" />
Goonies
ZOOM
GALERÍA
0 COMENTARIOS

Richard Donner dice que el elenco original de Los Goonies hará la segunda parte. Pero, ¿por qué? :(

¿En serio van a hacer la segunda parte de los Goonies?

Pues sí. Cuando hace unos días leí el titular de que estaban pensando hacer una segunda parte de los Goonies, no quise entrar a leerla. Luego confirmaron que la iban a hacer y me temí lo peor. Algo así como “reencuentro del elenco original”. Efectivamente. Según Richard Donner, director de la primera y única “Goonies”, Sean Astin, Corey Feldman, Josh Brolin, Jonathan Ke Quan y Jeff Cohen están más que dispuestos a volver a encarnar a Mickey, Bocazas, Brand, Data y Gordi en esa futura película. Me pregunto si ya tienen el título, algo original como “Goonies II: el reencuentro”. Todavía tengo un bucle autodestructivo en mi mente preguntándose: “¿Pero, por qué?”

No tengo palabras, no se me ocurren razones para que una película tan bordada como “Goonies”, tan única, tan especial, pase a engrosar la lista de las sagas metidas con calzador. Bueno, sí que se me ocurren, pero la respuesta no me gusta nada.

Richard Donner está detrás de las cuatro partes de “La profecía”, “Arma Letal”, “Lady Halcón”, las dos primeras “Superman” y la “Superman II” de 2006, “Maverick” y “Los fantasmas atacan al jefe”, entre otras. Sin embargo no ha vuelto a rodar nada desde 2006, aunque ha habido anuncios de que estaba detrás de reunir de nuevo a Mel Gibson y Danny Glover en “Arma letal 5”, algo que, de momento, no parece muy probable. Así es que a falta de algo mejor que hacer, ha pensado que podría estar bien coger una de sus películas más exitosas y emblemáticas y convertirla en una primera parte.

No estoy versada en los entresijos hollywoodienses pero, desde la profana visión del mero espectador, me parece que “la Meca del cine” se está secando poco a poco. El problema de que el cine se haya convertido exclusivamente en un negocio, obliga a mantener a toda costa un número de estrenos al año, y eso no es bueno. Por suerte para ellos, una buena parte de su público actual no ha visto en su vida otra película en blanco y negro que no sea Sin City, y no tienen mucha idea de cómo valorar los clásicos del cine. Gracias a eso, el molde rancio del “taquillazo” sigue funcionando entre determinado público.

De los Goonies molaba todo. Podíamos identificarnos con ellos porque eran niños como nosotros. Las cosas chulas les pasaban a los grandes superhéroes, o a extraordinarios aventureros. Con ellos soñábamos a futuro, en lo que haríamos de mayores, pero los Goonies decían que podíamos vivir esas aventuras ahora, que no hacía falta ser adultos para poder vivir cosas increíbles. Los niños, esos a los que ponían en una mesa aparte en las reuniones familiares para que comieran antes y no jodieran la sobremesa de los adultos, los que tenían que permanecer en silencio durante las interminables siestas de verano, los que siempre quedaban fuera de todas las conversaciones, podían ser protagonistas de algo. Al salir del cine creímos que podíamos llegar a encontrar otro barco pirata, enfrentarnos a unos mafiosos y encontrar un tesoro fantástico.

¿Qué vamos a ganar viendo a los Goonies 30 años después, ahora que los protagonistas tienen nuestra edad? Mickey ya no es sólo Mickey, ahora también es Samsagaz, Patella, Gary o Bill. Y de su hermano de ficción Brand tendremos la imagen de Matthew Kensington, Bates, el detective Trupo o la versión joven del agente K. Tal vez no sean las razones más razonables para renegar de la segunda parte. No las tengo mejores. Puede, incluso, que llegue a ser tan buena o mejor que la primera, pero me fastidia que esa gran industria del entretenimiento sea incapaz de crear películas interesantes al mismo ritmo que fabrica bodrios y se dedique a remakes estúpidos y segundas partes aún más estúpidas. ¿Será realidad la segunda parte de “Los gemelos golpean dos veces” con Eddy Murphy haciendo de tercer hermano de Schwarzenegger y DeVito?

Confesaré que me indignan motivos totalmente emocionales. Los lugares mágicos de la infancia han ido, poco a poco desapareciendo. Sobre los escondites secretos han construido autopistas, bloques de hormigón o chinos. Los campos de juego han pasado a ser hoteles o centros comerciales. El quiosco donde comprábamos las palmeras de chocolate en el recreo simplemente desapareció. Esas cosas pasan y, aunque triste, es normal. Ley de vida. Todo cambian, el progreso llega y las transforma en otras más prácticas y rentables. Menos en Astoria. Allí, los que quisieron construir un campo de golf sobre las casas de los Goonies se llevaron un buen golpe en las narices gracias a la ingenua creencia de unos chavales en el tesoro de “Willy el tuerto”, Así Astoria siguió siendo Astoria para siempre.

La gente crece y deja de ver la boa dentro del elefante. Los productores y directores de Hollywood también fueron niños, lo sabemos porque no puede ser de otra manera. Pero un día crecieron y entraron en el mundo de verdad. Se convirtieron entonces en los inversionistas del campo de golf de Astoria, con el símbolo del dólar en los ojos y la pluma presta a firmar la orden de desahucio. Los últimos estrenos de aventuras y acción quieren seguir el mismo patrón de las que conquistaron el éxito por primera vez. Y mientras siga funcionando, ¿por qué no explotarlo hasta la náusea? Me pregunto cómo se les ocurrirá que los protagonistas vuelvan a verse embarcados en una nueva aventura, ahora que tendrán trabajos de persona seria y familia. ¿Se casó Brand con Andy? ¿Serán los retoños los ex Goonies los que vuelvan a meterse en líos por culpa de los hermanos Fratelli, sedientos de venganza tras 30 años a la sombra? ¿O será más como el reencuentro de “Los perdedores” en It? No lo sé, pero me da igual.

A Harrison Ford no le ha tratado demasiado mal la edad ni el cine, pero Mark Hamill se ha convertido en una voz, en un cameo, un extra de los Simpsons, y Carrie Fisher en secundaria sin lujo. Disney, esa fábrica de sueños rotos quiere terminar de estrujar Star Wars reuniendo a todas las viejas (muy viejas) glorias y volver a enfundarlas en la túnica Jedi. No tiene más sentido que el de terminar de destrozar algo que empezó siendo bueno, ha continuado por el camino de lo regular y se encamina de cabeza hacia lo horrible. ¿Le toca ahora a Los Goonies? El icono de los 80 no se convertirá en el icono de las primeras décadas del siglo XXI. Pero aprovechando su estela se puede rescatar a padres y niños con otra sobredosis de manidos efectos especiales, merchandising y reediciones de la primera. Es como regurgitar una comida memorable y volver a tragársela años después. Por buena y extraordinaria que fuera, el regusto a vómito está presente.

Imagen: Escena “Los Goonies”. Gordi meneando la barriga.

 

No comments yet.

Deja un comentario