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Los grupos hacen que algunas personas se "olviden" de sus valores éticos personales

Gente buena que hace cosas malas (cuando va en grupo)

Somos seres sociales. Sin embargo, cuando estamos con otras personas podemos llegar a hacer cosas que no haríamos solos. Tanto buenas como malas. Según explica Rebecca Saxe, profesora asociada de neurociencia cognitiva en el MIT, las instituciones sociales tienen un gran peso sobre nuestro comportamiento. Tal es aso, que la existencia de grupos sociales o pandillas, pueden hacer que lleguemos a dañar a las personas que no pertenecen a “nuestro” grupo. Y, aunque por lo general los valores morales nos hacen tener claro qué es lo correcto y qué no lo es, cuando nos agrupamos, se establece una especie de sentido de “banda” que nos puede llevar a cometer acciones contrarias a sus propios principios. Sentirse perteneciente a un grupo implica psicológicamente la idea de rivalidad: se establece un “nosotros” y un “vosotros”.

Un grupo de personas a menudo se dedicará a acciones que son contrarias a las normas morales de cada individuo de ese grupo, arrastrando a individuos, por lo demás decentes, en ‘turbas’ que cometen saqueos, vandalismo, y caen en actos de brutalidad, incluso física“, señala Saxe. Para esta profesora, hay varios factores que favorecen esta transformación en las personas. Uno de ellos es que sienten que su anonimato queda amparado por el conjunto humano, y que hay menos probabilidades de ser castigado por sus acciones. Otro es la creencia de que la acción en conjunto diluye la responsabilidad personal.

Saxe y sus compañeros han encontrado un tercer factor que influye en que salga el Mr. Hyde que llevamos dentro. Según han visto, cuando las personas están en grupo “pierden el contacto” con sus propias costumbres y creencias, y se vuelven más propensos a hacer cosas, aunque piensen que están mal. Esta afirmación proviene de un estudio en el que Saxe y su equipo estuvieron midiendo las áreas del cerebro relacionadas con la reflexión sobre ellos mismos. Cuando alguien está reflexionando sobre sí mismo, esta parte del cerebro se muestra iluminada en las imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) del cerebro.

En algunos casos, cuando las personas participaban en actividades de competiciones de grupo, la actividad cerebral de estas zonas se redujo más que cuando actuaban individualmente. Durante las acciones de grupo, estos individuos tenían más probabilidades de dañar a los competidores que los que no presentaban esa reducción de la actividad. A lo largo de la historia, las masas enfurecidas (o enloquecidas) han dado muestra de las barbaridades que se pueden cometer bajo el amparo de un grupo humano. Un grupo no es sólo una pandilla o un equipo deportivo. A la hora de que la mente geste la idea de “bando”, sólo es necesario contemplar a otro como un rival. Sirvan como ejemplo los conflictos entre trabajadores y patronal, taxistas y Uber o ricos y pobres.

El espíritu grupal es importante para la supervivencia del grupo, pero con límites. Explica Mina Cikara, ex investigadora posdoctoral del MIT, los grupos también promueven el anonimato, reducen la responsabilidad personal y animan a valorar las acciones dañinas de otra forma, supeditada al “bien” del grupo. Estos resultados sugieren que, al menos en algunos casos, las normas morales personales  se “relajan” bajo la influencia de la “mentalidad de la multitud”.

Las mentes grupales no piensan mejor

La profesora Cikara vivió una experiencia que le hizo repensar en cómo opera esta modificación del comportamiento. Sucedió durante una visita al Estadio de los Yankees con su marido. Fans de Yankees les abuchearon e insultaron por llevar una gorra de los Red Sox. Los hinchas dejaron de verles como personas para pasar a contemplarles como rivales. Y lo curioso, explica Cikara, es que una vez uno comienza a “sentirse atacado en nombre de un grupo, incluso de forma arbitraria, cambia su psicología”.

Los experimentos realizados también sirvieron para comprobar que las personas que mostraban menor actividad en el área autoreflexiva durante las actividades de grupo, eran más propensas a dañar a los contrincantes, además de valorar de forma mucho más negativa a los contrarios, mientras que solían hacerlo de forma más positiva sobre los miembros de su grupo. Vieron esto cuando, en una parte del experimento mostraron a los participantes diversas fotos de personas del grupo contrario y del propio. Estas personas elegían las fotos menos halagadoras de los del otro equipo, pero las más agradables de los compañeros.

Los investigadores también descubrieron que después de las competiciones a las que los sometieron, las personas con reducida actividad de la corteza prefrontal medial (la zona de la reflexión sobre uno mismo) tenían más dificultad para recordar las declaraciones morales que habían escuchado durante el juego. “Si alguien tiene que codificar algo en relación con él mismo y encima la capacidad de hacerlo se socava, de alguna manera, cuando se compite en grupo, entonces la persona debe tener mala memoria asociada a esa reducción de la señal de la corteza prefrontal medial, y eso es exactamente lo que hemos visto“, dice Cikara.

Aunque los investigadores no lo refieren en su estudio, el hecho de que se active o no la corteza prefrontal medial no es la causa, sino la consecuencia de un comportamiento que pone en segundo o tercer plano las creencias personales cuando se encuentra en grupo. Eso quiere decir, simplemente, que cuando los valores éticos están asentados sólidamente, ningún grupo ni ninguna competición pueden hacer que alguien se comporte como no quiere. Y si lo hace es porque, en realidad, es un valor “adoptado”, no interiorizado. Ahí queda eso.

Fuente: MIT

Imagen: Wikimedia Commons. De dominio público.

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