón y, con un telefilme totalmente olvidable, has empezado a cerrar lentamente los ojos, entregándote a uno de los placeres que, desde España, hemos exportado al resto del mudo: la siesta. Pero algo ocurre: un inesperado sonido te arranca del reparador sueño y te devuelve con una bofetada a la realidad, tu teléfono móvil suena de manera insistente, así que tras frotarte los ojos y aclararte la garganta, atiendes la llamada. Sólo para comprobar que, en realidad, se trata de un teleoperador preguntándote cómo demonios has podido vivir hasta ese momento sin un pack de plan de jubilación y seguro dental con cobertura triple A con perspectivas positivas. Tu te cagas en sus muertos declinas amablemente la oferta y cuelgas. Pero ya nada vuelve a ser igual. Se acabo la siesta, se acabo el relax y, ya casi, se acabó el domingo.

 

En cualquier momento

O también puede ser durante una reunión de trabajo, a mitad de la hora de comer, justo cuando has salido a hacer deporte… de un tiempo a esta parte el spam telefónico se ha convertido en una importante molestia para muchos usuarios, que se ven bombardeados con ofertas comerciales que, en la mayoría de los casos, no les interesan ni lo más mínimo. No importa, por claro que se lo dejes al teleoperador de turno, lo más posible es que pocos días después vuelvas a recibir una llamada en la que te ofrecen el mismo producto o servicio. Parece el día de la marmota, sólo que peor. Sin embargo, la Ministro Ana Mato ha anunciado que se va a plantear a las empresas de telecomunicaciones un sistema normalizado con el que los consumidores puedan rechazar el recibir ofertas comerciales por vía telefónica. Esta afirmación se ha producido en el pleno del Senado del pasado martes 22, en respuesta a una pregunta del senador Francisco Javier Yanguas (UPN) sobre las medidas que se plantea el gobierno para acabar con el acoso telefónico que suponen estas llamadas no deseadas. Mato ha reconocido ser consciente del malestar ciudadano ante llamadas que no respetan los derechos de los consumidores, cayendo en lo que podría calificarse como acoso telefónico».

 

Respeto a la intimidad

También, en dicha respuesta, se ha hablado de establecer las garantías necesarias para asegurar el respeto a la intimidad de cualquier ciudadano, pero especialmente de menores de edad. «Ha pasado suficiente tiempo en el uso de esta práctica para que las empresas se comprometan firmemente con los consumidores que no deseen más llamadas de este tipo en sus teléfonos», ha apostillado Mato. Otra medida adelantada es la creación de una comisión interministerial, integrado por los  Ministerios de Justicia y de Industria, Energía y Turismo con la intención de encontrar, según sus propias palabras, «un equilibrio entre la acción comercial y el respeto a los derechos de los consumidores». No obstante, y basándose en algunas de sus afirmaciones, cabe esperar que la balanza, en caso de no situarse en el centro, debería tender hacia el lado de los derechos del consumidor.

 

Las múltiples caras del spam

El spam, término que tradicionalmente se ha asociado al correo electrónico basura, pero que de un tiempo a esta parte ha comenzado a asociarse también a mensajes, llamadas telefónicas e, incluso, a publicidad enviada por correo, es sin duda alguna la muestra de una mala política comercial. La respuesta de la mayoría de los usuarios ante el mismo es claramente negativa, lo que queda asociado de manera permanente a la imagen de la marca, producto o servicio asociado a la misma. Sin embargo, en tiempos como los actuales, en los que el nivel de consumo se encuentra bajo mínimos, bastantes empresas recurren a medidas más agresivas para mejorar sus resultados. Esto, en el corto plazo, puede funcionar, pero no está de más ponderar los efectos a medio y largo plazo de este tipo de acciones, puesto que forzar una o dos ventas más el día de hoy, puede traducirse en perder diez o veinte potenciales clientes mañana, y que se han sentido acosados por el spam en cualquiera de sus formas.

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