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El banco de inversiones quiere que Google borre un email enviado por error a un buzón de Gmail

Goldman Sachs, Gmail y los correos enviados por error

Es viernes, hace calor y sólo faltan un par de horas para que llegue la hora de salir. Una mezcla de cansancio acumulado toda la semana y las ganas de cruzar la puerta de la oficina con rumbo al fin de semana hace que funciones con el piloto automático, casi sin pensar lo que haces. Revisar unos documentos, enviar unos correos, actualizar el calendario para la semana que viene… todo va bien hasta que, de repente, te asalta una desagradable sensación que se resume en «Has hecho algo mal». Tu inconsciente te hace revisar todo lo que has hecho los últimos diez minutos y al comprobar la bandeja de correos enviados descubres la razón de ser de ese resquemor: has enviado un email a un destinatario incorrecto. Ya sea un mensaje con datos confidenciales a un amigo de la competencia o un mensaje en el que pones verde a tu jefe… y que le has enviado a el mismo. Tras pasar por las fases de incredulidad, enfado, decepción y temor, y llegado el momento de aceptar la realidad, es cuando comienzas a tomar la medidas necesarias para solucionar, en la medida de lo posible, los problemas que se puedan haber producido por tu error. Claro, que también aquí hay diferencias, ya que si eres empleado de uno de los mayores bancos de inversiones del mundo y, por error, uno de tus empleados envía un email con información confidencial sobre tus clientes, probablemente tu empresa se moverá en defensa de sus intereses (aunque parte de dicho movimiento termine contigo en la cola del paro). Tal es el caso de Goldman Sachs, que prentende que Gmail borre un email enviado por error a uno de sus buzones.

Según la información hecha pública por el grupo inversor, se contrató recientemente a una empresa externa para que pusiera a prueba ciertos cambios introducidos recientemente y que afectan a los procesos internos del banco, así como el modo en que se transmite la información al regulador financiero de Estados Unidos (Financial Industry Regulatory Authority). El problema surgió cuando, el 23 de junio, un empleado de dicha contrata, que debía enviar un email a una cuenta de correo de la entidad (cuyo dominio es gs.com), se confundió y lo remitió a la misma dirección, pero del dominio gmail.com, que no está relacionada de ninguna manera con la cuenta correcta. Y según Goldman Sachs , la filtración del contenido de ese mensaje supondría una «Needless and massive breach of privacy», es decir, una masiva e innecesaria pérdida de privacidad (para la entidad y sus clientes, se entiende).

Una vez comprobado el error, Goldman Sachs se puso en contacto urgentemente con Google cuyo equipo de gestión de incidencias comunicó al grupo que habían bloqueado el acceso al email a su destinatario, y que en el tiempo transcurrido entre el envío erróneo y su bloqueo nadie había llegado a acceder al mismo, por lo que la información no se habría visto comprometida. Sin embargo Goldman va más allá y ha pedido a Google la eliminación del archivo del buzón de su (incorrecto) destinatario, a lo que Google ha respondido que no puede hacerlo sin una orden judicial.

Por una parte, Goldman Sasch alerta de lo peligroso e innecesario que es el riesgo de que ese archivo esté «ahí». Pese a no haber informado de nada relacionado con su contenido, sí que definen al mismo como highly confidential brokerage account information. Y, por contra, afirman que a Google no le cuesta nada borrar el mensaje «By contrast, Google faces little more than the minor inconvenience of intercepting a single email – an email that was indisputably sent in error». Y, por otra parte, pese a las declaraciones de Andrea Raphael, relaciones públicas de Goldman Sachs, de las que te hablábamos antes y según las cuales nadie habría podido acceder al contenido del fichero, el banco de inversiones no lo ve tan claro y pide a Google ayuda para chequear quién ha podido acceder al contenido del mismo.

Una discusión que nació casi al tiempo que el correo electrónico es ¿qué pasa con la «propiedad» de un mensaje una vez que es enviado? ¿Sigue perteneciendo al remitente o, por el contrario, pasa a ser «propiedad» del receptor? ¿Y qué papel puede jugar en ese proceso el transmisor? Si mantenemos la analogía entre el correo electrónico y el postal, ¿puede un remitente que ha enviado una carta por error pedirle a Correos que la intercepte, no se la entregue a su destinatario y, además, la destruya? Seguramente las consecuencias de la filtración de una comunicación de ese tipo tengan unas consecuencias bastante nefastas, tanto para Goldman Sachs como, eventualmente, para aquellos clientes cuya información pueda quedar expuesta. Sin embargo, y en espera de ver cómo se desarrollan los acontecimientos, parece que la postura de Google es la más sensata, no ya por este archivo en concreto, sino porque el borrado de un email a petición de una empresa podría sentar un peligrosísimo precedente, cuyas consecuencias pueden resultar preocupantes para cualquier usuario de este tipo de servicios (me niego a que alguien pueda borrar correos de mi buzón una vez que me los ha enviado), pero más aún para Gmail, cuya imagen se vería terriblemente empañada por haber cedido a los intereses de una gran empresa frente a los de sus usuarios, en vez de dejar que sea la justicia quien decida.

 

Imagen: Stefan-Xp

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