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Kurt J. Mac lleva más de tres años avanzando en línea recta, en los que ha recorrido más de 700 kilómetros

Hasta el fin del mundo en Minecraft

Imagina un día después de dedicar las horas necesarias a estudiar o trabajar, preocuparte de tus obligaciones, no descuidar a tu familia, amigos, seres queridos, mascotas, contactos de Facebook, etcétera, es decir, cuando realmente puedes relajarte y dedicar un ratito al ocio. ¿Ya estás en situación? Bien, pues el menú de ocio para hoy es jugar un ratito a Minecraft, sólo que en vez de seguir con alguna de tus partidas, decides iniciar una nueva. Y, cuando acabas de aterrizar en ese nuevo mundo, en ese lienzo por pintar, en vez de seguir la estrategia de otras ocasiones, decides que quieres explorar el mundo. Tu mundo. En Minecraft, debido al sistema empleado por el propio juego para generar los mundos a partir de ciertas fórmulas matemáticas, es altamente improbable que se generen dos mundos idénticos. Así que, por mucho que puedas haber visto o leído, decides que quieres conocer bien el tuyo. Así que, tomando las medidas necesarias para que no sea un suicidio, te pertrechas de lo necesario y comienzas a seguir una dirección. Tras un rato jugando, creas un minúsculo refugio, lo justo para sobrevivir a la amenaza de las malvadas criaturas de la noche de Minecraft, y a otra cosa. Quizá el día siguiente, o puede que pasados algunos entre medias, retomas la partida donde la dejaste, sales del refugio y retomas tu ruta. Y así día tras día, semana tras semana, mes tras mes… y año tras año. Hasta que, cuando quieres darte cuenta, llevas más de tres años buscando el fin del mundo en Minecraft. Y parece que todavía tardarás bastante tiempo en encontrarlo.

Este es el sorprendente viaje que inició Kurt J. Mac hace ya más de tres años, el 28 de marzo de 2011, y en el que hasta el momento ha conseguido recorrer algo más de 700 kilómetros. Puede parecer mucho, especialmente si tenemos en cuenta las dimensiones de los mundos de Minecraft, pero en realidad su viaje no ha hecho más que empezar: según cálculos realizados por el protagonista de esta aventura, basados a su vez en datos del creador del juego, todavía tendrán que pasar 22 años (con una dedicación de 180 horas anuales, aproximadamente media hora al día) hasta llegar su propio finis terrae. En realidad, desde hace ya algunas versiones, los mundos de Minecraft son infinitos… en teoría. Las fórmulas matemáticas que comentábamos anteriormente no son perfectas, aunque su autor las ha ido mejorando versión a versión. Y en varias versiones, un problema es que, a medida que el jugador se va alejando del centro absoluto del mapa, se incrementan las posibilidades de errores en el mapa. Esto, para el 99% de los jugadores es, sencillamente, imperceptible, ya que nunca llegarán a alejarse tanto del centro como para empezar a percibirlo. SIn embargo, a partir de cierto punto (terriblemente lejano, eso sí), los fallos en el mapa comienzan a producirse y, a partir de un umbral concreto, llegan a ser tantos que, de facto, hacen imposible continuar en esa dirección.

Y ese, el lugar en el que se acaba el mundo, es el destino del viaje de Mac que, pertrechado de unas gafas para ver 3D anaglifo (ya sabes, esas en las que un cristal es rojo y el otro azul), acompañado de su fiel mascota Wolfie, un lobo que también tiene sus gafas 3D, y con cuantos objetos logra recopilar, pretende llegar dentro de algunos años. Y, ¿qué obtiene por el camino? Los mapas de Minecraft tiene, lógicamente, un sistema de coordenadas, gracias al cual Mac puede saber su posición actual y, en conjunto con las coordenadas de su punto de partida, calcular la distancia recorrida. Sin embargo, sólo accede a dicha información cada vez que se cumple unos determinados objetivos, relacionados todos con donativos a Child’s Play Charity, una entidad benéfica que busca mejorar las condiciones de niños ingresados en hospitales, al igual que hace la Fundación Aladina en España. Sí, ha convertido la curiosidad de sus seguidores, que ya se cuentan por cientos de miles, por conocer la distancia recorrida en el viaje, en una importante mejora en las condiciones del día a día de pequeños hospitalizados. De momento ya ha logrado más de 250.000 dólares en donativos, y su viaje no ha hecho más que empezar.

La partida-viaje es en el modo de supervivencia, no en el creativo, y uno de los compromisos de Mac es no emplear trucos de ningún tipo. Y, para que todo el mundo pueda compartir con él su aventura, graba cada sesión de juego y, al terminar, las publica en su canal de YouTube, donde es posible encontrar todos y cada uno de los pasos que ha dado a lo largo de estos tres años, así como verificar que, efectivamente, no ha realizado ni una sola trampa en todo este tiempo. Una muestra más de que, como ya te comentamos hace algún tiempo, Minecraft es mucho más que un juego. Es, en realidad, un lienzo en el que tienen cabida muchas cosas, desde jugar hasta emplearlo como escenario de una película. ¿El límite? La imaginación y los píxeles.

 

Imagen: Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos

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