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Científicos descubren lo sencillo que es ocultar los recuerdos a los modernos detectores de mentiras

Engañar a la máquina es fácil

La ciencia está realmente muy interesada en conocer cerebro y mente en profundidad. Anthony Wagner, neurocientífico y psicólogo del Stanford Memory Laboratory, lleva varios años desarrollando un programa de ordenador capaz de leer los datos provenientes del escáner cerebral fMRI (imagen por resonancia magnética funcional) de una persona y predecir, con bastante exactitud, si esa persona está experimentando un recuerdo. A raíz de sus investigaciones él y su equipo han podido comprobar que, con sólo un poco de entrenamiento y concentración las personas pueden fácilmente ocultar recuerdos reales e, incluso, crear mentiras que pueden parecer verdades en el escáner.

El aspecto biológico de la memoria conlleva procesos muy complejos y variados que precisan poder crear, guardar, recuperar y reproducir los recuerdos. Lo primero es detectar el estímulo en una persona, interpretarlo y almacenarlo, algo que ocurre dentro de distintas estructuras cerebrales. El recuerdo depende de otra serie de mecanismos neuronales para poder localizar y volver a reconstruir toda la información guardada en la memoria para, finalmente, reproducirla. A pesar de la complejidad del proceso y de las distintas áreas del cerebro implicadas, equipos como el de Wagner pueden emparejar señales de actividad cerebral con el análisis del patrón de aprendizaje automático. De esa manera se pueden identificar patrones más complejos que indican si una persona está recordando un estímulo determinado o bien lo percibe igual que una novela. Según explica Wagner, ellos pueden “entrenar” al algoritmo que trabaja con los datos de una persona para para reconocer el patrón correspondiente a “ver algo”y diferenciarlo del patrón “recordar algo”. El porcentaje de aciertos del algoritmo oscilaba entre el 75% y el 95%, lo que es bastante.

Los datos eran muy buenos, pero Wagner y su equipo quisieron poner a prueba el algoritmo, y pidieron a las personas que pasaban por su escáner que tratasen de ocultar su memoria. Básicamente, ante la presencia de algo que recordaban haber visto tenían que decir que no lo conocían, y ante cosas no vistas antes debían contestar que sí, que las conocían. Pero no se trataba sólo de mentir, sino de engañar a la máquina. Los investigadores entrenaron a las personas para que crearan falsos recuerdos acerca de lo que conocían y de lo que no. El resultado fue que la máquina era asombrosamente fácil de engañar, y la precisión del algoritmo bajó hasta el 50%.

Las personas que pasaron por aquel entrenamiento contaron que, curiosamente, les resultaba mucho más fácil crear nuevos recuerdos de cosas que no habían visto, que enterrar y ocultar los verdaderos recuerdos que ya tenían, algo que los escáneres pudieron detectar.

Los resultados de esta experiencia ponen ahora en tela de juicio algunos de los últimos avances periciales para la detección de mentiras en causas penales. El uso del escáner fMRI como “máquina de la verdad”, como ha quedado demostrado por el equipo de Wagner, parece que es un caso claro en el que la tecnología falla.

Fuente: Universidad de Stanford

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