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La UE pide a las operadoras medidas de control contra las webs que fomenten la violencia y el odio

Internet, un frente más en la guerra contra el terrorismo

En un mundo con Internet, la censura sólo sirve para aplazar y magnificar la explosión. Si lo que buscaban los terroristas era castigar la difusión de caricaturas con la imagen del profeta, la masacre de Charlie Hebdo ha causado una expansión masiva de lo que se pretendía evitar. El Efecto Streisand debería tenerse más en cuenta como «daño colateral». Las imágenes origen de esto ahora circulan por todo el mundo. Si alguien era ajeno a ellas, ahora las ha visto, y no una sino decenas de veces… en periódicos, webs de noticias, mensajes de Whatsapp y redes sociales. No hay duda de que Internet es un campo de batalla donde los distintos bandos afilan y ensayan sus armas. Quien controle Internet tendrá en su mano una carta ganadora.

La red de redes es un canal de circulación para todo tipo de ideas, y las extremistas no son ajenas a todo el potencial que supone poder llegar a todos los rincones del mundo. Internet también sirve como medio de reclutamiento y propaganda yijadista, por lo que los ministros de interior de la UE han acordado una serie de medidas para detectar y neutralizar los contenidos que promuevan la violencia y el odio y hagan apología del terrorismo. Se trata de cortar el medio que tienen las organizaciones terroristas de difundir sus mensajes y captar adeptos a la causa. Está bien que así sea, pero también lo estaría que Europa se examinase a sí misma para identificar su parte de responsabilidad en el auge del yijadismo entre los hijos y nietos de los inmigrantes, gente que como señala acertadamente El Confidencial, han pasado por el sistema educativo europeo por lo que, en realidad, no importamos terroristas islámicos, «los exportamos», es nuestro sistema el que los genera. ¿Somos capaces de responder el porqué? No estaría mal que aprendiésemos de nuestra propia historia. Parece que olvidamos que nuestra Iglesia fue, durante siglos, el máximo exponente del radicalismo ciego más sangriento contra la herejía, y la causa de ello la triste ignorancia que sumerge las conciencias en el miedo y el oscurantismo. Al menos entenderíamos cómo hemos llegado a esto y cómo se puede salir. De nuevo dos lecturas de El Confidencial ilustran el desconocimiento de occidentales y musulmanes sobre su propia cultura.

El caso es que los gobiernos europeos (incluido el de España) junto con el fiscal general de EE.UU. pedirán a las operadoras que cooperen en la lucha contra el proselitismo terrorista y violento, de manera que ayuden a identificar y retirar los contenido. Pero también se quiere imputar a las personas que consulten este tipo de páginas, algo que ya anunció el Gobierno del PP a finales del pasado año siguiendo el mismo patrón que existe en EE.UU. donde visitar varias veces este tipo de páginas es considerado delito. En realidad eso de pedir la colaboración de las operadoras en un eufemismo para decir que pretenden obligarlas a impedir el acceso a este tipo de páginas.

No es la primera vez que un gobierno quiere forzar a las operadoras a vigilar a sus clientes y le sale rana. En 2011 el mismo Tribunal de Justicia de la Unión Europea declaró ilegal que un país obligara a un operador a vigilar las descargas. La misma Google se ha rebelado en varias ocasiones contra las peticiones de retirada de contenidos como en el caso de los portales P2P, o los vídeos que acusaban a Erdogan de corrupción. Google no es un operador (de momento), pero tiene su peso, ni tampoco Facebook, lo que no impide que los gobiernos intenten por todos los medios controlar lo que ellos mejor controlan: la información sobre quién es quién y con quién se junta. Ya lo vimos con el caso Wikileaks y la NSA. Si, como reza el dicho, «por sus actos los conoceréis», no es tarea fácil en esta batalla distinguir «buenos» de «malos». Hay cuestiones, sin embargo, en las que no caben dudas posibles, y se sobrepone la imperativa necesidad de detener a un malvado sobre cualquier consideración sobre la intimidad de las personas. Casos como este otorgan a compañías como Google o a las mismas operadoras el poder de erigirse en brazos de la Justicia.

En otro frente, los hacktivistas de Anonymous han declarado su particular cruzada contra el islamismo radical, emprendiendo por su cuenta la tarea que UE y EE.UU. desea para las operadoras. Curiosa forma de unir antagonistas. De nuevo en Internet. Los hackers «independientes» (que haberlos hailos) establecen sus blancos según sus propios objetivos, como los norcoreanos que recientemente atacaron Sony Pictures a causa de una película que parodiaba a su líder (había una noticia muy chula de El País sobre este tema pero no los enlazo para que no se cabreen).

Al final es en la calle donde caen los muertos. Es a las plazas donde la gente sale a manifestarse. Las pancartas se agitan en las avenidas y los gritos están en el aire. En Internet se mueve una lucha soterrada. Las redes que sirven para que Anonymous cierre páginas yijaditas son las mismas que los radicales usan para golpear en algunos de los puntos débiles de las sociedades occidentales: su capacidad real de integración y su deuda moral con África y Oriente. Por cada «cabeza de hidra» que se corta en Internet aparecen muchas otras, más fieras y potentes que la anterior. Sin embargo es menester que no se olvide que la raíz a cercenar no está en esta red. Internet, como decíamos, es un campo de batalla, pero sólo eso. La raíz de los conflictos, el origen del radicalismo terrorista y del capitalismo voraz  no está en el mundo digital, desde aquí sólo maneja algunos de sus hilos. El origen está como siempre en las personas que lo permiten.

One Response to Internet, un frente más en la guerra contra el terrorismo

  1. manuel olivan 13 enero, 2015 at 23:16 #

    Y si llegado un lejano día en el que internet muriera, asesinado por los unos y por los otros… ocurriría que los malos, los radicales, los de siempre, volverían a usar la vieja costumbre epistolar de los manuscritos, los mensajes a mano, las cartas timbradas.\r\n\r\nY seguro que alguien abogaría por la intervención de todas las cartas sospechosas, por el control masivo de todos los correos timbrados.\r\n\r\nY alguien, posiblemente en su sano juicio y conocedor del verdadero significado de la palabra libertad, diría:\r\n\r\n- No, nombre, eso no. Nunca.

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