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No obstante, estos vuelos ya traen a más del 50% de nuestros visitantes

El turismo que llega en vuelos low-cost gasta menos

No hace falta volver la vista demasiado atrás para recordar los tiempos en los que, en la mayoría de los casos, viajar en avión era un privilegio que quedaba exclusivamente al alcance de unos pocos. A día de hoy, afortunadamente, el avión ya es un medio de transporte al alcance de casi cualquier bolsillo y que, en algunas circunstancias, es incluso más barato que sus alternativas. Y esto que ya es una tendencia desde hace no pocos años, ha experimentado una evolución imparable con la proliferación de las aerolíneas lowcost, en las que se ofrece al cliente un precio muy, muy competitivo, a costa de sacrificar ciertos elementos propios (al menos en principio) de los servicios ofrecidos por otras compañías aéreas. En realidad, y como nos recuerda el estudio “Análisis del impacto de las líneas aéreas de bajo coste en la comercialización y la calidad del producto aéreo” de Pilar Clemente Lara (puedes leerlo aquí) la primera aerolínea de bajo coste de la historia fue la estadounidense Southwest, nacida en 1971. Sin embargo, no fue hasta principios de los 90 que ese modelo empresarial cruzó el Atlántico con Ryanair, la primera compañía en traer ese formato a Europa. Ahora, cuando ya han pasado bastantes años desde su implantación, empiezan a analizarse todas las repercusiones a medio y largo plazo de la irrupción de estas compañías en el mercado, como lo hace un estudio de la Universidad Complutense de Madrid, que afirma que el turismo que llega a España en vuelos low-cost gasta menos que el que viene en aerolíneas convencionales.

En el estudio, firmado por Rafael Myro Sánchez, Belén Rey Légidos y Pablo I. Hernández, y publicado en el número 198 de la revista Estudios Turísticos, se afirma que, pese a que el crecimiento del volumen de turistas que llegan a España a través de vuelos de compañías low-cost no ha dejado de crecer desde 2004, no existe una relación directamente proporcional entre ese crecimiento y los ingresos recibidos por las ciudades que acogen a esos visitantes, es decir, que estadísticamente el turista que llega en vuelos de bajo coste tiende a gastar menos dinero en su destino que el que emplea aerolíneas convencionales. El turista que viaja con lowcost “está menos tiempo y su viaje aéreo es más barato, pero sobre todo, gasta menos por día de estancia”, según palabras de Rafael Myro, autor principal del trabajo y catedrático en la UCM a la agencia Sinc. Así, aunque no se puede negar el efecto positivo de que sirvan como vehículo para un turismo que, de otra manera, no recibiríamos, el investigador planea que “fomentar este modelo de negocio mediante subvenciones, como pauta general, no conduce a un aumento de los ingresos por turismo, ni siquiera a largo plazo, porque aumenta el número de turistas pero disminuye el gasto medio”.

Aunque desde hace ya algún tiempo se empieza a observar una tendencia a la contra, durante muchos años se ha promovido el uso de aeropuertos con poco tráfico mediante una política de tasas muy bajas que, en algunos casos, iban también asociadas a subvenciones por parte de ayuntamientos y comunidades a compañías aéreas para que mantuvieran los vuelos a sus ciudades. Es el caso, como cita la agencia Sinc, refiriéndose al estudio, de Cataluña, donde Ryanair realiza la mayor parte de sus operaciones en Gerona y Reus, debido tanto a las bajas tasas como a “las cuantiosas subvenciones que han dado los gobiernos regionales“, según Myro.

 

Fuente: Agencia Sinc

Imagen: Adrian Pingstone

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