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Eugene, un sistema de IA desarrollado por investigadores rusos y ucranianos, consigue convencer de que es humano

Inteligencia artificial, inteligencia artificiosa

Un adolescente está ocupando espacio en los grandes y pequeños medios de comunicación, tanto generalistas como de tecnología. Se llama Eugene Goostman (su web está actualmente fuera de servicio, suponemos que debido a la popularidad que ha alcanzado repentinamente), tiene 13 años y, aunque nacido en San Petersburgo es natural de Odesa, Ucrania. Sus padres son Vladimir Veselov, Sergey Ulasen y Eugene Demchenko y, pese a tratarse de de tres varones, no vamos a hablar de un avance biológico revolucionario. Veselov, Ulasen y Demchenko son los programadores de este sistema de inteligencia artificial que acaba de superar, por primera vez en la historia, el test de Turing.

El test de Turing fue diseñado por el matemático y padre de la informática que le da nombre, Alan Turing. Es el primero diseñado para determinar si una máquina es o no inteligente. Si un interlocutor humano puede hablar (o escribirse) con una máquina sin ser capaz de distinguir si su interlocutor es un humano real o no, entonces la máquina ha demostrado su inteligencia. En 1950, cuando se publicó, la simple idea de que un ordenador pudiese dar una sola respuesta coherente más allá de un saludo era impensable. La capacidad de hacerse pasar por humano era una prueba de inteligencia casi irrefutable.

La predicción de Turing es que hacia el año 2000 habría sistemas lo bastante listos como para engañar al 30% de sujetos expuestos a una conversación de cinco minutos. Sólo se equivocó por 14 años, aunque Eugene Goostman estuvo a punto de superarlo el año pasado: un 29% de los sujetos que interactuaron con el joven Eugene decidieron que se trataba de una persona real.

Los organizadores de la prueba en la Universidad de Reading aclaran que es la primera vez que se supera el test, ya que otras experiencias en las que el tema estaba definido previamente no se consideran test de Turing, ya que en este tipo de test la conversación no debe estar orientada previamente. Entre los factores que han contribuido al éxito de Eugene, uno que ha resultado muy conveniente: la supuesta edad del adolescente permite que carezca de información de numerosos temas, sin tratarse de un completo ignorante.

El hito tiene su interés, pero era algo esperable. No es una revolución en el desarrollo de la inteligencia artificial, sino un buen trabajo por parte de los creadores de este bot. Sin embargo, para muchos expertos el test de Turing no es la prueba definitiva de que avancemos hacia una inteligencia artificial real.

Una de las críticas al test de Turing es que se trata de un test antropocéntrico

Lo primero que hay que destacar es que se trata de un test antropocéntrico que persigue una inteligencia similar a la humana. No se trata de valorar si la máquina es capaz de pensar, sino de si es capaz de hacerlo (o de aparentar que lo hace) como un humano. El HAL-9000 de 2001, una odisea del espacio o el superordenador militar de Juegos de Guerra son capaces de mantener conversaciones, pero si no lo fuesen no pasaría nada. Su inteligencia nos impresionó porque son capaces de tomar decisiones, en ocasiones con más sentido que las decisiones humanas. Se comunican hablando para que los pobres primates que las han creado sean capaces de interactuar con ellas, nada más.

Por otra parte, estos tests tienen un problema añadido. No miden el pensamiento real, sino la apariencia de que este se ha producido a partir del resultado. Igual que un estudiante que memoriza los problemas tipo para un examen de física y logra aprobar el examen porque, una vez identificado el modelo del que se trata, basta con cambiar unas cifras por otras y rehacer los cálculos. Así funciona la habitación china, que tiene nombre de grupo de pop, pero se trata de un experimento diseñado por John Searle en el que una persona, perfectamente ignorante del lenguaje chino, posee un manual de reglas para responder a determinados ideogramas en ese idioma. La persona, encerrada en su habitación, sería capaz de responder a textos en chino con textos correctamente formados… pero sin entender una sola palabra, ni siquiera el tema sobre el que trata la conversación.

Inteligencia artificial fuerte y débil

La habitación china es también un experimento controvertido. Los detractores aseguran que, aunque la persona dentro de la habitación no entiende la conversación, el sistema al completo sí que lo hace porque se comporta de forma coherente en su conjunto. Del mismo modo que un conjunto de neuronas no alcanzan el grado de comprensión de una mente completa. Precisamente este experimento sirve para separar las teorías sobre la inteligencia artificial en dos grandes bloques: la IA fuerte, en la que la máquina es capaz de comprender e incluso de desarrollar otros elementos cognitivos tales como sentimientos o consciencia, y la IA débil, que está aplicada a una tarea concreta, sea esta elegir los clientes a los que interesa hacer una oferta especial o competir con los grandes maestros del ajedrez, como Deep Blue de IBM, famoso por derrotar en 1996 al entonces campeón mundial, Gary Kasparov.

Otro hecho que hace que el test de Turing sea un paso necesario, pero no suficiente, para considerar que una máquina ha alcanzado un grado de inteligencia es la propia definición de inteligencia. En los años 50, la capacidad para resolver problemas estaban orientados hacia la capacidad para resolver problemas simbólicos, lingüísticos, etc. Los test de inteligencia clásicos no sólo están diseñados para humanos, sino que también dejan fuera algunos aspectos tales como la inteligencia emocional. En Blade Runner, la prueba Voight-Kampff, basada en el test de Turing, permite distinguir a los replicantes de los humanos por la ausencia de empatía de los primeros.

Por eso, aunque resulta llamativo que el joven Eugene haya sido el primero en engañar a más de un 30% de sus interrogadores, se trata de un pequeño avance en el campo de la inteligencia artificial. De esos que aparecen en el calendario sólo como consecución de un largo proceso. En los últimos 65 años ha evolucionado la filosofía que existe tras la inteligencia artificial, las posibilidades de la tecnología e incluso la propia definición de lo que es la inteligencia en el ser humano. Hoy estamos solo un día más cerca de que las máquinas creadas por el ser humano piensen por sí mismas.

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