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Este proyecto logra multiplicar por 20 su objetivo de financiación en su primer día de campaña

Impresora 3D Micro, otro record en Kickstarter

Esto está empezando a convertirse en una tradición. Y es que, cada poco tiempo, un nuevo proyecto lanzado en Kickstarter pulveriza los records obtenido pocas semanas atrás por otro que, en su momento, ya resultó impresionante. Y cada vez es más difícil, puesto que algunos resultados son sorprendentes, y dejan claro que el futuro de la financiación de muchos proyectos está en el crowdfunding, y que aunque existan otras plataformas, Kickstarter es, a día de hoy, la más destacable. Y si no, que se lo digan a los creadores de Micro, una impresora 3D que ha conseguido 50.000 dólares en once minutos. Ese era su objetivo de financiación, para el que contaban con un mes. Sin embargo, les han sobrado 29 días, 23 horas y 49 minutos. ¿Y qué va a pasar durante el tiempo restante? Pues cabe suponer que el interés se moderará un poco, pero de momento eso es sólo una teoría. ¿Por qué? Pues porque durante su primer día, antes de llegar a las 24 horas, ya ha superado el millón de dólares, y gran parte de los modelos puestos a la venta (y especialmente los “early bird”) han volado.

No te preocupes, si estás interesado en hacerte con una, no te importa pagar 299 dólares (más gastos de envío, que no se indican por ninguna parte) aranceles y demás, y además a esperar hasta febrero del año que viene para recibirla, aún quedan algo más de 2.100 unidades. Pero tampoco te lo tomes con mucha calma: en los diez minutos que han pasado desde que empecé a escribir esta noticia, ya se han vendido otras 25 unidades. Y, una vez que se agoten, ya sólo quedarán disponibles los “packs” especiales, con los que no sólo te llevas la impresora, sino también fungibles, tu nombre grabado con láser en la máquina y, en los packs más caros, hasta la posibilidad de visitar al equipo de diseño, o probar algún prototipo. Claro, que en este punto ya hablamos de hasta 10.000 dólares (los dos ofertados todavía están disponibles).

La impresora es, sin duda, muy atractiva. Con un diseño cúbico y un tamaño de 185 mm en cada una de sus caras, pesa alrededor de un kilo y, a través de su conexión USB, es posible conectarla a sistemas Windows, MacOS X y Linux. En las imágenes parece un producto muy manejable y, gracias a su tamaño, no debería ser un problema guardarla cuando no la vayas a emplear. Es, según sus creadores y algunos críticos que ya han hablado de ello, el modelo más doméstico de impresora 3D existente hasta la fecha.

Y, más allá de la impresora en sí, esta es una prueba más (y ya van unas cuantas) de que los sistemas de crowdfunding son una alternativa más que eficiente a las vías tradicionales de financiación. Evidentemente no ocurre lo mismo en un lado del Atlántico que en el otro, pero sí que es cierto que los sistemas de crowd (funding, sourcing, etcétera) han sido una respuesta social a una carencia. Es cuanto menos gracioso ver que, lo que empezó siendo un “plan z” para aquellos que no conseguían financiación por los conductos habituales, ahora ya sea un rival a tener muy en cuenta por los mismos. Conseguir en menos de 24 horas un millón de dólares y vender más de 3.000 unidades de un producto que, a nivel masivo, no estará en el mercado hasta dentro de cerca de un año es, sin duda, señal de un cambio.

No obstante, las plataformas deben ser muy cuidadosas con los proyectos a los que dan cabida. Y es que, a medida que el dinero de muchos clientes interesados y pequeños inversores se mueve hacia estas plataformas, también lo hacen los “malvados”. Y, aunque hay sistemas con los que, en principio, se valoran los proyectos antes de aceptarlos, la picaresca es capaz de encontrar sistemas para saltarse muchos filtros.

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