" />
ZOOM
GALERÍA
0 COMENTARIOS

Las peleas a puñetazos en la cara habrían contribuido a la evolución de nuestro aspecto

Evolución a puñetazos

Los caminos de la ciencia son inescrutables, que diría el ácrata (y un poco provocador) científico, al tiempo que trabaja en desgranar la realidad que nos rodea, con el único y loable fin de encontrarle explicación a todo. Y puede parecer un exceso, pero es que hasta el más mínimo, nimio, minúsculo detalle, puede tener una importancia crítica tanto en la relación pasado-presente (lo que nos permite averiguar de dónde venimos), como en la relación presente-futuro, con la que intentar determinar cuáles serán las consecuencias de nuestros actos en un futuro. Esto implica, desde medir e intentar proyectar los efectos de las emisiones de gases a la atmósfera o la acumulación de objetos en órbitas geoestacionarias, hasta averiguar la importancia de que el ser humano esté cerca de averiguar, finalmente, todas las propiedades del Aloe Vera. La ciencia se interesa por todo, busca relaciones causales en todo y, las cosas como son, gracias a eso consigue dar respuesta a cada vez más preguntas, aunque algunas puedan resultar un tanto sorprendentes. El último caso, el que nos ocupa, es el trabajo de dos investigadores de la Universidad de Utah, que piensan que las peleas a puñetazos contribuyeron a la evolución del rostro humano.

Hasta ahora, la teoría con mayor calado sobre el aspecto actual de nuestro rostro, y la importancia de la mandíbula en el mismo, afirmaba que se debía a la necesidad de masticar alimentos muy duros (frutos secos, principalmente) para alimentarse. Sin embargo, en el estudio publicado el pasado lunes por estos investigadores en Biological Reviews, se plantea teoría de que la distribución morfológica de los distintos elementos del rostro humano se vio forzada a evolucionar, hace millones de años, con el fin de evitar o, al menos, reducir, los daños potenciales que se podían sufrir a consecuencia de las peleas a puñetazos entre machos-hombres. La principal razón para llegar a esta conclusión es, según David Carrier, uno de los investigadores, que al valorar la evolución experimentada por en el rostro de los antecesores del homo-sapiens, que, dado que la cara ha sido siempre uno de los principales objetivos en las peleas entre dos personas, los huesos de la misma que experimentan el mayor número de roturas durante peleas a puñetazo limpio, son precisamente los que muestran un mayor crecimiento en resistencia (básicamente por robustez) al analizar su evolución en el Australopithecus. Es decir, que durante los dos millones de años de su existencia, sus rostros (y lo que se ocultaba tras ellos) experimentaron un rápido proceso de adaptación a las peleas a puñetazos en la cara, una forma más evolucionada de combate que las existentes hasta el momento.

Otro aspecto importante que apuntala esta teoría es que dichas peleas sólo se producían entre hombres, no entre mujeres, cuyos rostros… efectivamente, no experimentaron dichos cambios, pese a que también tenían que masticar alimentos muy duros, lo que invalida en cierto grado la teoría anterior. Como reseñan los investigadores, tanto en humanos como en otros homínidos, los machos tienden a ser mucho más violentos que las hembras, razón que explicaría algunas de las diferencias entre los rostros de mujeres y hombres.

 

Fuente: Reuters

No comments yet.

Deja un comentario