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El Congreso reúne los avances en robótica humanoide más importantes del momento

Humanoids 2014 Madrid: una mirada al futuro, ahora

Estamos en la inauguración del HUMANOIDS 2014, un congreso que reúne anualmente a los investigadores y desarrolladores más importantes del mundo de la robótica humanoide. En realidad, la única diferencia entre un robot y un humanoide es que este último trata de mostrar un aspecto semejante al humano. La Thermomix, por ejemplo, es un robot, pero no tiene aspecto de persona. Como decía, se ha inaugurado el evento, como siempre arropado por todo tipo de personalidades, el cebo que todavía se le pone a la prensa para que acuda a cubrir algunos eventos. En este caso era Ignacio González, que piensa que hacerse la foto en un evento de este tipo es apoyar a la ciencia y a la investigación. Pero menos da una piedra. Pero volvamos a lo que de verdad importa. El evento de este año, que se ha celebrado en Madrid, centra su foco en la interacción de las máquinas con los seres humanos.

Una vez que las personalidades han dado el paseíllo de rigor seguidos por todas las cámaras y lameculos del mundo, ha sido verdaderamente posible acercarse a los 17 workshops presentes a contemplar qué es lo que el mundo de la robótica está desarrollando en estos momentos. Las corbatas han desaparecido y cientos de estudiantes y jóvenes desarrolladores pasean sus trabajos por todos los rincones de la gran sala del hotel Melia Castilla. Los robots caminan entre nosotros (literalmente) y algún que otro mini dron sobrevuela nuestras cabezas. Al lado, en una gran sala, se van a desarrollar, a lo largo de los dos días que dura el encuentro, 173 ponencias científicas. Algunos de los investigadores más prestigiosos del mundo en este campo se encuentran aquí: Masayuki Inaba (Universidad de Tokyo), Alin Albu-Schäffer (Departamnento de robótica del DLR de Alemania) y Jerry Pratt (Instituto IHMC de Pensacola).

Robot

El principal objetivo de estas máquinas es servir como asistentes de los humanos, claro que esa asistencia puede ser muy diversa. Uno de los humanoides que más interés despierta es el Reem-C. Casi de tamaño natural, este robot es, simplemente espectacular. Se mueve con parsimonia y, mientras hace su demostración, forma un corro de gente a su alrededor. Su función principal hasta el momento: hacer de guía de museo, o quizá como en Japón, atender a los turistas que preguntan por el sushi bar típico más cercano.

robots pequeños

Máquinas de ayuda

Con bastante menos expectación, pero mucho más interesante, está la exposición del CAR (Centre for Automation and Robotics, un centro mixto de la UPM y el CSIC que trabaja en telemanipulación y en algo tan maravilloso como los exoesqueletos tanto para ayudar a la rehabilitación como para suplir la falta de movilidad en personas con discapacidad. Lo que se puede ver en su stand es un modelo háptico para teleoperaciones. En un extremo de este dispositivo se encuentra la mano robótica, con una serie de sensores en los extremos de sus “dedos”. En el otro lado está la mano del operador, sujeta por unas pequeñas correas al mecanismo háptico. La mano humana es la que maneja la robótica con sus movimientos, pero lo que la mano mecánica “siente” es percibido por la mano humana gracias a que reproduce la presión y la fuerza que ejerce la mano mecánica sobre los objetos. Sólo el modelo que nos muestran tiene nueve motores; el precio de cada uno es de unos 400 euros, y sin contar con el ordenador necesario para controlar eficientemente el sistema y el resto de elementos, se puede decir que uno de estos brazos robóticos sale muy caro.

Según nos explican en el stand, cuanto se comienza a desarrollar el prototipo siempre sale todo mucho más caro, porque es imprescindible que la precisión de los mecanismos y de la electrónica sea la mejor posible. Si no no es posible probar de qué es capaz realmente. Luego, cuando comienza el desarrollo, es cuando se busca abaratar costes. Una de las tecnologías que permite este grado algo más “low cost” es, por ejemplo, la impresión 3D, ya que hay numerosas piezas (si bien no todas, evidentemente) que pueden fabricarse por este medio. El resultado final de una de estas manos es la posibilidad de que un cirujano estadounidense opere a distancia a una mujer en África, o que se puedan realizar operaciones delicadas en el manejo de sustancias nucleares o tóxicas, o para realizar maniobras de reparación en el espacio. En definitiva, para vencer la distancia en situaciones de alto riesgo.

Mano robótica

Para que esto sea posible hay que contar con un nuevo elemento, ya que no es posible usar la red convencional de Internet. La delicadeza de algunas de estas operaciones hace que el lazo de comunicación deba cerrarse muy rápido entre ambos extremos de los dispositivos (mano mecánica y mano humana). De lo contrario se ve comprometida la eficiencia de cualquier operación. En estos casos lo que se tiene que hacer, usando la misma red de Internet, es habilitar una canal aparte, aislada y sin interferencias de ningún tipo.

El otro proyecto en el que también trabaja CAR en su centro de Arganda, es en los exoesqueletos para niños, tanto para rehabilitación como para suplir el movimiento. La mecánica en ambos casos es parecida, pero con algunas diferencias. En el caso de los destinados a la rehabilitación, el mecanismo es algo más flexible, puesto que lo que tiene que hacer es detectar que se quiere mover una pierna o un brazo, y acompañar el movimiento iniciado por la persona. Por eso, los sensores que tiene están enfocados a detectar esos movimientos humanos. En el caso de los exoesqueletos para suplir una invalidez, los sensores se enfocan en mantener la estabilidad, de manera que cuando la persona ordene: “anda”, y la máquina se ponga en movimiento gestionando el movimiento de los miembros paralizados, mantenga la posición erguida y no se caiga.

En otros de los stands se van mostrando otras muchas posibilidades de cara al futuro: asistentes para personas mayores, pequeños juguetes para niños, sensores, máquinas que interaccionan con la voz humana, responden y se mueven, cogen una pelota si se la pones delante y muestran cara de frustración si no consiguen asirla a la primera. Frente a algunos de estos ingenios, el ciego Borges rememoraría su poema al Gólem. Los dioses contemplando su creación y los hombre admirando la suya, aún con pasos de bebé, pero cada vez más próxima a ocupar espacios, a sustituirnos en lo que no podemos alcanzar. Y es gente como González la que tiene en sus manos hacer o no hacer posible parte de este futuro. No, él no tiene que sentarse en un laboratorio a pensar, no tiene que crear circuitos ni elaborar ecuaciones. Sólo tiene que tomar decisiones, y velar porque esas decisiones sean de las que benefician a todos, no a unos pocos.

 

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