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Si les engañas una vez será la última

No hay polígrafo que valga. Los bebés saben si eres de fiar

Puede que en el futuro las películas dejen de mostrar esas inquietantes escenas de sospechosos ante el polígrafo, para sustituir cables y electrodos por las ternuras babosillas de un bebé. Según investigadores del Centro de Desarrollo Cerebral y Cognitivo de Birkbeck, en Londres, los bebés pueden “decir” si alguien es de confianza o no.

En principio hay que reconocer que es bastante difícil saber lo que piensa un bebé, entre otras cosas porque aún están desarrollando sus capacidades lingüísticas y, porque aunque sepan balbucear algo, su código de traducción y comprensión de conceptos no está aún al nivel de una persona algo más madura. Así es que la única forma que tenían los investigadores de interpretar los pensamientos de los bebés era por el seguimiento de sus miradas, lo que permite ver dónde ponen los ojos y por cuánto tiempo. Según las observaciones que han podido realizar por este método, una de las conclusiones es que los niños confían en las personas según su experiencia previa con ellas.

En el primer experimento trabajaron con 24 bebés de 8 meses de edad. Les pusieron a mirar una pantalla donde aparecían, alternativamente, dos figuras femeninas que llamaban la atención de los niños señalándoles que miraran una parte de la pantalla. Cuando una de ellas les decía: “¡Ey, mira!”, en la caja que estaba mirando aparecía, con su correspondiente sonido, un perrito, una rana, un pez o un pájaro. Sin embargo, cuando la otra imagen les llamaba la atención mirando hacia una caja, resultaba que el animalito aparecía en otra.

Cuando la cara no es fiable, el bebé no confía en ella como fuente de información y busca entre todas las posibilidades sin fiarse de la indicada por la cara.

En un segundo experimento sustituyeron las caras por flechas de colores. Curiosamente, aunque distinguían cuál era la flecha fiable, con cualquiera de los dos colores de flecha el bebé seguía buscando otras opciones. Según los investigadores, es posible que la experiencia de los bebés sea más amplia con las personas que con las flechas, por lo que vinculan estas muestras de confianza o desconfianza con el desarrollo de las estructuras sociales de los niños.

Como adenda, no estaría mal que los científicos tratasen de desarrollar este experimento con gatos. No es por nada, pero la gata de una amiga no tragó a su novio desde el primer momento en que lo vio entrar por la puerta y hasta el día que se largó de la casa… cuando ella lo echó por infiel. Puede que los gatos sean realmente los mejores detectores de mentiras del mundo. O de indeseables.

Imagen: Wikimedia Commons. Autor: Phillip Capper

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