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Niños fumando en 1910
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Disminuye del volumen cerebral y provoca problemas afectivos y de conducta

Fumar durante el embarazo afecta al desarrollo cerebral del niño

Si decimos que el tabaco es malo no te estamos revelando nada nuevo. Las advertencias de las autoridades sanitarias en las cajetillas recuerdan, sin mucho éxito, que fumar mata, produce esterilidad, cáncer y “nosecuántas” cosas más. El tabaco es un veneno que se vende en establecimientos autorizados y del que el gobierno recauda sus buenos impuestos; parte de los cuales acaban en el saco sanitario de la atención a los efectos (directos e indirectos) del tabaco. Que esté institucionalizado y socialmente aceptado no lo hace menos venenoso ni menos mortal. Causa más (muchísimas, muchísimas más) muertes al año que la intoxicación del aceite de colza, y levanta menos revuelo. Cada nueva investigación que se hace acerca del tabaco sigue destapando su alta toxicidad y los efectos que tiene, no sólo en los fumadores propiamente dichos. Ahora, un nuevo estudio, realizado por la Universidad de Rotterdam, en los Países Bajos, y publicado por la revista Nature, revela que la exposición al tabaco durante el embarazo afecta negativamente al desarrollo mental y emocional del niño; efectos que llegaban a extenderse hasta la adolescencia.

Que fumar durante el embarazo afectaba a los hijos era algo que ya se conocía, aunque se solía asociar, hace cierto tiempo, con un tamaño menor del feto. Posteriormente se descubrió que existía una relación entre ciertas patologías como los abortos espontáneos y el síndrome de muerte súbita del lactante, además del desarrollo de tumores y el aumento de las enfermedades cardiopulmonares entre los fumadores. Sin embargo, el número de mujeres que fuman durante el embarazo alcanza el 25%. Con las nuevas investigaciones hay que sumar un nuevo perjuicio mucho más amplio y con consecuencias sobre el niño incluso después del nacimiento.

Los científicos han estado observando y analizando la relación entre la exposición prenatal al tabaco y la psicopatología en los jóvenes. Lo que se ha visto indica que dicha exposición es la causante de un menor desarrollo de determinadas áreas del cerebro, algunas de la cuales se encuentran relacionadas con el desarrollo afectivo de la persona. Para el estudio se hizo un seguimiento durante varios años de dos grupos de 113 niños cada uno. En el primero estaban los que habían estado expuestos prenatalmente al tabaco, el otro constituía el grupo de control con niños no expuestos. Sobre los 6-8 años se les hizo una evaluación morfológica del cerebro mediante resonancia magnética, verificando que los niños expuestos al tabaco durante el embarazo mostraban menos volumen cerebral total, y el volumen de materia gris cortical era también más pequeño. Además de lo reflejado con estos datos, los niños también mostraban un mayor índice de problemas afectivos y de conducta. La buena noticia es que el desarrollo del cerebro en niños cuyas madres dejaron de fumar durante el embarazo era semejante al de los grupos de control.

Los niños expuestos al tabaco desde la infancia, además, tienen mayor propensión a convertirse, ellos mismos, en fumadores, por lo que los investigadores asumen en su trabajo que hay una parte del mismo que no pueden relacionar directamente con la exposición prenatal, y es la persistencia del menor volumen cerebral al llegar a jóvenes, ya que podría deberse al hecho de haberse convertido ellos mismos en fumadores. Claro que eso tampoco es nada bueno.

Imagen: National Child Labor Committee Collection, sin restricciones de uso.

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